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Las sorprendentes formas en que el cannabis puede afectar al cerebro que envejece

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WASHINGTON.- El consumo de marihuana parece ser más popular —o, al menos, del que se habla con más naturalidad— que nunca. Independientemente de si alguien se subió o no a la moda de las gomitas, es esperable preguntarse cómo afecta realmente al cerebro una vez que pasan los efectos.

Alrededor del 15,4 por ciento de los estadounidenses mayores de 12 años consumieron cannabis en el último mes, según datos de 2024 de la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias. Esa proporción viene en aumento a medida que nuevos productos de marihuana llegan al mercado y más estados legalizan su uso, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Los adultos mayores —aquellos de 60 años o más— constituyen el grupo de consumidores de cannabis de más rápido crecimiento en Estados Unidos. Según un estudio de 2022, quienes comenzaron a consumirlo después de los 60 años lo hicieron, en general, por razones médicas, como el tratamiento del dolor y la artritis, los trastornos del sueño, la ansiedad y la depresión.

Si bien más de tres cuartas partes de esas personas consideraron que el cannabis fue algo o muy útil, la pregunta persiste: ¿cuáles son los efectos secundarios? El interés suele centrarse especialmente en las consecuencias cerebrales, dadas las preocupaciones vinculadas al deterioro cognitivo. Entonces, ¿qué dice exactamente la investigación?

El uso de cannabis creció en los últimos años, especialmente entre adultos mayores

El consumo de cannabis está asociado con un peor desempeño de la memoria de trabajo

Tal vez no resulte sorprendente, pero el cannabis puede afectar la capacidad de retener información a corto plazo. Esto tiene un sentido intuitivo para cualquiera que lo haya probado. “Si una persona fuma cannabis y luego realiza una prueba de memoria de trabajo, en la que intenta retener algún dato —como un número de teléfono o una breve lista de palabras—, le resultará más difícil hacerlo mientras está bajo intoxicación aguda”, explicó Joseph Schacht, profesor asociado de psiquiatría y codirector de la División de Ciencia, Prevención y Tratamiento de Adicciones de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado.

Sin embargo, el consumo a lo largo de la vida parece tener un efecto similar. Según Schacht, los consumidores habituales de cannabis tienden a presentar déficits de memoria duraderos en comparación con quienes no consumen. En un estudio publicado en enero de 2025 en JAMA Network Open —el más grande de su tipo—, investigadores analizaron los efectos del consumo de cannabis en más de 1000 adultos de entre 22 y 36 años mediante estudios de imágenes cerebrales. Los consumidores intensivos de por vida mostraron una menor actividad cerebral durante una tarea de memoria de trabajo en comparación con los no consumidores, una vez excluidos los usuarios recientes.

Aún existe poca investigación sobre los posibles efectos en la memoria a largo plazo, pero se trata de un campo de estudio en expansión a medida que más adultos mayores consumen cannabis. “Básicamente, integrantes de la generación baby boom que crecieron consumiendo cannabis ahora lo usan en la vejez, pero experimentan algunos de esos efectos en la memoria de trabajo”, señaló Schacht. La evidencia disponible sugiere que no hay una asociación general entre el consumo de cannabis y el riesgo de deterioro cognitivo o demencia, aunque se necesitan estudios más extensos y de mayor duración.

El cannabis contiene compuestos que interactúan con distintos receptores del cerebro

Está vinculado a cambios en el volumen cerebral

El consumo prolongado de cannabis también se asoció con cambios en el volumen cerebral. Este fenómeno es más marcado en personas que comenzaron a consumirlo durante la adolescencia, cuando el cerebro aún se estaba desarrollando. “La exposición a cannabinoides durante esa etapa del desarrollo probablemente interfiere con algunas funciones normales del desarrollo cerebral”, explicó Schacht.

Algunas investigaciones muestran modificaciones en la materia blanca del cerebro en personas que comenzaron a consumir cannabis antes de los 16 años. La materia blanca conecta distintas regiones cerebrales y facilita la comunicación entre ellas. Los consumidores más jóvenes suelen presentar mayores dificultades en tareas cognitivas que exigen funciones ejecutivas —como el control de la inhibición—, asociadas con una menor integridad de ciertas zonas de la materia blanca y una mayor impulsividad conductual, indicó Staci Gruber, directora del programa de Investigación sobre Marihuana para el Descubrimiento Neurocientífico del Hospital McLean, en Massachusetts, y profesora asociada de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard. Gruber es la autora principal de ese estudio.

En un metaanálisis de 2026 que abarcó 77 estudios y fue publicado en la revista Addiction, el consumo de cannabis se vinculó con una reducción del volumen de la amígdala, una región del cerebro involucrada en el procesamiento y la regulación de las emociones. Sin embargo, ese trabajo no incluyó información sobre la edad de inicio del consumo.

En adultos de entre 40 y 70 años que comenzaron a consumir cannabis después de los 25 años, el consumo a lo largo de la vida aparece, en cambio, asociado con un mayor volumen cerebral, según una investigación publicada este año en el Journal of Studies on Alcohol and Drugs. Esto se observa especialmente en áreas del cerebro que cuentan con receptores de cannabinoides, los compuestos activos del cannabis que modulan funciones como el dolor, el estado de ánimo y el apetito. Los autores del estudio concluyeron que este hallazgo podría ser indicio de los potenciales beneficios “neuroprotectores” del cannabis en adultos mayores, dado que la atrofia cerebral es frecuente con la edad y se relaciona con el deterioro cognitivo y una menor calidad de vida.

