En el corazón de Medio Oriente está Jordania, el tercer y último rival de Argentina en la fase de grupos del Mundial 2026; el duelo será este sábado a las 23.
El país disputa la primera Copa del Mundo en su historia. Ubicado entre Israel, Siria, Irak y Arabia Saudita, tiene 12 millones de habitantes, es una de las naciones más estratégicas y una rara excepción en una región marcada por guerras y crisis.
Estos son seis datos para conocer a Jordania.
1. Nació del reparto de Medio Oriente entre Reino Unido y Francia
La historia de la conformación de Jordania y la consolidación de sus vecinos es, sin dudas, compleja. Desde el siglo XVI estuvo bajo el dominio del Imperio Otomano; en aquel entonces la actual Jordania era una zona poco poblada, organizada principalmente alrededor de tribus beduinas, los árabes que vivían en el desierto.
La Primera Guerra Mundial marcó un punto de inflexión. En 1916, Hussein de La Meca (considerado descendiente del profeta Mahoma) lanzó la Revuelta Árabe contra los otomanos con apoyo británico, con la promesa de crear un gran Estado árabe independiente una vez terminada la guerra. Entre los líderes de la revuelta estuvieron sus hijos Faisal y Abdullah I. Pero tras la derrota otomana, las expectativas árabes chocaron con los planes de las potencias europeas. Gran Bretaña y Francia habían acordado repartirse gran parte de Medio Oriente mediante el acuerdo Sykes-Picot.
“La delimitación territorial de Jordania, al igual que sus vecinos, es resultado de decisiones diplomáticas de las potencias europeas por ejercer el tutelaje sobre Estados que respondieran a sus intereses”, sostuvo Ignacio Rullansky, doctor en Ciencias Sociales, especialista en Medio Oriente e investigador del Conicet, en diálogo con LA NACION. Así, en 1921, el actual territorio jordano, junto con el Mandato Británico de Palestina (hoy Israel, Gaza y Cis-Jordania) e Irak quedó bajo control de Reino Unido, mientras que el Líbano y Siria comenzaron a ser administrados por los franceses.

Con el respaldo imperial, en Jordania se constituyó la monarquía parlamentaria a la británica, siempre bajo el eje de Londres, sumó Rullansky. Durante las décadas siguientes, Abdullah I consolidó las instituciones del nuevo Estado, estableció relaciones con las tribus locales y desarrolló una administración central. Finalmente, el 25 de mayo de 1946, Gran Bretaña reconoció la independencia del país y Abdullah se convirtió en rey.
La monarquía hachemita (término utilizado para el linaje árabe que desciende de Mahoma) sigue gobernando el país ochenta años después de la independencia. El rey actual, Abdullah II -hijo de Abdullah I-, es el jefe de Estado y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y desempeña un papel fundamental en la orientación de las políticas públicas e instituciones.

Almahdi Alrawadieh, doctor en Historia de la Universidad de Jordania, indicó que la monarquía “ofrece un paraguas integrador para unificar distintos componentes sociales” presentes en el país. Dentro del mismo territorio llegaron a convivir circasianos, chechenos, palestinos y armenios en una Jordania que profesa el Islam. La capital, Amán, con 4 millones de habitantes, es el principal centro económico y político del Estado.
2. Un país estable en una región conflictiva
Jordania está encerrada por sus vecinos: al norte está Siria, al este Irak, al sur Arabia Saudita, y al oeste Israel y Cisjordania. Apenas tiene un pequeño acceso al mar Rojo en su extremo suroeste. Mientras buena parte de sus vecinos atravesó guerras, revoluciones o conflictos internos en las últimas décadas, el reino hachemita logró mantener una estabilidad política e institucional poco frecuente en la zona. Esa condición no significa ausencia de problemas (el país recibió sucesivas olas de refugiados palestinos, iraquíes y sirios) sino la capacidad de absorber esas crisis sin que colapsaran sus instituciones.
Para Alrawadieh, esa fortaleza descansa sobre tres pilares: “Las instituciones estatales, el papel de la dirigencia hachemita y las características de la sociedad jordana, marcada por la solidaridad y la cohesión social”. En ese esquema, añadió, las instituciones del Estado, especialmente los organismos de seguridad y la administración pública, desempeñaron un papel central en la protección del país frente a las amenazas.
Rullansky, en paralelo, coincidió en que la estabilidad jordana es una excepción en el contexto regional, aunque puso el foco en otro aspecto: la geopolítica. “Jordania se sostiene gracias a apoyos externos fuertes y a una necesidad interna y externa de que el país cumpla el rol de tapón estabilizador entre muchos países que son conflictivos”, marcó el investigador.
Ese rol estratégico hizo que tanto Estados Unidos como las monarquías del Golfo tuvieran un fuerte interés en preservar la estabilidad del país. “Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Qatar no desean inestabilidad en la región y necesitan fronteras seguras”, resumió Rullansky.
3. Alberga una de las 7 maravillas
En el sur del país, lejos de las grandes ciudades y dentro del desierto, Jordania alberga una de las siete Maravillas del Mundo Moderno, Petra, considerada el principal símbolo histórico y turístico del país. Su nombre significa piedra en griego. Se la conoce como “la ciudad de piedra”, “la roja”, “encrucijada en el desierto”, o “la joya rosa de Jordania”.
Antigua capital del Reino Nabateo (un antiguo Estado árabe que fue independiente hasta el año 106), la ciudad fue un importante centro comercial entre Arabia Saudita, Egipto y el Mediterráneo gracias a su ubicación estratégica sobre las rutas caravaneras. Excavada directamente en la roca hace más de 2000 años, hoy es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Para el historiador jordano Alrawadieh, el sitio ocupa un espacio central en la identidad nacional. En diálogo con este diario, expresó que este tipo de lugares “reflejan las numerosas civilizaciones que pasaron por la región y forman parte de la memoria colectiva”.

