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La muerte de un sobrino segundo del príncipe Alberto que estremece a Mónaco y su relación con la Argentina

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“Sus Altezas Serenísimas el Príncipe Alberto II y la Princesa Charlène recibieron con tristeza la noticia del fallecimiento de Antoine de Massy, ​​de 29 años, nieto de la Princesa Antonieta, hermana mayor del Príncipe Rainiero III”, informó el Palacio de Mónaco en un comunicado este lunes.

Antoine, primo segundo del príncipe Alberto II de Mónaco, apareció muerto en los jardines cercanos al boulevard del Larvotto, una clásica avenida costera del país. El caso es todavía un enigma que deberán resolver la policía monegasca. Los medios globales cuentan que detuvieron a una persona que podría estar vinculada con la muerte, ya que las cámaras de seguridad la mostraban cerca del lugar. Pero el Monaco-Matin expresaba la duda: “¿Caída accidental, intervención de un tercero, omisión de auxilio a una persona en peligro? Los investigadores no descartan ninguna posibilidad en esta etapa”.

El lunes, el principado de Mónaco anunció la muerte de Antoine de Massy (Foto: @antoinedemassy)

El principado destacó también en el comunicado oficial: “Apasionado del tenis, su figura formaba parte de una historia familiar estrechamente vinculada a este deporte”.

Antoine de Massy es hijo de el barón Christian de Massy, primo hermano del príncipe Alberto, quien tiene un estrecho vínculo con la Argentina: se casó con María Marta Quintana, la hija de Tita Tamames, con quien tuvo una hija, Leticia de Massy.

Vivir una gran aventura

En la página oficial del barón se cuenta: “Christian nació el 17 de enero de 1949, que en aquel entonces era el Día Nacional de Mónaco. Su abuelo fue Anthony Noghes, creador del Gran Premio de Mónaco, del Club Automovilístico de Mónaco y del Rally de Montecarlo. Su padre fue el campeón de tenis Aleco Noghes. Su madre fue la princesa Antonieta, hermana del príncipe Rainiero III de Mónaco. Su hijo Antoine nació en Miami el 15 de enero de 1997, y su novia Katrina lo ha aguantado durante 11 años”, arranca.

Pero antes de ese nacimiento que se menciona, antes de 1997, Christian vivió en la Argentina, en donde se enamoró, se casó por primera vez y tuvo a su primera hija, Leticia de Massy.

El barón Christian de Massy

Cuando Christian nació, sus padres no se habían casado todavía. Pero contrajeron matrimonio unos años después, en 1951, lo que terminó por legitimarlo. Como el príncipe de Mónaco en ese momento, Raniero III, no tenía hijos, él fue considerado el segundo en la línea sucesoria después de su madre.

Claro que, más tarde, cuando Raniero se casó con Grace Kelly y nacieron Carolina, Estefanía y Alberto, Christian fue perdiendo posiciones y sus posibilidades de acceder al trono se volvieron prácticamente imposibles.

Aunque creció en ese ámbito y recibió, en principio, una educación acorde, desde chico se mostró como la oveja negra de la familia. Él mismo contó en diálogo con LA NACION en 2024 con cierto orgullo: “Fui educado en Suiza, en el prestigioso Le Rosey [el internado al que iban los herederos de la realeza]. Estuve casi 10 años allí. Mi madre me metió pupilo muy joven, cuando tenía apenas ocho. Y, modestamente, pertenezco al club de los expulsados del ya exclusivo Le Rosey… Imagínese. Ese es el club más exclusivo del mundo: ‘Echados de Le Rosey’. Y, para que eso pase, realmente tienes que buscártelo. En 120 años creo que solo 80 personas fueron echadas. ¡Yo fui uno de ellos!”.

El barón Christian De Massy, primo de Alberto y Carolina de Mónaco

Continuó contando: dijo que no era un buen estudiante, que era rebelde. Se escapaba, se trepaba a los árboles, lo buscaba la policía. Era incontrolable, y antes de que cumpliera los 14, lo echaron.

Quizás fue ese mismo espíritu indomable el que lo llevó, más adelante, a recorrer el mundo: viajó por Estados Unidos y Canadá en 1989, hizo el Camino de los Incas en Perú, conoce la Amazonía peruana, atravesó más de 8000 kilómetros de Alaska a Seattle en camioneta, más de 37.000 de Colombia a Tierra del Fuego y mucho más. “Después de mis altos estudios, yo preferí vivir una gran aventura. Tuve una compañía con gran éxito en Europa del Este, que me dio todo lo que necesitaba. Pero soy vago y me gusta divertirme, así que la vendí a los seis meses. Luego, me fui de viaje por el mundo. Amo Sudamérica, la recorrí toda”.

