“Confirmamos la muerte del fotógrafo santafesino Marcos López. Estamos en vivo desde su casa en San Telmo, donde sus personajes lo están despidiendo”, anunció la presentadora de Fake TV en Instagram, mientras cientos de invitados especiales asistían a la inauguración de la 22ª edición de Pinta BAphoto en La Rural. “Al parecer Marcos habría tenido un accidente mientras practicaba una doble mortal de malambo para su show de Córdoba en diciembre. De mi parte, sentimientos encontrados: tristeza y al mismo tiempo alegría. Las fotos que compré de él, ahora valen mucho más, Recuerde comprar arte, jamás dólares”.
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Con esa suerte de “performance mediática”, López logró estar en boca de todos antes de que este encuentro internacional impulsado por Diego Costa Peuser abra al público, desde mañana hasta el domingo. “Ya vendimos dos obras suyas”, anunció Marina Pellegrini, codirectora de la galería Vasari, dos horas después de que la feria abriera sus puertas. Fiel a su característico humor, el fotógrafo que marcó un récord de visitantes este año con su retrospectiva en Fundación Larivière, ya había anticipado en qué consistía su estrategia ”de marketing”: “No voy a ir [a la feria] para reforzar la idea de que estoy muerto; las fotos de los artistas muertos cuestan más”, anunció ayer desde su cuenta @marcoslopezvirtual, con más de 86.000 seguidores.
El artista confirmó así lo que había dicho esta semana su colega Maurizio Cattelan, el italiano de la banana subastada por 6,2 millones de dólares, en una entrevista con LA NACION: “Hoy en día, la atención se ha convertido en un mercado en sí mismo. La gente puede transformar casi cualquier gesto en un acontecimiento, y ese acontecimiento, en dinero”.
Si bien Pellegrini no quiso hablar de números, una vez más presentó obras dignas de un museo. Junto a las de López se exhiben otras de Humberto Rivas, Annemarie Heinrich y Facundo de Zuviría. “Son de los años 80 y 90, de la misma edición que compró el MoMA en 2018 en la feria Aipad”, explicó este último en referencia a esos detalles de gráficas doradas pintadas sobre vidrieras.

Justo enfrente, la galería Tomás Redrado sorprende con una propuesta totalmente distinta: un stand muy minimalista, con tres obras que Carolina Magnin comenzó a concebir el año pasado durante una residencia en París y presentó en un oscuro sótano del edificio porteño Sudamérica. Ahora, solo una de ellas se ve a primera vista, y resalta delante de una pared blanca que divide el espacio: es una instalación formada por imágenes de agua impresas sobre vidrio, que se alzan en medio de una pileta de tinta negra para sellos.

El contraste entre lo que se puede ver a ambos lados del pasillo central ilustra la amplitud de la oferta de esta feria, que abarca 57 galerías de distintos continentes. Con varias secciones curadas, incluye además la producción de artistas emergentes y consagrados. Entre estos últimos se cuenta Leandro Katz, quien además de protagonizar en el Bellas Artes su primera muestra antológica en un museo argentino tiene en la feria un sector especial presentado por Herlitzka & Co. Esta galería exhibe, además, obras de otros grandes referentes de su generación como Marta Minujín, Nicolás García Uriburu y David Lamelas.

Una de las piezas más contemporáneas, que combina una fotografía de 1975 con acrílico de color, fue realizada por una artista de 95 años: la brasileña Claudia Andujar, quien expuso en el Malba hace una década y ahora regresa a Buenos Aires gracias a la galería Vermelho. En Radar, sección curada por Mercedes Claus, convive con obras realizadas con procedimientos y técnicas diversas: desde las animaciones realizadas con IA y material de archivo por Estanislao Florido hasta las experimentaciones extremas de Agustina Puricelli, distinguida el año pasado en la feria con el Premio In Situ.

“Mediante procesos analógicos (película fotográfica, película de cine y papel fotográfico) –cuenta esta artista representada por Cecilia Caballero- indago en la memoria de los materiales y en las formas sensibles en que una imagen puede aparecer, fallar o transformarse. A veces soy yo quien interviene directamente sobre ellos: oxido un negativo de mi retrato con mi propio sudor, o construyo dispositivos de captura por los cuales circula mi sangre. Otras veces cedo ese control para coproducir mi obra junto a la naturaleza, entierro película en estado latente durante meses para que las bacterias de la tierra afecten el registro del lugar donde crecí, o fabrico cámaras con elementos de la naturaleza para que ella se retrate a sí misma”.

Otras paradas imperdibles de la feria son las secciones dedicadas a Alberto Goldenstein, Sandra Eleta, Abel Alexander y Batato Barea. Esta figura clave del under porteño de la posdictadura tiene una doble participación: en el stand de Cosmocosa y en Video Project, a cargo de Irene Gelfman, curadora global y directora artística de Pinta. “Es una feria boutique –aclara esta última-, no por la cantidad de galerías, sino por la calidad y la mirada artística y curatorial”.

Eso se refleja también en Next, donde mañana se entregará el Premio In Situ a un artista y un stand. En esta selección realizada por Facundo Belén y Virginia Martin se incluye Oficina de Proyectos, con fotografías aportadas por @thewalkingconurban y elegidas por Marcos López. Antes de “morir”, claro.

Para demostrar que la escena porteña está más viva que nunca a 200 años del nacimiento de la fotografía, el museo Moderno compró en Pinta BAphoto cuatro obras: dos del artista dagurke, en la galería cordobesa María Wonda, y otras dos de Miguel Mitlag, en Gachi Prieto. Así largó una verdadera maratón creativa con postas, que continuará la semana próxima con arteba y Affair.

Para agendar:
22ª edición de Pinta BAphoto, desde mañana hasta el domingo en el Pabellón 8 de La Rural (Av. Sarmiento 2704). Mañana a las 28 en el Foro María Santoyo, directora de PHotoESPAÑA, hablará sobre “fotografía expandida” con el fotógrafo Santiago Porter e Irene Gelfman, curadora global y directora artística de Pinta.


