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Península de Valdés: una estancia centenaria se abre al turismo para ver ballenas de muy cerca

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Como en cada primavera patagónica, la protagonista de un espectáculo único, visual y sonoro, es la ballena franca austral. El suceso acontece en Península Valdés y el primer censo difundido registra la llegada de los primeros 1300 ejemplares al comenzar esta temporada, a mediados de año. Sus saltos acrobáticos y estruendosos, su imponente posición vertical, bautizada “de espionaje”, y los jugueteos entre madres y crías sobre la playa conforman un espacio de turismo ecológico y rural que combina caminatas y avistajes embarcados.

La estancia centenaria Las Charas, fundada en 1924 en Península Valdés, ofrece avistajes de ballena desde la playa, circuitos de trekking y visitas al casco

La llegada de las ballenas a la zona de reproducción del sur argentino se produce en forma escalonada y, de septiembre a noviembre, lo hacen en mayor cantidad. Primero arriban las madres gestantes, luego los adultos reproductores y, finalmente, las más jóvenes. Entre las propuestas para disfrutar de cerca la presencia de este mamífero gigante, en la provincia de Chubut la estancia Las Charas abre un acceso exclusivo a la Bahía de las Ballenas, y rescata otros atractivos de su flora y fauna local, con algunas especies poco conocidas.

La historia cuenta que Península Valdés, cuyo nombre homenajea al ministro de Marina español Antonio Valdés, promotor de los viajes realizados a fines del siglo XVIII por navegantes que vinieron a relevar esta zona, alcanzó su auge a partir de las intrépidas familias, en su mayoría europeas, que se mudaron para dedicarse fundamentalmente a la ganadería, datos que destaca el escritor chubutense Hugo Antonio Albaini.

La ciudad española donde las tapas son inolvidables y la arquitectura sorprende a cada paso

Los tiempos cambian y algunas de aquellas familias optaron por renovarse promoviendo el turismo. Las Charas, fundada en 1924 por el ascendiente ganadero Armenio Paz (nacido en la provincia de Córdoba), junto a Martín Betelu (español), se reconvierte hoy y, desde su lugar estratégico dentro del entorno natural protegido de Península Valdés, diseña variadas propuestas para los visitantes.

Esta estancia cuenta dentro de sus límites con la exclusiva Bahía de las Ballenas (en aguas del Golfo Nuevo) y comenzó a transformar las 7328 hectáreas de su campo, adonde ya no hay ovejas. “Antes estaba dividido en cuadros para el manejo de la hacienda. La nueva administración decidió quitar los alambrados y recuperarlo como fue en sus orígenes, con sus pastizales, flora y fauna autóctona”, describe Guillermo Paats, encargado de la gestión turística.

“Esa única superficie con el suelo recuperado hace que retornen animales autóctonos como los pumas, guanacos, huemules, maras (roedor endémico parecido al conejo) y choiques (o ñandú petiso, llamado así por ser más bajo que los comunes), cuyas crías se llaman charitas” y se las relaciona con el nombre de la estancia, porque abundaban en este campo que ahora intenta recobrar sus pastos duros y sus arbustos espinosos.

También se accede a ver una colonia de lobos marinos durante todo el año

Gigantes en la mira

Cada temporada llegan a Península Valdés entre 1500 y 2000 ballenas francas, y la zona se prepara para ofrecer las mejores vistas y recorridos a turistas de todo el mundo. Entre tantas, Paats enumera las que se originan desde Las Charas: “La excursión Costa de Gigantes, que opera hasta mediados de octubre y coincide con la época en todas estas costas. Combina el avistaje costero con una caminata interpretativa y otro avistaje embarcado en las aguas de Puerto Pirámides. Visitamos playas donde las ballenas se acercan a pocos metros de la costa, como es el Área Natural Protegida El Doradillo”, señala.

“También dentro de Las Charas realizamos un trekking costero junto a guías naturalistas que introducen a los visitantes en antiguas historias del lugar y describen datos sobre los restos óseos de ballenas, como cráneos, costillas, vértebras, que conforman el paisaje. Esta temporada las corrientes depositaron en las costas de la bahía tres ejemplares que están dentro de los índices normales de mortalidad”, los cuales, según recientes descubrimientos, pueden superar los cien años.

Durante las caminatas es habitual encontrar restpos de animales

Sobre estas excursiones, Paats destaca que “en Puerto Pirámides se hacen los avistamientos embarcados, observando a estos gigantes del océano” que llegan a medir hasta 18 metros de largo y pueden pesar hasta 50 o 60 toneladas. Ver cómo se alimentan nadando con la boca abierta para capturar pequeñas presas y empujando luego el agua hacia afuera con las barbas ofrece una perspectiva visual distinta y fascinante”.

Se puede visitar el casco de la estancia, con vista al mar

Este avistaje se hace en “grupos reducidos dentro de la embarcación y con acompañamiento personalizado”. La excursión completa Costa de Gigantes se extiende hasta el 15 de octubre y lleva todo un día. “Salimos a las 8.30 de la mañana y, generalmente, estamos volviendo alrededor de las 16”, estima.

Lobos marinos todo el año

Otra actividad planificada, pero que no cesa en octubre, “es la visita a lo largo de todas las huellas del campo de Las Charas, interpretando el ecosistema que tiene la estepa patagónica hasta llegar a la costa del extremo este, donde se encuentra una colonia impresionante de lobos marinos, que podemos observar desde uno de los acantilados, que no son muy altos; tienen unos 15 metros aproximadamente”, cuenta el agente turístico, sobre esta experiencia que “demanda entre cuatro y cinco horas”.

Paats amplía que luego los visitantes pueden ir a la casa principal de la estancia, “ubicada sobre un acantilado, con una vista increíble del golfo Nuevo (ubicado al noreste de Chubut) donde se puede almorzar o tomar un té”, entre otras posibilidades gastronómicas.

Las ballenas con sus crías se acercan a la costa

A Las Charas se llega desde Puerto Madryn. “Está a 50 kilómetros, que son unos 35/40 minutos de viaje; todo por asfalto hasta la entrada y, desde la estancia hacia adentro, son 5 kilómetros hasta el casco, con caminos de tierra, pero en muy buen estado, muy consolidados”.

Estas excursiones son aptas para todo público, aunque el especialista advierte que “algunas pueden ser dificultosas para gente con problemas de movilidad, porque se transita por caminos que, si bien son de terreno firme, tienen algunas bajadas y subidas complicadas” y recomienda ir con “ropa cómoda, tipo cebolla, como decimos nosotros, aunque de septiembre a noviembre el clima mejora mucho; calzar zapatillas tipo trekking, usar gorras y anteojos para sol y protector solar”.

Datos útiles

Excursión Costa de Gigantes: $225 mil para los mayores y $185 mil para menores de 12 años. (No incluye ingreso a Península Valdés, que lo abona cada pasajero).

Avistaje de ballenas embarcado en Puerto Pirámides (opcional): $195 mil para adultos y un cincuenta por ciento de descuento para menores de 12 años. (No incluye almuerzo).

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