WASHINGTON.- Siete semanas de guerra no lograron derrocar a los gobernantes teocráticos de Irán ni obligarlos a cumplir con todas las exigencias del presidente Donald Trump, pero para los adversarios y aliados de Estados Unidos, pusieron de manifiesto una de sus principales vulnerabilidades: la presión económica.
Incluso con el anuncio de Irán el viernes de que reabriría el estrecho de Ormuz al transporte marítimo, la crisis de Medio Oriente ha revelado los límites de la disposición de Trump a tolerar el sufrimiento económico interno.
El 28 de febrero, Trump se unió a Israel en sus ataques contra Irán, alegando amenazas inminentes a la seguridad, especialmente por su programa nuclear. Pero ahora, con los precios de la nafta en Estados Unidos elevados, la inflación en aumento y su índice de aprobación a la baja, Trump se apresura a lograr un acuerdo diplomático que pueda mitigar las consecuencias en su país.
Irán sufrió un duro revés militar, pero demostró que puede infligir costos económicos que Trump y sus asesores subestimaron, desatando la peor crisis energética mundial de la historia, según los analistas.
Aumento de los costos energéticos y riesgos de recesión
Trump ha restado importancia en público a menudo a las preocupaciones económicas internas derivadas de la guerra.
Pero difícilmente puede ignorar que, si bien Estados Unidos no depende de la quinta parte de los envíos mundiales de petróleo que quedaron bloqueados por el control iraní del estrecho, el aumento vertiginoso de los precios de la energía ha afectado a los consumidores estadounidenses. La advertencia del Fondo Monetario Internacional sobre el riesgo de una recesión global agrava aún más el panorama.

La presión para encontrar una salida a la impopular guerra ha aumentado a medida que los republicanos, compañeros de partido de Trump, defienden estrechas mayorías en el Congreso en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
Nada de esto pasó desapercibido para los líderes iraníes, que utilizaron su control sobre el estrecho para presionar al equipo de Trump a sentarse a la mesa de negociaciones.
Según los analistas, los rivales de Estados Unidos, China y Rusia, podrían aprender la lección: si bien Trump ha demostrado tener predilección por la fuerza militar en su segundo mandato, busca una salida diplomática tan pronto como la presión económica interna se vuelve incómoda.

“Trump está sintiendo las consecuencias económicas, que son su talón de Aquiles en esta guerra de elección”, dijo Brett Bruen, exasesor de política exterior en la administración Obama y director de la consultora estratégica Global Situation Room.
El vocero de la Casa Blanca, Kush Desai, dijo que, si bien la administración está trabajando para llegar a un acuerdo con Irán para resolver los problemas “temporales” del mercado energético, “nunca ha perdido de vista la implementación de la agenda de asequibilidad y crecimiento del presidente”.
“El presidente Trump puede hacer dos cosas a la vez”, dijo.
Sentir la presión
El abrupto cambio de estrategia de Trump el 8 de abril, pasando de los ataques aéreos a la diplomacia, se produjo tras la presión de los mercados financieros y de parte de su base de seguidores de MAGA.
Parte del impacto económico lo sufren los agricultores estadounidenses, un sector clave del electorado de Trump, debido a la interrupción de los envíos de fertilizantes, y también se refleja en el aumento de las tarifas aéreas por el incremento del precio del combustible para aviones.
Con el plazo de dos semanas de alto el fuego agotándose, queda por ver si un presidente que abraza la imprevisibilidad llegará a un acuerdo que satisfaga sus objetivos bélicos, extenderá la tregua más allá del 21 de abril o relanzará la campaña de bombardeos.

Pero los precios mundiales del petróleo cayeron drásticamente y los mercados financieros, que Trump suele considerar un barómetro de su éxito, prosperaron el viernes después de que Irán anunciara que el estrecho permanecería abierto durante el resto de una tregua de 10 días, mediada por Estados Unidos, entre Israel y el Líbano.
Trump se apresuró a declarar que el estrecho era seguro, al tiempo que promocionaba un acuerdo en proceso con Irán que, según él, se completaría pronto y en gran medida bajo sus condiciones. Sin embargo, fuentes iraníes informaron a Reuters que aún quedaban puntos por resolver.
Los expertos han advertido que, incluso si la guerra termina pronto, los daños económicos podrían tardar meses, si no años, en repararse.

