La Tierra arde. Guerras, divisiones, pobreza y enfermedades: como los cuatro jinetes que cabalgan sin descanso. Y, sin embargo, en ese contexto, alguien eligió mirar hacia el cielo, hacia las estrellas. “¿Por qué elegimos ir a la Luna?”, preguntó John F. Kennedy en 1961. Tenía que convencer a la ciudadanía para destinar fondos, miles de millones de dólares, en un plan que parecía imposible: llevar al ser humano hacia el satélite natural de la Tierra. El calor abrasador no impidió que pronunciara con ímpetu ese discurso que prometía concretar los sueños de la humanidad.
Fue un mago el que puso un cohete en el ojo de la luna. Georges Méliès no inventó el cine, pero sí inventó el cine como maravilla. Viaje a la Luna no es la primera película filmada, sí recibe su crédito como una de las más importantes. Para el visionario francés, el cinematógrafo fue más que una curiosidad de feria. Conjurando el espíritu de la literatura de Julio Verne, Méliès estrenó en 1902 la primera película de ficción científica. Y dio vida al cine como lo conocemos: como espectáculo, con imágenes que hasta el día de hoy conmueven, o se estudian como si se tratara de descifrar símbolos, o simplemente entretienen la mirada. O todo eso al mismo tiempo.

Hijo de la ciencia y las artes, desde su nacimiento el cine soñó con alcanzar la luna. El subgénero de los viajes espaciales es, junto al western, fundacional para las artes cinematográficas. Como lo atestiguan Buzz Lightyear y Woody, el astronauta y el vaquero de Toy Story.
A lo largo de la historia, no fueron pocas las películas que han querido honrar el legado de Viaje a la luna. Pocas lo consiguieron. Filmar una película en “el espacio”, del género que sea, requiere destreza técnica del más alto nivel. Pero no basta con los efectos visuales o los decorados para maravillar al público.
La Guerra Fría que calentó la pantalla grande
Borges observó, con mucha inteligencia, que la llegada del ser humano a la Luna fue la hazaña capital del siglo XX. “Por razones políticas, es decir, circunstanciales y efímeras, la gente tiende a disminuir esa hazaña”, afirmaba en uno de sus diálogos con Osvaldo Ferrari.
El escritor argentino pudo apreciar aquello que muchos de sus contemporáneos, poetas y escritores, no. W.H. Auden, en The New Yorker, desestimó el alunizaje como una competencia nacionalista.
El cine no tardó en subirse al cohete que disputaban las naciones. James Bond fue el encargado de evitar la guerra cuando su archienemigo, Blofeld, secuestró naves espaciales de la NASA y la Unión Soviética. Aunque los efectos visuales de Solo se vive dos veces eran buenos para su época, apenas un año después del estreno, en 1968, parecían hechos por principiantes. El motivo: una de las grandes obras maestras del cine.
El único Oscar que recibió Stanley Kubrick fue por los efectos visuales de 2001: Una odisea del espacio (disponible en HBO Max). Con justicia considerada una de las mejores películas de la historia; injustamente, el equipo que acompañó a Kubrick para diseñar los efectos de 2001… (entre ellos Douglas Trumbull) no recibió el premio.
2001…, como Viaje a la luna, es una película que mantiene intacto su poder para maravillar a los espectadores. Los efectos son tan buenos que incluso hoy asombran. Algunos creen en una teoría conspirativa: el hombre nunca llegó realmente a la Luna, sino que la NASA, luego de ver Una odisea en el espacio, contrató a Kubrick para filmar el alunizaje en un set.
No todas fueron loas. Andrei Tarkovsky calificó a 2001… como una película “pretenciosa”, “fría”, y “estéril”. La respuesta cinematográfica soviética llegó 4 años más tarde. En Solaris (no disponible actualmente) no hay monolitos, ni monos ni una inteligencia artificial tan carismática como Hal-9000. Aunque la película nunca fue tan popular como 2001…, no carece de méritos artísticos.
Los “fracasos exitosos”
“¿Sabés qué amé de tu película?” le confesó Billy Wilder, el gran cineasta detrás de Piso de soltero, a Ron Howard, director de Apolo 13 (se puede alquilar en Claro y en Apple TV). “Que celebra a las personas que no lograron sus sueños”.
Entre los griegos, la Luna tenía nombre y deseo propio: Selene, que se enamoró de un pastor llamado Endimión. Como si fuera “un sueño dentro de un sueño”, escribió John Keats, cobijados por el cielo nocturno, el pastor y la diosa mantuvieron su romance.
