Su vida siempre fue la actuación, pero el niño que comenzó en el programa en el que actuaba su padre, Alfredo Casero, Cha Cha Cha ya está a punto de cumplir 40 años y cuenta con una larga trayectoria en su haber. El año pasado, Nazareno Casero integró los elencos de la comedia Jardines salvajes y del thriller psicológico para Flow Nieve roja y ahora se embarca en el desafío de protagonizar en el teatro Bebé Reno, la famosa miniserie que cautivó a todo el mundo en 2024.
Esta ficción de Netflix fue primero una pieza teatral, un unipersonal protagonizado por su propio autor, el dramaturgo y comediante escocés Richard Gadd, en el West End londinense, que en 2020 recibió el prestigioso Olivier Award.
La versión local se estrenará el 28 de abril en la sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza y su protagonista excluyente, Nazareno Casero, conversó con LA NACION sobre su trayectoria y su próximo proyecto.

-¿Cómo te llegó la propuesta de protagonizar Bebé Reno en el teatro?
-Estaba haciendo el Camino de Santiago de Compostela con mi perro.
-¿Con tu perro?
-Sí. Hace un año me fui de viaje con mi perro e hicimos juntos todo el camino a Santiago. Fui a visitar a quien ahora es mi ex [la bailarina Carolina Puntonet]. Nos separamos de común acuerdo. Fue una relación de mucho tiempo y y mucho amor. Ella vive afuera y yo no puedo irme a vivir al exterior en este momento. Hubo diferentes situaciones que se nos cruzaban, ella tiene su carrera afuera y le está yendo bien. Entonces, decidimos ponerle un parate a esta situación. En ese viaje decidí hacer el Camino de Santiago, estaba caminando con Rulo [su perro] y me llama Maxi Córdoba, productor y amigo. Me cuenta que tenían ese proyecto y que querían que lo hiciera yo.
-¿Habías visto la serie?
-La vi tiempo después de su estreno. La serie fue primero una obra que después Richard Gadd la adaptó para la plataforma

-¿Cómo encarás un personaje que ya está muy metido en el imaginario de la gente que vio la serie?
-Sé que hay mucha gente que vio la serie y que está muy asociada a ese actor. También me tocó hacer de Maradona que lo conocía todo el mundo, pero esto es desafiante desde otro lugar. De alguna manera competís contra la imagen que tienen todos en la cabeza, pero bueno, eso también es la magia del teatro e “Indio” Romero que es el director. Estoy trabajando muchas cosas que nunca había trabajado, cosas más académicas, técnicas. Yo actuaba de una manera más instintiva y acá hay otras exigencias, otras cosas. Es un recontradesafío y me parece que posiblemente sea el laburo más desafiante con el que me estoy enfrentando porque dentro de la psicología del personaje también toca un montón de cosas que por ahí uno no quiere tocar porque es incómodo descubrirte en situaciones en las que decís: “Che, acá me pasan las balas más cerca de lo que pensaba”.
-El personaje sufre acoso. ¿Te referís a que a vos te pasó algo similar?
-No con eso, sino con la manera en la que uno aborda las relaciones, en las maneras en las que uno se enrosca.
-¿Por ejemplo?
-No, es que en realidad tengo que hacer una revisión de cosas y por ahí explicar mucho, pero lo que sucede es que te das cuenta que no estamos tan lejos. No estamos lejos de que una persona venga a acosarte. Te hace pensar en las formas de relacionarte, en las formas en las que uno busca aprobación. Te hace pensar: “¿Cómo encarás una relación? ¿Qué te llama la atención de otra persona? ¿Qué es lo que te hace bien? ¿Qué buscás que el otro apruebe de vos? ¿Cuánto tiempo tardás en darte cuenta de que la persona con la que te estás relacionando puede tener actitudes enfermizas?“. Hasta que te das cuenta de que una persona está totalmente fuera de sí, andá a saber cuánto tardaste y qué compartiste. Es el riesgo de abrirle la puerta a alguien que no conocés, pero en el medio hay un montón de cosas que pasan. Y eso es lo interesante. También el personaje tenía una frustración y unas ganas de pegarla como actor y se aprovechaban de eso.
-¿Vos te identificaste con esa parte del personaje actor?
-Sí. Mi carrera y mis posibilidades actuales indefectiblemente fueron otras, porque desde muy chico estuve expuesto a la pantalla. Tuve oportunidades muy tempranas para poder actuar y aprender, que es diferente a lo que le pasa a muchos actores. Por eso, yo entiendo cuando me dicen nepo baby (N. d. la R.: una expresión que alude a ser hijo de una persona famosa y usar esas conexiones para llegar a un objetivo)
-Nunca renegaste de tu apellido
-No, porque primero entiendo que cuando alguien que está fuera del medio te ve laburar, lo que ve es que sos “hijo de”. Pero cuando estás adentro del medio te das cuenta que dos veces te pueden llegar a dar la oportunidad para que labures si tu viejo o tu familiar significa un negocio o significa algo, pero que no te van a regalar la plata. Es verdad que te abre ciertas puertas sobre todo al principio. Te abre puertas como también te las puede cerrar.