Una amistad que se profundizaba

“Viví un año en África y volví a Mónaco. Y mi querido tío [Raniero III] me dijo: ‘Antes de armar quilombo aquí, ¿por qué no te vas a la Argentina?’. Dije: ‘¿Dónde está la Argentina?’. Bien lejos, exacto. ‘No vuelvas, así no nos traes problemas’”, recordó.

Christian siempre tuvo espíritu rebelde (Foto: barondemassy.com)

La razón de esta especie de orden de exilio encubierta se remonta a sus años jóvenes en Inglaterra, en donde llevó una vida nocturna agitada, se quedó sin plata, intentó trabajar en muelles de carga y hasta tuvo un accidente automovilístico: chocó contra una pared estando borracho. Fue un escándalo, y el Palacio le ordenó que volviera a Mónaco. Una vez ahí, Raniero le buscó trabajo una plantación de té en Rhodesia.

Al año volvió, y fue entonces cuando la nueva propuesta lo llevó a la Argentina. Lo cuenta todo en su libro autobiográfico Palace: my life in the royal family of Monaco (1986). Le habían conseguido un puesto administrativo en la filial de Fiat en el país. Era el principio de la década de 1971, y él tenía recién 21 años.

Aunque al principio se sintió desilusionado, el sentimiento le duró poco: “Mientras viajaba en taxi por las calles de la capital argentina, no pude evitar quedar impresionado por las amplias avenidas arboladas, los hermosos edificios gris perla y los toldos y cafés al aire libre que me recordaban a París”, escribió. Una vez asentado se iba a encontrar con una amiga de Raniero: la duquesa de Tamames, Tita Tamames.

Tita Tamames lo recibió a Christian en Buenos Aires y le presentó a su hija, María Marta, que se convertiría en su primera esposa

Ella lo invitó a cenar a su casa en la avenida Quintana, donde conoció a su hija de 19 años, María Marta Quintana, “una joven tranquila, refinada, bien educada”. Fue ella quien lo ayudó a instalarse y lo llevó a recorrer las estancias familiares en el campo. Así se sentía libre: “La riqueza solo traía compresión y restricción, acá traía amplitud y libertad en la que un hombre podía respirar”.

“Maria Marta y yo nos sentimos inevitablemente atraídos el uno por el otro en el plano romántico […]. A medida que cabalgábamos por las vastas propiedades de su madre y yo advertía la preocupación desinteresada de Maria Marta por mi bienestar, nuestra amistad se profundizaba. En aquella época, en una familia católica argentina, más de unas pocas citas entre un hombre y una mujer exigían un anuncio claro de las intenciones futuras de la pareja. Maria Marta y yo acordamos anunciar nuestro compromiso”.

Su “otra esposa” argentina

Christian recorrió el mundo en moto y en auto, siguiendo siempre su espíritu aventurero (Foto: barondemassy.com)

Entonces viajó de vuelta a Europa a dar la noticia. Su madre, la princesa Antonieta, reaccionó con furia, exigía subordinación al protocolo familiar, ya que se trataba de una plebeya. “Uno no le dice a su madre: ‘Me voy a casar’. Uno le dice a su madre: ‘Me gustaría casarme, ¿tendrías la amabilidad de darme permiso?’”.

Por otro lado, la princesa Grace Kelly, su tía, mostró entusiasmo: “‘¡Qué maravilloso! ¡Qué buena sorpresa! […]. ¡Es tan elegante y tiene modales perfectos! Sí, no hay duda al respecto. Esta es una elección perfecta para vos en todos los sentidos, una decisión de lo más sensata y conservadora. Te apoyo completamente’”.

Entonces lo ayudó con Raniero: “Mi madre brillaba por su ausencia […]. Grace la había neutralizado por completo, tal como lo había planeado, y, como mi tío no manifestaba ninguna desaprobación, ella ya no podía hacer nada más”.

En noviembre de 1970 celebraron el casamiento en el jardín de la duquesa de Tamames, con más de 200 invitados y la ausencia de la mamá de Christian. Sus tíos tampoco fueron, pero le enviaron de regalo una cigarrera de oro y plata con ceniceros haciendo juego. Por su parte, la duquesa les regaló el alquiler de una residencia frente al Río de la Plata, en Martínez, una casa grande, con jardín y pileta. Al año siguiente, en 1971, nació la primera hija del barón, Leticia. “Ella es las dos cosas, argentina y monegasca”, remarcó. Leticia estudió historia del Arte en el país, trabajó en el Bellas Artes y actualmente vive en Mónaco. Esta chica, esta argentina, es la hermana mayor de Antoine.

En 2021, Christian recorrió la Argentina; en la foto se lo ve junto a su hijo Antoine (Foto: barondemassy.com)

“Viví dos años allí, tenía una casa en Martínez. Recuerdo un lugar llamado The Embers, ¿aún sigue ahí? […]. También a muchos amigos, como aquel que ‘tenía una pequeña vocecilla y lo llamaban el loco’ (imita) […]. ¿Sabes de quién te hablo? Era ‘el loco’ Oscar ‘Ringo’ Bonavena, el boxeador que conocí en Mar del Plata, en la fiesta de Gente. Me senté a su lado sin saber quién era. Resultó muy gracioso, se emborrachó y terminó nadando en ropa interior. Ahí nos hicimos amigos”, contó a este medio en aquella ocasión.