George Bailey le promete la Luna a Mary, en el clásico de 1946, ¡Qué bello es vivir!. La Luna, no solo para los griegos, representó el anhelo de lo soñado. Hollywood hizo eco de esta visión romántica y se encargó de darle un giro.
La nave para esta odisea se llama como el dios griego de la curación. Pero el número no parece ser un buen presagio. El rostro de Tom Hanks, suspendido entre la desilusión y la determinación, condensa todo: Apolo 13 no aparenta ser una historia inspiradora. Pero lo es.
La película sobre la misión fallida de la NASA fue una de las más taquilleras de 1995 en todo el mundo. Dejó una frase para la memoria: “Houston, tenemos un problema” y tuvo varias nominaciones a los Oscar.
Pero antes hubo otra película excepcional sobre “los que no llegan”. Los elegidos de la gloria (se puede alquilar en Apple TV) parece un título irónico para representar el trabajo descomunal de los 7 hombres seleccionados para el Proyecto Mercury, el primero de pilotos espaciales en los Estados Unidos.
La película se estrenó en 1983 y, aunque recibió 8 nominaciones al Oscar, fue un fracaso de taquilla. Protagonizada por Sam Shepard, Ed Harris (que también actuó en Apolo 13) y otros, el film recibió su merecido reconocimiento con el paso del tiempo. Aunque casi todo el relato sucede en la Tierra, esta historia sobre “perdedores”, cargada de adrenalina y con una mordaz mirada política, inspiró clásicos como Top Gun y, por supuesto, Apolo 13.
De padres e hijas
“Durante años, la gente me reconocía por Batman: El caballero de la noche. Pero en los últimos 10 años eso cambió por Interestelar, y eso es increíblemente gratificante”. La confesión de Christopher Nolan está cargada de orgullo.
Cuando se estrenó en 2014, la recepción de Interestelar (HBO Max), tanto en lo referido a la crítica como a la taquilla, fue buena pero no extraordinaria. No destacó tanto como otras películas dirigidas por Nolan. Pero el destino tuvo otros planes.
Más de 10 años después, cada vez que la película se reestrena en los Estados Unidos, la Argentina u otros rincones del globo terráqueo, llena las salas. En 2025, en la lista publicada por The New York Times, apareció como una de las mejores películas de este siglo, votada por el público y por directores de cine.
Como 2001: Una odisea del espacio, Interestelar solo ganó el Oscar por los efectos visuales. Para George R. R. Martin es “la película de ciencia ficción más ambiciosa” desde el film de Kubrick. Hasta la fecha, Interestelar es la película más taquillera de todas las de “viajes espaciales”.
El corazón de la película, inspirada en algunos relatos de Borges y diversas ideas científicas, es una historia sobre un padre y su hija, con la marca personal del director que busca esculpir en el tiempo. Si el espacio se mide por el tiempo, en Interestelar son océanos de tiempo los que ahogan a sus protagonistas. “Antes solíamos mirar hacia el cielo y preguntarnos por nuestro lugar entre las estrellas”, afirma decepcionado el papá de Murphy en una de las frases que captura el poético espíritu de cualquier exploración espacial. Y describe lo que sucede cuando la humanidad pierde el norte: “Ahora solo miramos hacia abajo y nos preocupamos por nuestro lugar entre la basura”.
La gravedad y las leyes de Newton
Cuenta la leyenda que fue una manzana la que inspiró la ley de gravitación de Isaac Newton. Como dice el libro Historia de las ideas científicas, con Newton alcanza para viajar y volver a la Luna.
Gravedad (HBO Max) se estrenó en 2013, fue un éxito de taquilla y ganó 7 Oscar. En apariencia, es una historia de acción espacial con Sandra Bullock y George Clooney, filmada con cámaras 3D y un despliegue visual imponente. Pero hay algo más debajo de esos trajes de astronauta y esas instalaciones espaciales que parecen úteros.
Ryan, la astronauta que interpreta Bullock, está deprimida por la muerte de su hija. Trabaja como si estuviera a la deriva en la inmensidad del espacio. Gravedad representa las tres leyes de Newton, metafóricamente y no tanto, cada vez que un imprevisto obliga a la doctora Ryan Stone a moverse.
