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León XIV cuestionó el laicismo francés, alertó sobre la “muerte programada” y dejó una alusión velada a Trump

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PARIS.– Llegó, afable y sonriente, mientras las campanas lanzadas a vuelo de todas las iglesias de Francia le daban la bienvenida. Pero la emoción del momento no evitó que León XIV, sin pelos en la lengua, reclamara de inmediato la aplicación de un “justo laicismo” que no excluya a ninguna religión de los espacios públicos o educacionales. En el primer mensaje de su viaje apostólico de cuatro días, pronunciado en el Palacio del Elíseo al ser recibido por el presidente Emmanuel Macron, reconoció sin embargo el “lugar sin restricciones que ocupa la escuela católica” en Francia, país con “ricas raíces cristianas”.

La visita histórica del sucesor de Francisco había creado una atmosfera de entusiasmo en las calles de París, debido a la afluencia masiva de miles de personas, que enarbolaban pequeños banderines con los colores de Francia y del Vaticano. Otro gesto de simpatía fue realizado a la mañana. Cuando su avión aterrizó en el aeropuerto de Orly –donde lo esperaban el presidente Emmanuel Macron, su esposa y enorme comitiva civil y eclesiástica– fue recibido por el tañido de las campanas de todas las iglesias y parroquias de París, que sonaron durante cinco minutos.

Fieles católicos en una procesión con velas afuera de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario en Lourdes

A siete meses de las próximas elecciones presidenciales, que podrían saldarse con un duelo entre Marine Le Pen, líder del movimiento de extrema derecha Reunión Nacional (RN) y el veterano dirigente del frente de extrema izquierda La Francia Insumisa (LFI), Jean-Luc Melenchon, la visita papal tuvo un marcado trasfondo político.

En Francia todavía están visibles las cicatrices que dejó la adopción del laicismo de 1905 que marcó la separación entre las iglesias y el Estado en un país tradicionalmente considerado como la “hija mayor de la Iglesia”. Esa fórmula alude a la conversión y bautismo del rey Clovis a la fe de Cristo en el año 496, aunque en realidad recién comenzó a emplearse en forma regular a fines del siglo XV. A partir de ese momento, todos los reyes franceses portaron oficialmente el título de “hijo mayor de la Iglesia” y Francia comenzó a ser considerada como el país católico más grande de Europa.

La influencia de su comunidad, sin embargo, disminuyó progresivamente después de las guerras de religión con los protestantes y la Revolución Francesa de 1789, profundamente anticlerical. Esa tendencia se profundizó después de la separación entre la Iglesia y del Estado en 1905. En ese momento, entre 30 y 35% de la población se proclamaba católica, proporción que cayó a 27-30% al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Actualmente se utiliza una fórmula más ambigua (“creyentes católicos”), según el instituto Ifop, para sostener que la comunidad católica entre en torno de 12% de la población. Solo 1,5 a 2% acude a la misa dominical. A partir de 2023, después de la pandemia de Covid, comenzó un fuerte repunte de “adultos bautizados en Pascuas”, según la Conferencia Arzobispal.

El papa León XIV durante su visita a Notre Dame

En ese contexto de “entente cordiale”, en su mensaje en el Palacio del Elíseo el Papa también criticó las manipulaciones genéticas, la gestación subrogada, el comercio de órganos y el “ofrecimiento de una muerte programada”, que presentó como “desviaciones de la ciencia y la tecnología cuando no están inspiradas por la conciencia”. Esos comentarios, de sorprendente tono directo, fueron formulados apenas dos meses después de la adopción parlamentaria de una ley que creó en Francia el derecho de una “ayuda a morir”, ásperamente combatida por la Iglesia Católica, que la calificó como una “grave ruptura antropológica”.

En su respuesta al primer mensaje de León XIV, Emmanuel Macron recordó la “historia dos veces milenaria” del cristianismo en Francia, y el “vínculo singular” con la Iglesia católica. Cuando el país decidió la separación entre la Iglesia y el Estado, hace más de 120 años, creó un “laicismo francés que no es de ninguna manera una negación de la religión”, que permite a cada ciudadano “expresar su punto de vista en todas las esferas de su existencia”, así como “creer o no creer, en la intimidad o en la esfera pública, a condición de respetar las leyes”, precisó el presidente.

Después de condenar los actos de terrorismo perpetrados contra personas o instituciones de todas las religiones cometidos en los últimos años en Francia y reafirmar el compromiso del Estado de proseguir el “combate esencial” que desarrolla Francia para proteger los lugares de culto, afirmó: “No hay un católico que pueda ser insensible a ese combate por el bien común. Y yo agregaría: ni un judío, ni un musulmán, ni un protestante ni un ortodoxo”.

