Las grandes empresas, tal como se las conoce hoy, no nacieron necesariamente con la sustentabilidad en su ADN. Pero, los últimos años fueron claves para que empiecen a pensar y a transformarse hacia soluciones “más verdes”.
Esta visión fue el eje del panel “De la certificación a la transformación: el desafío de crecer con impacto”, que se llevó a cabo en la 10° edición del Summit de Sustentabilidad organizado por LA NACION. La periodista Carla Quiroga habló con Marcelo Mattio, vicepresidente de Urbano, Gustavo Castagnino, director de Asuntos Corporativos, Regulatorios y Sustentabilidad ESG de Genneia y Mariana Petrina, directora de Comunicación, Asuntos Públicos y Sustentabilidad de L’Oréal Groupe Argentina sobre cómo compañías de sectores tan distintos (logística, energía y belleza) están incorporando la sostenibilidad a sus modelos de negocio.
No alcanza con tener una política ambiental, una campaña puntual o un sello para mostrar. La sustentabilidad empezó a entrar en la operación, en las finanzas, en la forma de producir, en la logística y hasta en la manera de pensar la innovación.
Hacia un camino más verde
En el caso de Genneia, la transformación fue más estructural. “La empresa nació como una empresa de energía tradicional, con mucha energía térmica. Hace 14 años teníamos un parque de energía eólica en el sur muy chico y, con el transcurso de los años, nos fuimos transformando en una empresa de energía renovable”, recordó Castagnino. Ese cambio implicó un proceso de desinversión en plantas térmicas y un fuerte giro hacia la generación limpia. Según detalló, la compañía cerró siete plantas térmicas y hoy el 95% de sus ingresos proviene de energía renovable, principalmente eólica y solar.
Desde otro sector, la directora de L’Oréal también describió un cambio de modelo importante que nació como decisión de la compañía de avanzar desde una lógica industrial lineal hacia una industria circular. “Eso implica repensar ingredientes, procesos, empaques, energía, residuos y hasta el vínculo con el consumidor”, explicó Petrina.
Uno de los primeros hitos fue la decisión de no testear productos en animales. Para una empresa que trabaja con productos vinculados a la salud del consumidor, esa definición no era menor. L’Oréal desarrolló hace más de 30 años Episkin, una piel humana reconstruida in vitro que permite realizar testeos sin recurrir a animales. Según Petrina, fue una decisión tomada 15 años antes de que la legislación europea lo exigiera.
Mientras que en Urbano el camino tuvo otro punto de partida. La empresa opera en logística de última milla, un sector asociado al transporte. Por eso, la pregunta en este sector es inevitable: “¿Cómo se puede hablar de sustentabilidad en una compañía que necesita del combustible para funcionar?“. De acuerdo a Mattio, la respuesta empezó en 2020 cuando decidieron avanzar hacia un modelo de triple impacto, que no solo mide la ganancia económica, sino también el impacto social y ambiental.
Uno de los consensos del panel fue que la sustentabilidad ya no puede quedar encerrada en un área específica. Para que tenga impacto real, debe atravesar toda la organización.
Mattio contó que, después de iniciar el recorrido junto a la organización Sistema B, Urbano obtuvo la certificación como empresa B en octubre de 2025. Pero aclaró que llegar al sello fue como correr una maratón y, luego de obtenerlo, contó que “algunas cosas no cambiaron porque ya se venía corriendo a cierto ritmo”.
Pero lo que sí cambió fue la forma de ordenar y explicar los procesos. La certificación, dijo, funciona como un marco que permite mostrar de manera más clara qué hace la compañía y cómo mide su impacto. Pero el cambio más profundo está en la gestión diaria: compras de impacto, servicios comerciales pensados para determinados clientes, acceso a financiamiento, rutas más eficientes, reducción del consumo de combustible, movilidad eléctrica y procesos de desplastificación. “La sustentabilidad en Urbano ya no es un área; está metida en la estrategia”, afirmó.