Y siguió: “Yo solía ir a la Munich, en Recoleta, ahí me juntaba con amigos. Y conocí al ‘enano’, quien sería el novio de Susana Giménez, cuando vino a Montecarlo para la pelea contra Nino Benvenuti. Sí, así conocí a Carlos Monzón. Con él hablábamos en español, porque su nivel de inglés no era bueno. Él bebía tanto vino como yo. Pobrecito, ¡qué gran boxeador Monzón!”.

Christian aspiraba a ser corredor profesional de autos (Foto: barondemassy.com)

Del país mantuvo siempre grandes recuerdos: “Me casé con una argentina, pero otra esposa mía que encontrarás en la Argentina es la Ruta 40. A la Argentina la he recorrido en auto tres años atrás [2021], desde La Quiaca hasta Ushuaia. Es la cosa más fantástica […]. He hecho la Ruta 40 con un Land Rover y quiero hacerla de nuevo en moto antes de morir”.

Deseo de libertad

Pero él mantenía aquel espíritu rebelde de siempre. Quería ingresar al automovilismo y esto, sumado a sus dificultades para asentarse, fueron distanciando a la pareja: “María Marta percibía cada vez más mi inquietud en nuestro matrimonio. Se dio cuenta, como yo ya me había dado cuenta, de que no había esperanzas para nuestra relación”, realta.

La ruptura fue madura: “Una noche me dijo: ‘No sos feliz, ¿verdad?’. Le dije la verdad. Ella continuó: ‘Está bien, lo entiendo. No tiene sentido arrastrar esto. Me voy mañana’. Y lo hizo, con nuestra hija, sin una sola recriminación”. Se mudaron ellas a Biarritz, pero siempre mantuvieron buena relación con Christian.

El libro que generó el alejamiento de Christian de Massy con la familia real de Mónaco

Quizás fue Kelly quien más se entristeció con la noticia: “No le conté a Grace lo que estaba considerando porque sabía que no iba a entender que mi deseo de libertad fuera un motivo suficiente. Como católica romana, y debido a su profundo sentido de la familia, consideraba inaceptable la idea del divorcio […]. Finalmente, sin embargo, tuve que decirle la verdad y la aparté durante una fiesta en el palacio para darle la noticia. Se sintió muy afectada”.

En 1979 conoció a la modelo escandinava Anne Michelle Lutken, con quien se casó en 1982, de nuevo sin presencia de la familia real monegasca por la oposición al vínculo. Se divorciaron en 1984 sin haber tenido hijos.

Antoine, el hijo de Christian, jugaba al tenis desde los tres años (Foto: barondemassy.com)

Su tercer matrimonio, en 1992, fue con Julia Lakschin, otro vínculo corto: se divorciaron en 1995. El segundo hijo del barón llegó con su cuarta esposa, Cécile Irène Gelabale, una socialité franco-monegasca, nacida en Guadalupe, las islas en el Caribe que pertenecen a Francia. Ella es la madre de Antoine, el joven que murió este lunes, y de Brice Souleyman Gelabale, fruto de una relación anterior, a quien el barón adoptó formalmente, y quien se convirtió en el hermano inseparable del menor.

Pasión por el tenis

Único y particular, un poco como su padre, Antoine tenía sus propias pasiones, muy lejos de los tronos y de la realeza: amaba el tenis. Lo amaba tanto que soñaba competir en las ligas mayores contra las grandes figuras. Siempre contaba que ese amor surgió gracias a su padre, que “le puso una raqueta en las manos cuando solo tenía tres años”, repasa el medio francés Point de vue. También su abuelo, Alexandre-Athenase Noghès tenía el don: fue campeón internacional de tenis.

Christian lo incentivaba: habían decidido juntos que dejara la escuela primaria a los 11 años para cursar un programa académico centrado en el deporte, lejos de Mónaco. Entonces se mudaron a Florida. “Fue una decisión difícil, pero fue mi decisión: mi padre me dejó muy claro que tenía que comprometerme plenamente desde el principio y que, una vez tomada la decisión, no habría vuelta atrás”, explicó en aquel momento.

No hay mucho más que se conozca sobre él o su vida. No vivía en el foco, ni cerca del principado y la realeza. No era influencer: en Instagram tenía menos de 1300 seguidores y solamente tres fotos. En una ellas se lo ve en el décimo aniversario de la embajada del principado de Mónaco en Washington. Posaba junto a su familia: Alberto II, y su papá junto a su pareja, la jaimaquina Katerina.

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