Como toda buena historia, la del Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires tiene un comienzo extraordinario. De una institución sin sede, que marcó un hito nacional al inaugurar una muestra itinerante a bordo de un transatlántico, a exhibir, setenta años después, obras icónicas de su acervo en las salas más prestigiosas de Europa.
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Es como si aquella aventura pionera de su primer director, Rafael Squirru, que tuvo la osada idea de colgar cuadros de más de 50 artistas argentinos, como Carlos Alonso, Antonio Berni, Raquel Forner, Juan Del Prete y Lino Enea Spilimbergo, en los pasillos del buque Yapeyú y pasearlos por veinte ciudades del mundo en 164 días, volviera a recrearse ahora, con muestras simultáneas en distintas ciudades europeas. El momento de gran proyección internacional del museo porteño llega justo para el festejo de los setenta años, que esta noche tendrá fiesta con música en vivo y baile abierto al público.
El Moderno nació hace siete décadas, más exactamente el 11 de abril de 1956, por el vigoroso impulso de Squirru, crítico de arte de LA NACION, mediante el decreto N⁰ 3527/56. Hay una frase famosa de Squirru que sale a la luz cada vez que se habla de aquella época: “Le Musée c’est moi” (“El museo soy yo”), decía por entonces el abogado de 31 años que fue nombrado director de una institución “fantasma”: no solo no tenía edificio, tampoco equipo ni colección. “Es muy loco que hoy estemos festejando los 70 años de ese decreto, de un papelito, pero fue así: todo empezó por ahí”, contó a LA NACION Jorge “Ponchi” Ponzone, el empleado con más antigüedad del museo: nada menos que 44 años.
“La idea de hacer esa muestra itinerante, más allá de la cosa excéntrica para la época y para la historia, tuvo que ver con que no había todavía una sede donde colgar. Squirru, que me contó esa anécdota y muchas otras, era un tipo con una gran visión. Enseguida empezó a armar una red de coleccionistas y galeristas para reunir obras”, agregó Ponzone, que fue jefe de prensa en una primera época y luego se integró al departamento de Patrimonio: “El cuidado, la guarda y el movimiento de la colección, que es el verdadero cuerpo del museo”, dice con orgullo en una de las salas de la planta baja del edificio de Avenida San Juan 350, que se llama justamente Yapeyú, en homenaje al barco donde empezó la gira mágica del Moderno.
“En aquella época nadie pensaba cómo afectaban a las obras el clima, la humedad, el efecto del aire marítimo, el salitre, la calefacción, conceptos para la conservación que todavía no se tenían en cuenta. Squirru no solo fue pionero, sino que fue único: lo que hizo no tiene antecedentes. La muestra en el Yapeyú fue anterior a las de la Fragata Libertad”, agrega Ponzone.
En diálogo con LA NACION, en la misma sala Yapeyú, durante la semana de festejos por el aniversario, Victoria Noorthoorn, directora del Moderno, reflexiona: “Me gusta mucho la imagen del buque Yapeyú y y la uso bastante como metáfora para un museo que debe transitar muchísimas tormentas, incertidumbres, desafíos, horizontes inimaginables en nuestro país y pensar que ese museo pudo afrontar todos esos desafíos gracias a su vitalidad”.

Noorthoorn destaca que esa “vitalidad” del Moderno se construyó “en conversación con los artistas argentinos actuantes en cada momento histórico” y que “esa, permeabilidad, esa escucha y ese diálogo constante con los artistas es la fuerza que le ha permitido a este museo mantenerse flexible, en movimiento, entender qué puede hacer y qué no puede hacer en los distintos contextos históricos”.
“Es importante entender que el museo en tanto institución se conforma en ese diálogo con la comunidad artística argentina que es constituyente a la institución. Es la gran particularidad de este museo llamado de arte moderno, ya que en el momento de la fundación, cuando se lo llamó de esa manera, ser moderno era ser contemporáneo -continúa la directora-. Entonces, es un museo de arte contemporáneo que trabaja con artistas vivos y que tiene la particularidad de responder al arte de su tiempo y de responder las grandes preguntas que se hace la humanidad a cada paso y en cada momento histórico”.
Del barco al Teatro San Martín, en la década de 1960, y tres décadas después, al edificio de la avenida San Juan, donde había funcionado una tabacalera. Pero no estamos contando aquí la historia de las sedes del Moderno sino la de su consolidación en la escena local y su proyección hacia el mundo; ya no con cuadros colgados en los pasillos de un transatlántico sino exhibidos en los museos más destacados del globo.
