A más de 11.000 kilómetros de Buenos Aires, la cuenta regresiva para los cuartos de final del Mundial ya comenzó. Mientras en la Argentina el duelo entre la selección de Lionel Scaloni y Suiza se jugará el sábado a las 22, en el país de la selección rival el inicio llegará cuando el reloj marque las tres de la madrugada del domingo. Lejos de resignarse al horario, cientos de argentinos que viven allí comenzaron a organizar una vigilia mundialista que incluirá banderazos, asados, pantallas gigantes, murgas y reuniones que se extenderán hasta el amanecer.
Desde Zúrich hasta ciudades como Basilea, Lausanne, Ginebra, Zug. Berna y Sion, la comunidad migrante prepara una previa que buscará convertir distintos rincones de Suiza en una pequeña tribuna albiceleste.
En los sitios donde la comunidad argentina es numerosa, como Zúrich o Berna, los preparativos comenzaron varios días antes y se prevén eventos masivos. En otras, donde los compatriotas son menos, los encuentros serán más reducidos, en bares o casas particulares. Incluso quienes no participarán de las convocatorias masivas buscarán seguir el partido junto a otros argentinos. “No es lo mismo verlo con gente de acá que con argentinos. Nosotros cantamos, saltamos, gritamos y vivimos el fútbol de otra manera”, resumió la argentina Ivana Sabios, quien vive en Suiza desde hace 13 años.

La convocatoria más numerosa tendrá lugar en Zúrich. El sábado, desde las 20, los argentinos comenzarán a reunirse en Leutschenpark, un parque ubicado al norte de la ciudad, para compartir un asado, música y una previa que incluirá bombos, banderas y camisetas, antes de trasladarse al salón de fiestas Sektor 11, donde el partido se transmitirá en pantalla gigante.
La organización prevé una asistencia de entre 500 y 700 personas, una cifra alta si se tienen en cuenta las convocatorias previas. “Cada partido vienen entre 400 y 500 argentinos. Para este esperamos bastante más porque es un partido muy importante”, contó a LA NACION Claudio González, uno de los integrantes del grupo de migrantes argentinos que impulsa los encuentros en la ciudad más grande de Suiza.
Explicó que, alrededor de los partidos de la selección argentina, se fue formando una comunidad que se reactiva cada cuatro años. “Hay gente con la que durante años casi no hablamos, pero cuando llega un Mundial, volvemos a encontrarnos. Nos siguen porque quieren cantar, llevar el bombo y alentar a la selección. Suiza será nuestro segundo hogar, pero todos vamos a hinchar por Argentina”, aseguró.
“Nos hubiese gustado que Argentina y Suiza no se cruzaran en esta instancia porque uno de los dos inevitablemente iba a quedar eliminado”, contó a LA NACION Micaela Marino, argentina radicada en ese país y con ambas nacionalidades. Sin embargo, explicó que la expectativa por el encuentro terminó imponiéndose. “Los argentinos solemos juntarnos para ver los partidos, especialmente en Zúrich. Esta vez, el banderazo y la previa serán ahí mismo antes del partido. A pesar del horario, esperamos una gran convocatoria y mucho clima de hinchada”, sostuvo.
El clima mundialista comenzó a hacerse visible incluso antes de los preparativos del partido. El miércoles pasado por la noche, durante el recital que la banda argentina Ke Personajes brindó en el Komplex 457 de Zúrich, el público colmó la sala con camisetas de la selección y banderas argentinas. En uno de los momentos más celebrados del show, cientos de personas comenzaron a cantar de manera espontánea “Muchachos”, el himno que acompañó a la selección durante el Mundial de Qatar. La escena se replicó en videos que circularon rápidamente por redes sociales y se convirtió en una muestra de la expectativa que ya se vive entre los argentinos radicados en Suiza.
Aunque dispersos por distintas regiones del país, muchos coinciden en que el Mundial volvió a convertirse en la excusa para reencontrarse y fortalecer una comunidad que suele estar mucho más dispersa. Las movilizaciones en torno al próximo partido de la selección no se limitan a Zúrich. En distintas ciudades comenzaron a multiplicarse las convocatorias para seguir el partido en bares, cantinas deportivas y casas particulares. En muchos casos, los encuentros demandarán permanecer despiertos hasta el amanecer para acompañar un partido, que comenzará cuando la mayoría de las ciudades ya estén dormidas.
El platense Kevin Ortlieb, que vive en Suiza desde hace casi diez años, creó un grupo de WhatsApp apenas cinco días antes del inicio del Mundial para reunir a algunos argentinos conocidos. Lo que empezó con unas treinta personas ya suma 108 integrantes. El sábado se encontrarán en la cantina de una cancha de fútbol administrada por un latino, donde habrá pantalla gigante, cumbia, fernet y una larga previa antes del comienzo del encuentro. “Vamos a ir temprano para comer, jugar al truco y esperar el partido todos juntos”, relató.
