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“Me asomé por el balcón y vi el cuerpo enrollado en sábanas”, dijo el vecino que descubrió un femicidio

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ROSARIO.- Una mujer de 31 años fue asesinada de una puñalada en el cuello en la madrugada de hoy en un departamento de barrio Luis Agote, en pleno centro-sur de esta ciudad. El crimen se investiga como femicidio y el principal sospechoso —la pareja de la víctima, un joven de 23 años— quedó detenido poco después mientras intentaba darse a la fuga.

La causa quedó a cargo de la fiscal Anabel Cerutti, de la Unidad de Violencias Altamente Lesivas del Ministerio Público de la Acusación.

El femicidio ocurrió alrededor de la 1 en un departamento de Crespo 516. La víctima fue identificada como Débora Giuliana Bordón y el detenido como Axel Alejandro M.; la Policía de Investigaciones (PDI) lo apresó en la intersección de Pellegrini y Sarmiento, a pocas cuadras del edificio, tras hallar entre sus pertenencias un pasaporte que habría dejado en la huida.

En la escena del crimen, los investigadores secuestraron un puñal cerca del cuerpo de la víctima. Se trataría del arma homicida.

El caso volvió a poner en primer plano la mecánica de la violencia de género en el ámbito doméstico y la respuesta —o la limitación— de las herramientas disponibles para intervenir a tiempo. Y dejó, además, el relato estremecedor de un vecino que terminó siendo protagonista involuntario del operativo.

“Se sintieron gritos de auxilio”

Facundo vive en el tercer piso del mismo edificio, dos plantas por encima del departamento donde fue el crimen. En diálogo con el programa Radiópolis, de Radio 2, reconstruyó paso a paso lo que vivió durante la madrugada. Todo comenzó cuando la violencia escaló y los gritos rompieron la calma nocturna. “Se sintieron gritos de auxilio, para lo cual procedí a cambiarme y bajamos con una vecina”, contó.

Cuando llegó al primer piso, el silencio ya había reemplazado a los alaridos. “Ya cuando bajamos, no se sentía más nada, no había más ruido, salieron el resto de vecinos del piso y quedaba un solo departamento, que era de donde vino el grito”, relató. Ese silencio repentino fue, precisamente, lo que lo alarmó.

Otra vecina que participó del intento de auxilio describió la crudeza de esos instantes previos. “Él le tapó la boca, se escuchaban los gritos de ella a través de su boca porque estaba como tapada”, narró. Y agregó que, al comprender que se trataba de un pedido de socorro, reaccionó de inmediato: “Cuando entiendo el auxilio, grito que yo voy a llamar a la Policía”. El llamado al 911 permitió que un patrullero llegara al lugar en apenas tres minutos.

La decisión de saltar el balcón

Pero la rápida llegada de los efectivos chocó contra un límite. Al no percibirse ruidos ni señales desde el interior del departamento, los uniformados no tenían margen para ingresar por la fuerza. “No podíamos ingresar porque, al no escuchar ruidos ni nada, era una violación a la propiedad”, explicó Facundo sobre la restricción que enfrentaban los policías en ese momento.

Fue entonces cuando el vecino tomó una decisión que terminó siendo determinante. El silencio, en lugar de tranquilizarlo, lo inquietó todavía más. “A mí me llamó mucho la atención que se dejaron de sentir gritos, a lo cual procedí a saltar el balcón y a encontrar el cuerpo”, confesó.

Lo que encontró al asomarse quedará grabado en su memoria. “Me asomé por el balcón y vi el cuerpo enrollado en sábanas. El arma la tenía clavada en el cuello”, describió con crudeza. Otra versión de su testimonio, brindada a los móviles que cubrían el hecho, fue aún más gráfica: relató que la víctima estaba envuelta en una sábana y que el arma seguía clavada en el cuello.

El hallazgo llegó en el instante justo. Los policías, ante la ausencia de indicios desde el exterior, estaban a punto de retirarse del lugar. “Yo me quedé, si hubiera entrado, no tenía arma, no tenía con qué defenderme. Me asomé, vi el cuerpo y los policías ya se estaban yendo, y mi primera reacción fue salir y gritar”, recordó. Ese grito de alerta reactivó el operativo y permitió acorralar al agresor, que también había intentado huir por el balcón, en el primer piso del complejo.

Sobre los protagonistas de la tragedia, el vecino aportó que el trato con el sospechoso era mínimo, apenas un saludo de pasillo: “Hola y chau”. Según lo poco que sabía, el joven de 23 años trabajaba en un bar y era quien habitaba el departamento. En cambio, la víctima no vivía en el edificio. “No se sabe quién era la chica, no se sabe la relación. Ella no vivía acá”, puntualizó, y añadió que no tenía claro si eran “novios formales o qué relación tenían”.

Facundo afirmó no haber escuchado discusiones previas —su departamento se encuentra dos pisos más arriba—, pero deslizó un dato que cobra especial relevancia en un caso caratulado como femicidio: otros vecinos ya habían advertido conductas agresivas. “Los demás vecinos sí habían escuchado, ya hubo un altercado la semana pasada”, concluyó.

El crimen de Bordón se suma a la ya extensa lista de femicidios que golpean a Rosario y a la provincia de Santa Fe, y reabre el debate sobre la eficacia de los mecanismos de prevención frente a la violencia de género. La investigación, en manos de la fiscalía especializada, deberá ahora reconstruir el vínculo entre víctima y agresor y esclarecer si existían denuncias previas que pudieran haber anticipado el desenlace.

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