Un grupo de jóvenes remonta un barrilete, mientras un hombre fuma relajado y un perro nos mira tranquilo, de frente. Francisco José de Goya y Lucientes tenía unos treinta años cuando realizó el diseño de La cometa (1778-1801), uno de los dos tapices que se exhibirán desde mañana hasta mediados de enero en el Museo Nacional de Bellas Artes. Más de una década después creó la pintura que inspiró La gallina ciega (1789-1803), en la cual una mujer con los ojos vendados intenta tocar con una cuchara a quienes la rodean formando una ronda.
Ambas escenas distan mucho del drama que transmitirían sus pinturas y grabados a fines del siglo XVIII y principios del XIX: como puede comprobarse en la sala contigua, uno de los artistas más destacados de la historia universal retrató con crudeza la guerra de la independencia española.

“El tapiz de la cometa estaba pensado para el comedor de los príncipes de Asturias y el otro para dormitorio de las infantas. Como decoraban espacios privados, la familia real quería escenas agradables y cotidianas”, explicó a LA NACION Víctor Cageao, director de las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional y de la Galería de las Colecciones Reales. Es la primera vez que este museo, inaugurado en 2023 junto al Palacio Real de Madrid, presenta en América piezas de su valioso acervo.
“Goya era entonces muy joven y ya se sabía que iba a ser un fuera de serie, pero necesitaba apoyo –agregó-. Por eso, su relación con la Casa Real fue muy importante”. Nacido hace 280 años en Fuendetodos, Zaragoza, Goya llegó a Madrid el 10 de enero de 1975, para trabajar en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. Mediante un complejo proceso artesanal realizado con hilos de lana y seda, estos últimos trasladaban sus composiciones al tejido.

“Los tapices nacen de la conjunción de varios artistas. Primero, el dibujante o el pintor hace una base, que llamamos cartón y que copia el tapicero. En general, son óleos sobre lienzo”, observó Cageao. Y recordó que durante el Renacimiento y la Edad Media, las piezas textiles se utilizaban para decorar espacios palaciegos: “La corte era en general itinerante, iba de un castillo a otro. Los tapices se podían transportar con mucha facilidad: se doblaban, se metían en los carruajes, se llevaban de una ciudad a otra, y en un tiempo muy corto servían para transformar una sala. Eso fue perdiendo su utilidad con el tiempo, porque las cortes iban siendo más estables y las decoraciones también”.

Las obras que ahora se podrán ver en Buenos Aires forman parte de siete series de cartones para tapices decorativos, destinados a los palacios de El Pardo y El Escorial, que Goya diseñó entre 1775 y 1792 como parte de un encargo oficial. Esa colaboración marcó el inicio de un estrecho vínculo entre el artista y la corte que se profundizó en 1786, cuando fue nombrado pintor del rey Carlos III.
“En la década de 1790 tiene nuevas posibilidades en el escalafón de los pintores del rey, a consecuencia de la muerte de sus cuñados Ramón y Francisco Bayeu”, señala el historiador Nigel Glendinning en el sitio web del Museo del Prado. Y recuerda que, en 1799, bajo el reinado de Carlos IV, llega a ser nombrado primer pintor de la corte.

“Si no hubiera sido por el apoyo de los reyes no hubiera vivido el arte, ni desarrollado su talento, ni hubiera sido el gran maestro que fue -opina Ana de la Cueva, la presidenta de Patrimonio Nacional-. Pensando en ese papel de mecenazgo, nos propusimos impulsar la colaboración público-privada y la relación con los mecenas”.
Así surgió un acuerdo con la Fundación Callia para crear el Consejo Internacional de Mecenas de las Colecciones Reales, que reúne a coleccionistas de varios países. “Este consejo nos permite abrirnos al mundo –agrega De la Cueva- y financiar la restauración de obras maestras como El martirio de san Mauricio, de El Greco”.

La Argentina está representada en dicho consejo por Eduardo Costantini, fundador del Malba, que cumple hoy un cuarto de siglo. El Comité Honorario de la gala con la que dicho museo celebró el jueves su aniversario incluyó a Carmen Reviriego, presidenta del Consejo Internacional de Mecenas de las Colecciones Reales y de la Fundación Callia.
En este círculo virtuoso en el que todos ganan, esta última participó además el viernes del seminario internacional organizado por el Malba. Junto a Patrizia Sandretto Re Rebaudengo, impulsora de la fundación que lleva su nombre, hablaron sobre el papel de los coleccionistas y mecenas en el impulso de las carreras de los artistas, la generación de nuevas tendencias y su influencia en el mercado y los museos.

“Es un privilegio que nuestra primera iniciativa en América Latina tenga lugar en Argentina y junto al Museo Nacional de Bellas Artes –opinó Reviriego al referirse a la muestra de Goya en este museo-. Y es también la demostración de hasta dónde puede llegar la colaboración público-privada cuando instituciones y sociedad civil comparten un mismo compromiso: conservar nuestro patrimonio, acercarlo a nuevos públicos y fortalecer, a través de la cultura, los vínculos entre España y América Latina”.
Para agendar:
Goya en Buenos Aires. Tapices de las Colecciones Reales de España, desde el 22 de septiembre hasta el 17 de enero en el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. Del Libertador 1473), con entrada gratis.



