Autor: Michel Tremblay. Dirección: Manuel González Gil. Intérpretes: Miguel Ángel Solá, Mercedes Funes. Vestuario: Lara Sol Gaudini. Escenografía: Lula Rojo. Iluminación: Matías Sendón. Música: Martín Bianchedi. Sala: Paseo La Plaza, Corrientes 1660. Funciones: viernes a las 20, sábados a las 19.30, domingos a las 19.15. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: buena
El canadiense Michel Tremblay es un narrador y dramaturgo muy singular dentro del campo artístico de su provincia natal, Quebec. Comenzó su carrera a mediados de la década del 60 y, desde entonces, ha desarrollado una actividad muy prolífica que intercala producciones teatrales y también novelas.
Nacido en un barrio obrero de Montreal, ha sido muy afecto a diseñar personajes y ambientes en los que se utiliza un lenguaje muy alejado de aquel que forma parte de su sociedad, plagado de expresiones que se aproximan mucho a la exquisitez. Hasta hay cierto placer en ello, porque por años ha cuestionado vivir en una ciudad en la que se hablan dos idiomas, el francés y el inglés.
Tremblay siente, además, cierto gusto por desarrollar personalidades femeninas por lo que podemos intuir que en la pieza Por el placer de volver a verla (1998) homenajea a su madre.
Esta es la tercera puesta que el director Manuel González Gil realiza sobre este texto. En 2009, lo montó en Buenos Aires con un elenco integrado por Virginia Lago y Manuel Callau. Un año después lo llevó a escena, en Madrid, con las actuaciones de Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza y ahora lo retoma para presentarlo en el Paseo La Plaza, luego de que el espectáculo realizara una gira por distintas ciudades del interior del país.
En escena vemos a Miguel, un estudioso de la literatura y escritor teatral que decide rememorar aspectos de su pasado. Su memoria le devolverá la presencia de su madre. Una mujer de carácter muy intenso (casi insoportable) que no solo lo educó enseñándole valores muy férreos, sino que, además, lo introdujo en el mundo de las novelas y también del teatro. Y hasta logró apoderarse de él, corriéndolo del universo en el que se desarrollan las vidas de su padre y sus hermanos mayores.

En el recuerdo de Miguel su progenitora asoma como una mujer sumamente activa. Posee respuestas para todas las preguntas que él le hace (a veces inventa o miente). En su mente las palabras parecieran aflorar en una continuidad lógica que provoca asombro. En esa casa siempre se dice la verdad y allí todo debe exponerse con suma certeza. Las reglas son estrictas, pero también es profundo el amor que va fortaleciendo este vínculo.
El espectador tendrá la posibilidad de ver crecer a ese niño hasta convertirse en un destacado profesional. Él, al contrario de su madre, es un hombre algo sombrío, que ha crecido buscando explicaciones a cuanto planteo le generará dudas. Su personalidad se fue moldeando despacio y esto parecería haberlo llevado a una introspección muy aguda y también a la soledad.
En contraposición, su madre resulta una contrafigura muy opuesta. González Gil marca muy bien las diferencias en escena. Mientras Mercedes Funes realiza una composición de esa madre en un tono por momentos casi caricaturesco (es qué en su afán por imponerse, su actitud frente a la vida y a ese hijo, no logra detenerse), Miguel Ángel Solá se mueve en dos planos. Un presente que lo va definiendo, tratando de encontrar confianza, y un pasado que, a veces, lo inquieta y otras le aporta cierta carga de melancolía.
En ambos casos los intérpretes exponen una sabiduría y una sensibilidad a la hora de la representación que es muy notoria.
Aunque la madre ha logrado opacar la vida del hijo, él necesita volver a verla, a tenerla cerca, a refugiarse en sus enseñanzas y dictámenes.
Funes y Solá recrean a esos personajes con la seguridad de que en esa especie de duelo que Miguel necesita transitar, por sobre todas las cosas, la vida y el amor irán de la mano, siempre. Y, eso, el público lo agradece con mucho entusiasmo.
Lula Rojo desde la escenografía, Matías Sendón a través de la luz y la música de Martín Bianchedi, posibilitan que la experiencia adquiera una mayor profundidad poética.
3 stars