Estos posibles efectos neuroprotectores podrían explicar, al menos en parte, por qué el consumo de cannabis no está asociado con un mayor riesgo de demencia.

El consumo de cannabis es objeto de estudio por sus posibles efectos cognitivos a lo largo del tiempo

Faltan datos sobre cómo el cannabis afecta los trastornos del estado de ánimo

En una revisión publicada en Lancet Psychiatry, los investigadores no encontraron beneficios ni perjuicios de cannabinoides específicos en relación con diversas afecciones del estado de ánimo, entre ellas la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático. También concluyeron que no había información suficiente para analizar posibles efectos sobre el trastorno bipolar o la depresión.

Gruber aclaró que ese análisis evaluó únicamente THC, CBD o una combinación de ambos, pero no los riesgos y beneficios potenciales de la planta de cannabis en su conjunto. El THC, o delta‑9‑tetrahidrocannabinol, es el cannabinoide psicoactivo asociado al efecto euforizante de la marihuana, mientras que el CBD, o cannabidiol, es un compuesto no intoxicante. “La idea de analizar principalmente compuestos extraídos de forma individual para tratar cuestiones como la ansiedad no necesariamente va a ser tan eficaz como evaluar productos con múltiples compuestos”, explicó. “La acción sinérgica de todos ellos en conjunto es significativamente mayor que la suma de sus partes”, de manera similar a lo que ocurre en los equipos deportivos cuando hay varios jugadores en la cancha.

Schacht advirtió que algunas personas recurren al cannabis como una forma de mitigar síntomas sin abordar la causa subyacente. “Después de años de trabajar en el campo de las adicciones y el consumo de sustancias, queda claro que la depresión y la ansiedad suelen ser motivos por los que muchas personas consumen distintas sustancias, como cannabis, alcohol o nicotina”, explicó. “Esas drogas pueden ayudar a aliviar los síntomas a corto plazo, pero a largo plazo no resultan útiles y, en algunos casos, incluso agravan el problema que llevó a recurrir a ellas en un primer momento”.

El consumo de marihuana en la adolescencia o al inicio de la adultez también se vincula con un mayor riesgo de desarrollar problemas graves de salud mental. “Las personas que empiezan a consumir cannabis a edades tempranas y que tienen antecedentes familiares de psicosis o enfermedades mentales graves corren el riesgo de desarrollar psicosis u otros trastornos severos como consecuencia del consumo”, señaló Schacht. Esta asociación suele ser más fuerte entre los consumidores más intensivos.

Gruber consideró que hacen falta más estudios, tanto investigaciones de mayor escala como aquellas que analicen la planta de cannabis en su totalidad. Sin embargo, investigar el cannabis presenta dificultades porque a nivel federal está clasificado como una droga de la Lista I, lo que significa que, según la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos, “no tiene un uso médico aceptado actualmente y posee un alto potencial de abuso”. A medida que aumenta el número de la lista, disminuye el riesgo de abuso.

Las estrictas regulaciones que rigen el estudio de estas sustancias limitan las oportunidades de investigación. “Sería mucho más sencillo si se pudiera trabajar con estos productos en el laboratorio, por ejemplo, pero por lo general no está permitido”, explicó Schacht. Eso también permitiría analizar si el método de administración del cannabis —fumarlo, vapearlo o consumirlo por vía oral— influye en los efectos cognitivos u otros.

Investigaciones recientes analizan cómo el cannabis puede influir en el cerebro que envejece

La edad importa en el consumo problemático de cannabis

Para muchas personas, otras drogas de la Lista I, como la heroína o el LSD, resultan mucho más preocupantes. Sin embargo, las investigaciones sugieren que entre el 22 y el 30 por ciento de quienes consumen cannabis desarrollan un trastorno por consumo de cannabis, una forma de problema vinculado al uso de sustancias.

El riesgo de desarrollar este trastorno es mayor en quienes comienzan a consumir marihuana durante la adolescencia y lo hacen con frecuencia. “Esto no significa que todas las personas que consumen cannabis a edades tempranas vayan a tener un problema, pero nuestro trabajo —y el de otros equipos— muestra que un inicio más temprano del consumo recreativo, combinado con una mayor frecuencia e intensidad, suele asociarse con peores resultados potenciales”, afirmó Gruber.

De cara al futuro, la investigadora considera que la evidencia debería centrarse en determinar si los posibles beneficios terapéuticos del cannabis pueden aprovecharse sin aumentar el riesgo de daño, con el objetivo de mejorar los estándares actuales de atención. Llevará tiempo que la investigación alcance la creciente popularidad de esta planta, señaló, aunque esa misma popularidad sugiere que existe algún beneficio: “Si las personas no obtuvieran algo de ella, ¿por qué seguirían consumiéndola?”.

Mientras tanto, y ante la falta de mayor evidencia, para algunas personas puede resultar difícil decidir si el cannabis podría resultarles beneficioso. “Lo mejor a lo que se puede aspirar es contar con datos empíricos sólidos que orienten las decisiones, en lugar de escuchar afirmaciones categóricas como ‘eso nunca debería usarse’”, concluyó Gruber. Si existen preocupaciones específicas sobre la salud cerebral —como el riesgo de demencia— y el posible impacto del cannabis, los especialistas recomiendan consultar con un médico antes de probar productos legales.

El impacto del cannabis en la memoria y otras funciones cognitivas sigue siendo materia de debate científico

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