La organización de estos encuentros se fue gestando casi al mismo ritmo que el recorrido de la selección nacional en el Mundial. A medida que el equipo argentino superaba las distintas instancias del torneo, comenzaron a multiplicarse los grupos de WhatsApp, las publicaciones en redes sociales y las convocatorias entre compatriotas que viven en distintas regiones de Suiza. Muchos de ellos no se conocían personalmente, pero el Mundial los reunió alrededor de un mismo objetivo: vivir el partido como si estuvieran en la Argentina.
En Zúrich, además del encuentro principal previsto para el sábado por la noche, habrá una previa con parrillas, música y banderas antes del traslado al lugar donde se verá el partido. Según los organizadores, cada asistente llevará comida o bebida para compartir en una modalidad similar a un asado entre amigos, aunque con cientos de personas. El horario tampoco parece desalentar la convocatoria. Aunque el encuentro comenzará a las tres de la madrugada del domingo en Suiza, esperan que la mayoría permanezca hasta el final.
En otras ciudades la organización va a ser diferente, aunque el espíritu será el mismo. En Sion, donde la comunidad argentina es más reducida, la argentina Ivana Sabios explicó que algunos bares extenderán sus horarios especialmente para seguir el encuentro. “Tenemos un lugar donde solemos juntarnos para todos los partidos de selección argentina. Lo disfrutamos mucho porque no es lo mismo verlo con argentinos. Cantamos, saltamos, bailamos, gritamos y hablamos como si estuviéramos allá”, relató.
Ivana está casada con un suizo, tiene dos hijos nacidos allí y está cerca de obtener la nacionalidad helvética. El cruce entre ambos seleccionados la colocó en una situación particular. “Al principio pensé: No quiero que gane Suiza porque va a tener que enfrentar a la Argentina’. Después entendí que cualquiera de los dos resultados me iba a hacer feliz, porque hoy los dos países forman parte de mi vida”, explicó.
Una situación similar atraviesa Florencia Bonafé, que vive desde hace siete años en Lausanne. Allí, los argentinos acostumbran a reunirse en un bar del centro de la ciudad para seguir los encuentros de la selección, aunque esta vez evalúan trasladar la reunión a una casa debido al horario y a que ese mismo lugar suele ser elegido también por los simpatizantes suizos.
“Después del partido contra Egipto salimos todos abrazados. Mientras caminaba hacia el bar, empecé a escuchar bombos y pensé que era imposible que eso estuviera pasando en Suiza. Cuando llegué había un montón de argentinos con banderas y camisetas. Por un rato sentí que estaba nuevamente en casa”, recordó.
En Basilea, la previa también se vive con intensidad, aunque esta vez el restaurante argentino ¡Che, Qué Lomo! no podrá convertirse en punto de encuentro. Su fundador, Alan Duca, llegó a Suiza en 2009 y un año después abrió el local junto con su esposa, suiza. Desde entonces, el restaurante se transformó en un referente de la gastronomía argentina en la ciudad y recibió incluso un reconocimiento de la Embajada Argentina en Suiza en 2024 por su aporte a la difusión de la cultura nacional.
El triunfo frente a Egipto fue el primer partido de la selección que pudieron transmitir durante este Mundial debido a la diferencia horaria. El local estuvo repleto. Sin embargo, el cruce frente a Suiza comenzará cuando el reloj marque las tres de la madrugada. “Como restaurante, no podemos abrir a esa hora, así que esta vez nos vamos a juntar en un bar de la ciudad para verlo entre argentinos. Tenemos mucha confianza en el equipo. Entendemos que ganar sufriendo también forma parte de nuestra historia”, señaló.
La diferencia horaria también obligó a muchas familias a reorganizar la rutina de los más chicos. Lucía Arcagni, que vive en Suiza desde 2018 junto a su esposo austríaco, asegura que el Mundial despertó una nueva pasión en Teo, su hijo de cinco años. Nacido en Suiza, pero con madre argentina y padre austríaco, durante este torneo alentó a las tres selecciones que forman parte de su historia familiar. Sin embargo, cuando llega el momento de elegir, la camiseta celeste y blanca ocupa un lugar especial. “Siempre quiere ponerse la de Argentina con el número 10 de Messi. Dice que se va a poner contento gane quien gane, pero enseguida aclara que prefiere que gane Argentina”, contó su madre.
Historias como esas se repiten entre quienes construyeron su vida lejos del país, formaron familias binacionales o criaron hijos que crecieron hablando varios idiomas, pero aprendieron a cantar las canciones de la selección y a vivir cada Mundial con la misma intensidad que sus padres.