Ese legado histórico, explicó, es uno de los componentes del ser jordano actual, que combina “pertenencia al mundo árabe, orgullo por el patrimonio histórico del país, y valores de estabilidad, moderación y solidaridad social”.
“Petra no es simplemente un sitio arqueológico o un destino turístico de fama mundial. Representa las raíces históricas profundas de la tierra y la diversidad de civilizaciones que la habitaron. Para los jordanos, es el vínculo entre un pasado milenario y la identidad nacional contemporánea”, sumó.
4. Sufre una importante escasez de agua
La escasez de agua es uno de los principales desafíos estructurales de Jordania y una amenaza para su desarrollo. Con escasos recursos hídricos, un clima mayormente desértico y precipitaciones muy limitadas, el país figura desde hace años entre los más afectados del mundo por la falta de agua.
Según el Ministerio de Agua e Irrigación jordano, es uno de los más pobres del mundo en recursos hídricos: dispone de apenas 61 metros cúbicos de agua dulce renovable por habitante al año, una cifra muy inferior al umbral internacional de 500 metros cúbicos, lo que define la escasez absoluta de agua. Los recursos renovables alcanzan para cubrir sólo alrededor de dos tercios de la demanda total del país.
De las 12 cuencas de aguas subterráneas del país, la mayoría se explota por encima de su capacidad natural de recarga, mientras que el nivel de algunos acuíferos desciende entre dos y cinco metros por año según la ONU. Como el agua disponible no alcanza para abastecer de manera continua a toda la población, el suministro domiciliario suele realizarse de forma intermitente. Es habitual que las familias reciban agua sólo una vez por semana y la almacenen en grandes tanques ubicados en los techos de las viviendas para utilizarla durante los días siguientes.
Un informe de la BBC de 2019 titulado “¿Jordania se está quedando sin agua?” advierte que partes de Medio Oriente podrían volverse inhabitables hacia 2050 por el cambio climático y mostraba que muchas viviendas solo reciben agua unas horas por semana.
Según señaló Rullansky, Jordania depende de buenos vínculos con Israel para poder acceder a fuentes de agua. Incluso, en 2021 ambos países firmaron un acuerdo para que Tel Aviv le suministre a su vecino 100 millones de metros cúbicos por mes. Hoy no hay una solución clara a largo plazo para sostener la demanda.
5. El mansaf, el plato nacional
El mansaf es considerado el plato nacional de Jordania y uno de los símbolos más representativos de su identidad cultural. Tradicionalmente se prepara con cordero cocido en una salsa de yogur fermentado seco (jameed), acompañado de arroz y pan, y suele servirse en una gran bandeja compartida durante celebraciones familiares, bodas, festividades y reuniones comunitarias.

Alrawadieh insistió en que el mansaf trasciende lo gastronómico y constituye una expresión de los valores que caracterizan a la sociedad jordana. “Es el plato nacional por excelencia y una expresión central de hospitalidad y celebración colectiva”, afirmó.
Prácticas como servir café árabe o preparar este plato refuerzan ese sentimiento de identidad, en una sociedad donde “la generosidad y la hospitalidad están profundamente arraigadas” y son “una de las características más representativas de la identidad cultural jordana”.
6. Su primer Mundial
La clasificación al Mundial de 2026 representa el mayor logro en la historia del fútbol jordano. Después de décadas de intentos fallidos, la selección consiguió por primera vez un lugar en una Copa del Mundo tras una destacada campaña en las Eliminatorias Asiáticas.
Su mejor actuación internacional había sido la Copa Asiática de 2023, donde sorprendió al eliminar a selecciones como Irak y Corea del Sur antes de caer en la final frente a Qatar. Ese desempeño fortaleció la ilusión de alcanzar, por primera vez, la máxima cita del deporte.
La clasificación tiene además un fuerte valor simbólico para el país, que carece de una tradición futbolística comparable a la de otras potencias asiáticas. “Los jordanos consideran la clasificación de su selección al Mundial como un logro histórico que generó un profundo sentimiento de orgullo y unidad nacional. El acontecimiento reunió a la población en torno a una meta compartida y demostró que un país relativamente pequeño puede alcanzar grandes éxitos en el escenario internacional”, expresó el historiador jordano Alrawadieh.

El interés público por este acontecimiento fue, agregó Alrawadieh, enorme. “Se organizaron transmisiones masivas en distintos puntos del país, incluso en el Teatro Romano de Ammán y el Teatro Romano de Jerash. La clasificación también representa una oportunidad única para presentar el país ante millones de aficionados al fútbol de todo el mundo y dar a conocer su cultura e identidad a mayor escala”, completó.
Si bien para muchos hinchas argentinos podría ser otro rival en la fase de grupos, y pese a que ya quedó eliminado en la fase de grupos, para Jordania este Mundial ya es histórico. Después de décadas observando la Copa desde afuera, el pequeño reino finalmente tuvo su lugar en el escenario más grande del fútbol.