La llave del espacio
“El espacio está lleno de azar y mala suerte. No coopera. En algún punto, se los prometo, todo lo que pueda salir mal va a salir mal. Van a pensar que es el final. Pueden aceptarlo o ponerse a trabajar. A resolver las ecuaciones”. El monólogo es de Mark Watney, el astronauta que interpreta Matt Damon en Misión rescate (Disney+).
Galileo Galilei, que nunca se graduó pero fue profesor de matemáticas, decía que la humanidad sin el lenguaje de las matemáticas solo conseguiría viajar por un oscuro laberinto. Siglos más tarde, Borges retomó esa línea de pensamiento cuando escribió: “Como la música, las matemáticas pueden prescindir del universo, cuyo ámbito comprenden y cuyas ocultas leyes exploran”. “La imaginación y las matemáticas no se contraponen”, sostenía el argentino, “se complementan como la cerradura y la llave”.
Esa idea sobrevive en Misión rescate. Watney sobrevive, entre papas y música disco, esperando un salvavidas desde el planeta Tierra. La humanidad, en esta comedia dramática utópica, borra límites y nacionalidades en pos de un bien mayor.
Entre el humor y los temas de ABBA, Donna Summer, Gloria Gaynor o David Bowie, esta no parece una historia para Ridley Scott, el director de Alien y Blade Runner. Pero, en 2015, el cineasta consiguió hacer una de las películas más exitosas de su carrera.
¿Por qué alguien querría viajar al espacio, cuando las probabilidades de supervivencia, naturalmente, son más bajas que en la Tierra? Todos lo saben y, sin embargo, no faltan candidatos para ser astronautas. Kennedy, en su discurso en Texas, citó al explorador George Mallory cuando le preguntaron por qué quería escalar el Monte Everest: “Porque está ahí”. El explorador argentino Alfredo Barragán, cuando terminó la exploración Atlantis, afirmó: “Que el hombre sepa que el hombre puede”.
Entre el optimismo, la ciencia y la religión
Misión rescate y Proyecto Fin del Mundo (en cines) comparten guionista (Drew Goddard), fuente literaria (el escritor Andy Weir) y algo más difícil de fabricar: optimismo.
En Proyecto Fin del Mundo, el protagonista es Ryan Gosling como Grace, un hombre que parece estar fuera de lugar entre tantas computadoras y elementos espaciales. La nave es la Ave María. La misión es, ni más ni menos, que la de salvar a la humanidad. Una sustancia misteriosa está apagando al sol, pero nadie sabe cómo resolverlo.
Dante Alighieri en la Divina Comedia describe al sol como un planeta con una corona ardiente con doce espíritus luminosos. La luz del conocimiento. La leyenda dice que Galileo, en su defensa, argumentó: “La religión no nos enseña cómo es el cielo, sino cómo se va al cielo”. Aunque su historia se usa para reforzar la idea del enfrentamiento entre la ciencia y la religión, el propio Galileo no las veía como fuerzas antagónicas sino complementarias.
Los primeros, pero no los últimos
La historia de las artes está emparentada con la contemplación del espacio. A Johannes Kepler se le atribuye la primera novela de ciencia ficción de la historia, El sueño. Cuando Artemis II captura el lado oscuro de la Luna, es difícil no pensar en Pink Floyd.
El cantante de jazz Gil Scott-Heron compuso “Whitey on the Moon”, una canción de protesta que denunciaba la realidad económica y social de los negros en Estados Unidos mientras los “blanquitos” iban a la Luna.
En El primer hombre en la Luna (HBO Max), otra película de viajes espaciales con Ryan Gosling, pero con un tono muy distinto al de Proyecto Fin del Mundo, se escucha esa canción antes de la llegada a la Luna, cuando el gobierno gastaba millones para un programa espacial que nadie sabía si iba a funcionar o no.
En esa película Gosling interpreta a Neil Armstrong. Hace su propio viaje a la Luna. El título de la película hace referencia a una novela de H. G. Wells, el autor que pensaba en viajar al espacio como algo tan fantasioso como viajar en el tiempo. Gosling viaja para algo más que hacer un duelo.
Kennedy no vivió para ver el “pequeño paso para el hombre”. Pero en la película su voz resuena en segundo plano, como si hablara desde otro tiempo: “Elegimos ir a la Luna no porque sea fácil, sino porque es difícil”. El cine de viajes espaciales existe, en el fondo, para recordarnos que esa frase pertenece a nuestra época.