En la empresa de belleza, la lógica es similar. Petrina explicó que el programa global L’Oréal por el Futuro fija objetivos hacia 2030 y ordena la transformación de la compañía. Entre los avances mencionó que el 100% de los sitios de la empresa ya se abastecen con energías limpias, que el 50% del agua utilizada en sus productos se recicla totalmente y que la meta es llegar al 100% en 2030. También destacó que la compañía trabaja con 98% de ingredientes naturales en sus fórmulas y con 95% de ingredientes naturales, trazados o minerales abundantes para los empaques.
Además, en Argentina, la empresa lleva adelante desde hace cuatro años el programa Hair Styling for the Future, “que ya capacitó a más de 2000 peluqueros en reducción del consumo de la energía y agua, y en gestión de residuos”. Para Petrina, eso demuestra que la sustentabilidad no se limita a lo que ocurre dentro de la compañía, sino que se extiende a clientes, proveedores y consumidores.
En Genneia, Castagnino explicó que el crecimiento de la empresa estuvo enfocado en especializarse en energía renovable, impulsado por la demanda de otras compañías que necesitaban abastecerse con energía limpia y en una tendencia internacional que apuntaba en esa dirección. Ese posicionamiento le permitió a la empresa acceder a financiamiento internacional a través de bonos verdes, bancos de desarrollo europeos y canadienses, y organismos multilaterales.
El contexto geopolítico importa
Castagnino detalló que la empresa ya invirtió US$2000 millones, de los cuales US$1200 millones provinieron de bonos verdes y US$800 millones de bancos de desarrollo. Además, remarcó que la compañía es el principal emisor de bonos verdes de la Argentina y que el primer financiamiento del banco de desarrollo de Canadá en el país fue destinado a Genneia.
Ese acceso al capital internacional estuvo muy vinculado a la agenda ASG (ambiental, social y de gobernanza). Sin embargo, Castagnino advirtió que el contexto global cambió. “Hace tres años el driver verde era muy fuerte entre bancos de desarrollo y fondos de inversión, pero el reposicionamiento político de Estados Unidos y de otros países modificó el ritmo de esa agenda”, explicó, pero igualmente se está trabajando mucho en todo lo que tiene que ver con infraestructura eléctrica y este es uno de lo principales desafíos argentinos.
“No podés generar más energía para que llegue a la demanda si no tenés transporte eléctrico”, planteó. En ese contexto, Genneia acaba de formalizar la compra de Transener, la empresa de transporte de alta tensión más importante del país, con 18.000 kilómetros de redes. También trabaja en almacenamiento y baterías, dos piezas clave para el futuro energético.
La geopolítica, agregó Castagnino, volvió a poner sobre la mesa otro concepto: la soberanía energética. En un mundo atravesado por conflictos, tensiones comerciales y riesgos sobre rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, los países se preguntan cómo garantizar su abastecimiento. La agenda verde sigue vigente, pero convive con la necesidad de asegurar energía en contextos inciertos.
El lujo también puede ser sustentable
Otro punto clave de la charla fue que lo que antes no era una exigencia por parte del consumidor, hoy empieza a ser parte de la decisión de compra. Petrina explicó que las generaciones más jóvenes ya no solo preguntan qué producto ofrece una marca, sino qué propósito tiene. Buscan saber qué hace esa compañía por ellas, por el planeta y por la sociedad. Esa demanda atraviesa tanto a las marcas masivas como a las de lujo. “El lujo hoy también es sustentable”, afirmó.
Uno de los ejemplos más concretos son los envases rellenables. “Esta opción no solo puede resultar entre un 20% y un 50% más económica, sino que no deja de ser aspiracional”, afirmó la vocera. La empresa trabaja en la Argentina con 16 marcas, de las cuales nueve ya ofrecen opciones de productos para rellenar. Según Petrina, este formato permite conservar el envase original y comprar solo el repuesto.
La venta de estos formatos crece a nivel global, pero, en la Argentina, sin embargo, cuesta un poco más. “Todavía queda un trabajo de educación: el consumidor necesita entender que no pierde calidad, tecnología ni aspiracionalidad por elegir un refill”, aseguró.