El Papa saluda a los asistentes a su visita a Notre Dame, en París

Después de ese intercambio de profundo contenido humanitario, Macron puso de relieve el compromiso por la paz, el multilateralismo, así como el respeto del derecho internacional y de la Carta de la ONU, asumido por León XIV desde que llegó al trono de San Pedro. “Esa exigencia –agregó– recuerda que la paz es más que el silencio de las armas y que también supone justicia, seguridad, respeto de los derechos humanos, soberanía de las naciones y derechos de los pueblos a disponer por sí mismos”.

Ambos líderes también coincidieron en reafirmar su compromiso en la defensa del planeta. Pero, además, el Papa insistió en decir que “la justicia, la sabiduría y el sentido de la humanidad reclaman poner término a la carrera armamentista”.

Paraíso de máquinas

León XI, conforme a los enunciados de su encíclica Mangnifica Humanitas, volvió a alertar contra los riesgos que significa la ambigüedad de ciertos desarrollos tecnológicos y puso en guardia contra el riesgo de “perder nuestra humanidad en medio del paraíso de máquinas que invaden y condicionan nuestra vida cotidiana”.

En su posterior visita a la sede de la UNESCO –abandonada recientemente por Estados Unidos–, donde volvió a alertar sobre la incertidumbre que plantea la inteligencia artificial, apeló a proseguir la “preciosa obra de cooperación internacional” que realiza el organismo en materia de educación, ciencia y cultura. Para estimular ese trabajo, el Papa regó un olivo –símbolo de la paz– plantado hace más de medio siglo junto a la entrada del edificio.

Miles de jóvenes llenan el Stade de France por la presencia del papa León XIV

Allí, León XIV también introdujo otro asunto de fuerte actualidad política: el papel de la prensa y la necesidad de garantizar el acceso de los medios a la información. Ante los representantes de los 194 Estados miembros de la UNESCO, destacó las iniciativas del organismo en materia de información y educación a través de los medios y reclamó reforzar, al mismo tiempo, la protección de niños y jóvenes en el ámbito digital frente a los riesgos que plantean las nuevas tecnologías, en particular la inteligencia artificial.

Esas herramientas, sostuvo, pueden realizar una contribución positiva “ayudando a su crecimiento, su educación y sus relaciones”, pero nunca deberían transformarse en instrumentos de explotación ni perjudicar la libertad de pensamiento.

No era la primera vez en la jornada que el Pontífice se refería a la libertad de prensa. Horas antes, durante el vuelo de Roma a París, los periodistas que lo acompañaban le preguntaron por las recientes decisiones del gobierno de Donald Trump de excluir a reporteros de CNN, MS NOW y Politico de la cobertura presidencial en la Casa Blanca.

“Estoy muy contento de que puedan estar todos aquí. Es muy importante asegurar una cobertura mediática de todo y para todos”, respondió. Aunque evitó mencionar directamente a Trump, la alusión al episodio fue inequívoca.

León XIV deja la catedral de Notre Dame rumbo a su siguiente destino en la gira de cuatro días en Francia

Luego el jefe de la Iglesia Católica realizó una esperada recorrida en papamóvil hasta la catedral de Notre-Dame aclamado por una multitud entusiasta estimada en 300.000 personas por la Prefectura de París. Para marcar el espíritu festivo de la visita, el paso del cortejo fue animado cada 100 metros por grupos musicales formados por artistas profesionales, scouts, coros parroquiales y grupos de niños o jóvenes improvisados.

Todas las actividades públicas fueron colocadas bajo un riguroso dispositivo de seguridad que estuvo a cargo de 15.000 agentes de seguridad. Se calcula que la misa que celebrará este sábado, considerada como la principal ceremonia popular, reunirá unas 600.000 personas a cielo abierto desplegadas a lo largo de la avenida de los Campos Elíseos desde el altar –ubicado en la Plaza de la Concorde– hasta pasado el Arco de Triunfo sobre la avenida de la Grande Armée.

Una vez en la catedral –donde el ingreso estuvo reservado a 8000 eclesiásticos, diáconos y seminaristas– el Sumo Pontífice celebró la misa de Vísperas y dialogó con representantes del clero francés. De allí se dirigió hacia el Estadio de France para cumplir con la última actividad de la intensa agenda prevista para la primera jornada de su visita a Francia: el diálogo con la juventud que reunió a 85.000 de ellos en las gradas del estadio deportivo más grande del país. Cuando se pusieron a disposición del público, hace un par de semanas, las entradas se agotaron en apenas dos horas.

Allí, lloró de emoción por el recibimiento de los jóvenes, una escena que ya se había producido por la mañana en la catedral de Notre-Dame, ante la imagen de la Virgen. “No tengan miedo: ustedes son los santos de Francia”, les dijo.

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