Como dice la directora, ese concepto de “museo en movimiento” es lo que los guía como institución “a lanzarse hacia distintos puertos del mundo”: del barrio porteño de San Telmo a, por ejemplo, Madrid para participar de la gran retrospectiva dedicada a Alfredo Greco con obras del acervo y, próximamente, a Venecia, con obras de artistas argentinos que abordan la historia reciente. Y, también, a lanzar la gira mundial de La Menesunda según Marta Minujín, una “fiel reconstrucción de la ambientación de Marta Minujín y Rubén Santantonín”, que se desplegó en un espacio de 400 metros cuadrados del primer piso del Moderno en 2015.
La gira europea de la Menesunda empezó en 2024 y se extenderá hasta el 2028: de Copenhague en 2024, este 2026 irá al Reina Sofia en noviembre; en 2027, a la Tate Liverpool, y en 2028 a Bruselas. Es una coproducción del Moderno con la Tate Liverpool (Gran Bretaña).
“El museo ha tenido a lo largo de su historia grandes momentos de diálogo internacional”, aclara Noorthoorn, directora del Moderno desde 2013. Desde trabajos en conjunto con instituciones como el British Council, el Institut Français, el Goethe Institut a grandes muestras curadas por el Moderno con obras de maestros como Pablo Picasso.
“Un hito muy importante de la internacionalización del museo fue en julio de 2018, cuando inauguramos el nuevo edificio renovado y ampliado con la exposición Historia de dos Mundos, que puso en diálogo las colecciones del Moderno y del Museo de Arte Moderno de Frankfurt (MMK)“, continúa Noorthoorn. La megamuestra se presentó primero en Frankfurt y luego vino a Buenos Aires a abrir la nueva sede ampliada, que sumó salas, un café, una tienda y recuperó un espacio especial para la biblioteca de arte.
Luego, vino la pandemia y todo se detuvo: de los viajes a los museos y todo lo demás. “Durante la pandemia, el museo se retornó altamente digital, pudimos realizar un programa importante que se llamó Museo Moderno en casa”, recuerda la directora. “Desde entonces hemos realizado muestras con ejes temáticos: en el 2022, Un día en la Tierra; en el 2023, tuvimos la posibilidad de presentar la conferencia anual del Comité Internacional de Museos de Arte Moderno (CIMAM) en Buenos Aires y recibir a 250 directores de todo el mundo que visitaron 65 espacios y tuvieron acceso a 450 artistas argentinos”.
Para Noorthoorn, “es muy difícil pensar a los artistas argentinos desvinculados del mundo porque todos los artistas contemporáneos trabajan en ese plano de diálogos internacionales, es un mundo hiperconectado, con lo cual yo creo que el arte argentino es arte internacional. Nuestros artistas tienen la calidad más alta del arte a nivel internacional; somos una escena que está siendo reconocida afuera como tal”.
Como publicó LA NACION en un artículo de Fernando García publicado en febrero de este año, el Moderno prestó al Museo Reina Sofía de Madrid obras de Alberto Greco de su acervo para la muestra Alberto Greco. Viva el arte vivo, que se despliega en ochos salas y estará abierta hasta principios de junio. “Hay que subrayar que el Moderno, todavía sin sede -escribió García- fue la primera colección en incorporar a Greco. Lo hizo en 1960 con tres de sus ‘pinturas negras’ (en las que va del óleo al asfalto) de gran formato que ahora se ven en España junto a tres fotografías”.
Ahora, la próxima parada del Moderno es Venecia: en la ciudad italiana presentará en mayo, en el marco de la bienal, una exposición colectiva en Spazio Punch con obras realizadas por artistas argentinos desde la última dictadura militar hasta la actualidad: de iconos como León Ferrari a Marta Minujín y Guillermo Kuitca con “unos dibujos sublimes donde se refleja el subtítulo de la la exposición ‘La larga sombra de la dictadura’“, completa la directora.
El espíritu de aquel viaje iniciático del Yapeyú pergeñado por Squirru con obras de maestros argentinos reaparece ahora, entre festejos y producciones para el mundo, pero siempre, como resalta Noorthoorn, “con plena conciencia de que nuestro lugar de despliegue es, con mucho orgullo, la avenida San Juan, en San Telmo”.