El modelo se puede monetizar
En Urbano, la certificación B también abrió puertas desde el punto de vista económico. Mattio explicó que este modelo es monetizable: mejora el acceso a financiamiento, fortalece la reputación, ayuda a construir marca empleadora y prepara a la empresa para futuras regulaciones. “No somos una ONG. El triple impacto no es filantropía; es una manera distinta de construir negocio”, afirmó.
Según el vicepresidente de la compañía, además del financiamiento que ayuda el sello ayuda a conseguir, también otorga reputación a una marca empleadora: “Hay chicos que quieren trabajar con nosotros porque tiene la certificación y porque también las empresas que tienen este modelo de negocio se preparan para el mundo complicado del futuro”.
Pero también, aseguró que este tipo de empresas se preparan para cuando empiecen a haber regulaciones. “Argentina está un poco más atrás en este tema, hay un ambiente político donde hay poca importancia. Es más, la ley de embaces no está puesta en la agenda legislativa, pero va a estar, no hay manera de que el desarrollo no sea sostenible. El desarrollo solo económico no tiene destino”, agregó.
A su vez señaló que los clientes también empiezan a mirar con más atención cómo se mueve un producto, qué impacto genera y qué trazabilidad tiene.
Un impacto social cada vez más grande
La conversación también dejó claro que la sustentabilidad no se reduce a lo ambiental. El impacto social fue otro de los ejes centrales.
En el caso de L’Oreal, la empresa trabaja la dimensión social a través de Belleza por el Futuro, un programa que cumplió 10 años en 2026 en la Argentina y capacita a personas en situación de vulnerabilidad para que puedan acceder a un empleo. A nivel global, Petrina señaló que los programas sociales de la compañía ya beneficiaron a más de 4 millones de personas.
Por su parte, Mattio destacó que la empresa genera empleo, oportunidades y capacitación en distintas provincias. También contó que uno de los programas más importantes es el trabajo con la Fundación Espartanos, con la que colaboran desde 2016 para ofrecer oportunidades laborales a personas que salen de la cárcel.
“Somos parte del club de empresas espartanas y del programa Entretiempo, que brinda seis meses de capacitación para que quienes recuperan la libertad puedan contar con herramientas para reinsertarse en la vida laboral. En algunos casos, esas personas terminan trabajando en Urbano. Son segundas oportunidades. Esto también es parte del impacto social”, contó.
El futuro: inteligencia artificial, trazabilidad y nuevas regulaciones
Para cerrar, los tres expositores coincidieron en que los próximos desafíos serán más exigentes pero acordes con el futuro que se viene.
Castagnino puso el foco en el consumo energético de la inteligencia artificial. “El consumo de los data center que trabajan con la IA es inconmensurable. La cantidad de energía es enorme, se viene un desafío gigante para el mundo”, aseguró.
Pero también, uno de sus principales desafíos tiene que ver con el proceso de descarbonización. “Viene muy fuerte, es inevitable, pero es un camino con altos y bajos en el que hay que ir adaptándose. Los desafíos aparecen todos los días. Además de verdes tenemos que ser eficientes y tenemos que ser competitivos y Genneia se presenta como un pilar importante para la sustentabilidad de empresas como las de mis compañeros del panel”, afirmó el director de Asuntos Corporativos, Regulatorios y Sustentabilidad de la compañía.
Mattio sumó otro tema clave: la trazabilidad. “Las regulaciones que vienen exigirán saber de dónde viene un producto, hacia dónde va y qué se hace con él; y ahí la logística es el registro vivo de todo eso”, explicó. Para lograrlo, sostuvo, el sector deberá incorporar inteligencia artificial y nuevas herramientas que permitan trazar cada etapa con mayor precisión.
Esa información, aseguró, será fundamental para que compañías como L’Oréal puedan demostrar el origen de sus ingredientes, el recorrido de sus productos y el impacto de sus empaques. Petrina agregó que incluso se puede medir la energía utilizada en campañas de marketing digital para reducir su impacto. “Se puede hacer todo hoy”, planteó, aunque aclaró que requiere innovación, decisión y trabajo colectivo entre empresas.