Una cuestión clave es si cualquier acuerdo logrará los objetivos que Trump ha planteado, incluido el cierre del camino de Irán hacia un arma nuclear, algo que Teherán ha negado repetidamente estar buscando.
Irán posee una reserva de uranio altamente enriquecido que, según se cree, fue enterrada por los ataques estadounidenses e israelíes en junio. Trump declaró a Reuters el viernes que el acuerdo en desarrollo contempla que Estados Unidos colabore con Irán para recuperar el material y traerlo a Estados Unidos. Irán negó haber acordado una transferencia fuera de su territorio.
Un alto funcionario de la administración Trump afirmó que Estados Unidos mantenía “varias líneas rojas” en las negociaciones con Irán.
Al mismo tiempo, el llamamiento de Trump al comienzo de la guerra para que los iraníes derrocaran a su gobierno no ha sido escuchado.
Los aliados, desde Europa hasta Asia, quedaron inicialmente atónitos ante la decisión de Trump de ir a la guerra sin consultarles ni, al parecer, tener en cuenta el riesgo que supondría para ellos el cierre del estrecho por parte de Irán.
“La señal de alarma que está sonando para los aliados en este momento es cómo la guerra ha puesto de manifiesto que la administración puede actuar de forma errática, sin tener muy en cuenta las consecuencias”, dijo Gregory Poling, experto en Asia del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington.
Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, el expresidente demócrata Joe Biden se mostró cauto a la hora de imponer sanciones al sector energético de Moscú por temor a que se redujeran los suministros de petróleo y aumentaran los precios del gas en Estados Unidos.
Pero Trump, que se postuló para un segundo mandato con promesas de nafta barata y baja inflación, se ha mostrado sensible a las acusaciones de que sus políticas elevan los precios. Un ejemplo de ello fue cuando redujo los aranceles a China el año pasado después de que este país tomara represalias.
Cálculos erróneos
Así como Trump calculó mal la respuesta de Pekín en una guerra comercial, parece haber subestimado cómo Irán podría contraatacar económicamente en un conflicto armado: atacando la infraestructura energética de los estados del Golfo y bloqueando la estratégica vía marítima que los conecta.
Según han declarado en privado funcionarios estadounidenses, Trump creyó erróneamente que la guerra sería una operación limitada, similar al ataque relámpago del 3 de enero en Venezuela y a los ataques de junio contra las instalaciones nucleares de Irán.
Pero esta vez las repercusiones son de mayor alcance.
El mensaje para los aliados asiáticos como Japón, Corea del Sur y Taiwán podría ser que cabe esperar que Trump, que busca estrechar lazos con China, persiga sus objetivos regionales con menos consideración por su seguridad geopolítica y económica.
Los analistas creen que esos gobiernos se adaptarán a cualquier contingencia, como un intento chino de apoderarse de Taiwán, por temor a que se cuestione la fiabilidad de Trump.
Según los analistas, es probable que los países europeos, molestos por tener que soportar gran parte del peso económico de una guerra que nunca pidieron, estén aún más nerviosos por el compromiso de Trump de seguir ayudando a Ucrania en su guerra con Rusia.
Los Estados árabes del Golfo desean que la guerra termine pronto, pero no estarán contentos si Trump llega a un acuerdo sin garantías de seguridad para ellos.
“El fin de este conflicto no debería generar una inestabilidad continua en la región”, declaró Anwar Gargash, asesor diplomático del presidente de los Emiratos Árabes Unidos.
La mayoría de los seguidores de MAGA se han mantenido fieles a Trump a pesar de algunas voces disidentes prominentes. Sin embargo, crecen las dudas sobre si podrá ayudar a su partido a recuperar el terreno perdido, especialmente entre los votantes independientes, a tiempo para las elecciones de mitad de mandato.
“Él sabe que una parte importante del país, fuera de su base de seguidores de MAGA, e incluso algunos dentro de ella, se oponen vehementemente a lo que ha hecho”, dijo Chuck Coughlin, estratega político radicado en Arizona. “Y creo que tarde o temprano tendrá que pagar las consecuencias”.


