Dos compositores alemanes —Robert Schumann y Richard Wagner. Un mismo tiempo, una misma ciudad. Y dos universos artísticos opuestos que, sin embargo, representan dos cumbres del Romanticismo. En su debut como invitado, el director alemán de prestigiosa trayectoria (fue asistente de Claudio Abbado en la célebre Staatsoper de Viena, titular de varios teatros alemanes, entre ellos la Semperoper de Dresden y actual titular de la Sinfónica de Amberes, con actuaciones destacadas en el repertorio sinfónico y operístico, distinguido como “director del año 2021” por Opus Klassik), dirigirá la Orquesta Filarmónica de Buenos con el reconocido pianista argentino Nelson Goerner como solista del concierto de Schumann.
Por primera vez en la Argentina, y con la expectativa de experimentar la acústica del coliseo porteño, Marc Albrecht dialogó con LA NACION. “Será un momento emocionante para mí —aseguró el maestro—, no solo por el fenómeno acústico por el que se conoce esta sala, sino también por la leyenda de su historia”.
Bajo el título de Mundos Románticos, el concierto se ofrecerá en dos partes. La primera dedicada al magnífico opus 54 de Robert Schumann, el arquetipo del héroe romántico (poeta y músico de vida atormentada, un amor contra viento y marea, el de Clara Wieck, y un final de locura), en una obra de características inusuales dentro de su producción. “Schumann proviene del mundo pianístico —agrega el director—, y hasta ese momento solo había otro tipo de piezas para el instrumento. Pero de repente, en una etapa muy feliz de su vida (con su joven matrimonio y un éxito musical creciente), alrededor de 1840 se da cuenta de que para esta obra necesita un tipo de síntesis diferente con la orquesta”.
Poesía y diálogo
—Siendo Schumann un compositor de tantas facetas y personalidades, ¿cuál diría que se expresa con mayor potencia en esta composición fundamental en el repertorio pianístico?
—La capacidad de crear un clima de cámara, un diálogo con el conjunto. Algo que está en la esencia schumanniana. Una particularidad es que le da mucho espacio a la orquesta, convirtiéndola, más de lo habitual, en un factor dominante desde el comienzo. En cuanto al contenido, hay una manera completamente diferente de entender el piano, más un ensayo de la forma (gran sonata) que, de la fantasía, presente en sus creaciones para el piano solo. El Intermezzo, tan atractivo, es una como “canción sin palabras”. Es música de cámara pura. Un tema hermoso en las cuerdas que parafrasea el piano. Y el Allegro que surge de manera tan natural en ese diálogo con la orquesta, es de un estilo pianístico muy diferente al que se hacía hasta ese momento. Lo estrenó Clara, la persona más importante en su vida, con otra persona fundamental en la orquesta, su amigo Felix Mendelssohn-Bartholdy.
“Nelson Goerner —agregó respecto de la interpretación a cargo del internacionalmente destacado pianista sampedrino, radicado en Suiza, con quien ya ejecutaron la obra en San Pablo—, lo toca de maravillas. Con una forma muy acertada de abordarlo, sin agrandarlo ni imprimirle un aire triunfal ni efectista. Por el contrario, con una medida justa de intimidad, conservando la calidez del sonido y propiciando el diálogo con el ensamble”.
En el mundo de Eros
Con un importante cambio de sonido, la segunda parte presentará fragmentos orquestales de tres óperas wagnerianas. “¡Un sonido fundamentalmente diferente! —acentúa Albrecht el contraste entre ambos compositores—. De Tannhäuser, por ejemplo, tocamos la obertura y a continuación, la Bacanal, que fue compuesta 20 años más tarde, ya en la época del Tristán, lo cual implica que se abre a un sonido cromático completamente distinto, que entra en esa zona de embriaguez que tanto anhelaba Wagner. Para la orquesta ese paso es complicado de crear porque hay una apertura hacia un mundo emocionante, cargado de erotismo, amalgama y color. Ese mundo de Eros, de Venus, que quería retratar y que recién en el Tristán logró expresar de manera acabada. ¡Pensar que la época lo incluye a Schumann, ambos en Dresde y tan lejos en la expresión!
—¿Cuándo y cómo se consigue (o no) ese efecto de gran arco, de tensión wagneriana?
—De todas sus creaciones geniales, la más importante es la melodía infinita. Para lograr ese arco sin rupturas, sin interrupciones, yendo de un impulso a otro, de una etapa a otra, de un color a otro… hay que prepararse como para una carrera de larga distancia, para un wandern en las montañas. Nunca es una línea recta. Le importa el detalle, por supuesto, pero lo que prevalece es el gran diseño, el gran conducto. ¿Y cómo se trabaja? Con una energía palpitante y el fraseo matizado. A diferencia de las interpretaciones estáticas que resultan aburridas, yendo hacia otro sitio, siempre en busca de una dirección que es esa suerte de embriaguez, de adicción, de la música de Wagner como una droga.
Finalmente, respecto de este primer encuentro con la orquesta interpretando un repertorio que lo identifica, Albrecht comentó que el resultado es muy satisfactorio. “Estoy contento con la Filarmónica porque aún sin tocar Wagner con frecuencia, están encontrando pasión en su música. Son dedicados, se entusiasman y perseveran en la búsqueda, con lo cual el trabajo que estamos haciendo es hermoso. Ya desde el ensayo general cuando subamos al escenario, sentiré que es un momento emocionante para mí, no solo por el fenómeno acústico por el que se conoce esta sala, sino también por la leyenda de su historia.”
Para agendar
Orquesta Filarmónica de Buenos Aires presenta el concierto Mundos Románticos II con la dirección de Marc Albrecht en el Teatro Colón, este sábado (13 de junio) a las 20.