-¿Sentís que se te cerraron más puertas o se te abrieron con el apellido?
-Creo que se me han abierto. Lo que pasa es que después tenés que mantenerlas abiertas vos.
-¿Sentís que también algunas se cerraron?
–No, porque la realidad es que yo voy laburo 12 horas y no pido ni un juguito. El productor va a ver si le soy redituable o no. Si entiendo una directiva, si entro en la dinámica de laburo, si soy eficiente.
-¿Alguna vez sentiste que tu padre te expuso? ¿Te molestó de chico ser conocido?
-En la adolescencia porque había algo de rebeldía. Significaba que la burla iba a ir a lo mismo que a mi viejo. Pero nunca apunté a otra cosa que no fuera la actuación. No he hecho una carrera en la que haya tenido que pasarme la noche quemándome las pestañas. Entonces, ahora cuando me encuentro con este texto y esta metodología a veces me cuesta, me quedo estudiando hasta las 2 de la mañana porque no solamente te tiene que quedar la letra, sino que la tenés que interiorizar. Es un laburo que es lento y es tortuoso también. Hermoso, pero complejo.
-Se te ve prudente con tus palabras…¿Tiene que ver con tu crianza?
-En un momento ya no sos más el producto que hicieron tus padres.
-¿Era un lío tu casa?
-Sí…no cumplí prácticamente ninguno de los ritos que pueden ser de la clase media. Me mudé siempre, fui a diferentes colegios, terminé la escuela como pude, repetí, no tengo el mismo grupo de amigos de toda la vida.
-¿Repetiste varias veces?
-Sí, repetí cuarto grado, repetí en secundario, porque tal vez en mi casa me decían: “No querés ir al colegio, no vayas, pero hacé algo, tenés que hacer algo”. Entonces, de golpe, cuando te dan esa libertad, por un lado, pensás que está buenísimo y, por otro lado, te das cuenta que esa libertad te permite tomar decisiones que tal vez no son las mejores. Ni las más productivas. Un año repetí porque falté mucho, porque había estado rodando la película Buenos Aires viceversa y tenía una maestra que era bastante pelotuda [sic] que me exponía delante de mis compañeros. Si hubiese existido la palabra bullying en ese entonces, yo creo que esa maestra lo estaba haciendo. Yo faltaba porque estaba trabajando, grabando y al otro día me decía: “Pasá al frente”. Le digo: “Pero no vine ayer” y me hacía pasar igual. Y de golpe cuando sos chico no tenés las herramientas para solucionar esa exposición. No quiero que parezca que estoy llorando por eso, pero a lo que voy es que antes había cosas que no estaban institucionalizadas. Era otra la psicología que se manejaba. Recién ahora la gente de la generación de mis padres hace un poco de terapia, pero antes era: “Che Carlitos tiene un problema, dale más fuerte con el cinto”. Hoy cambió un poco todo eso y también nos pasamos. Ahora si Fernandito no quiere hacer tal cosa no hay que obligarlo. ¡Dale un patadón a la criatura emocional! No le pegues de verdad, castigo físico, pero hacele entender que tiene que hacer cosas.
-Si fueses padre te gustaría que tus hijos tuvieran una educación más organizada que la que vos tuviste…
-No, pero hay cosas que por ahí son incómodas y no son tan divertidas y las tenés que hacer. Por más que sea un plomo hacer que tu hijo estudie en tiempo y forma, lo tenés que hacer. Tenés que agarrarlo y decirle: “Mirá, nene, tenés que estudiar”. Y yo medio que siempre he zafado porque era simpático. Me han dado un montón de herramientas, pero qué sé yo. No tengo nada para recriminarle a mis padres, porque creo que han hecho todo lo que pudieron, todo lo que debieron y más teniendo en cuenta la matriz de dónde venían, ¿no? Gente muy cagada palos por la vida. Entonces, hoy hacerle un revisionismo desde la mirada de un colegio New Age a una persona como mi viejo que vendía bocadillos en el tren y a mi vieja que se fue a los 15 años de la casa porque los padres no eran copados y era todo un garrón. O culpar a mis abuelos por lo que pudieron haberle hecho a mi vieja hoy, en 2026, con el celular, el auto y comiendo sushi todos los martes sería un poco una forrada. Eso me parece. Acá estamos. Estos son. Salimos a la cancha. El 19 de junio voy a cumplir 40 años: ya no soy el producto de mis padres. Estoy muy agradecido por cómo se han dado las cosas en mi vida y también creo que después de hacer terapia en un momento empezás a entender que hay muchas cosas que uno no maneja, pero que muchas veces uno no confía en sí mismo, no apuesta por uno mismo y le tiene miedo al fracaso, pero hay que darle para adelante igual.



