River atraviesa horas turbulentas. Hay varios frentes abiertos y el panorama es complejo cuando el segundo semestre está en pañales, pero ya sin el paraguas protector del Mundial. La eliminación ante Aldosivi en los 16os de final de la Copa Argentina fue un golpe duro, pero maquillado mediáticamente por la dulce espera de una nueva final para la selección argentina.
En medio de la dudas, las buenas noticias fueron que Nicolás Otamendi -se despidió de la selección con un sentido posteo en redes-, el líder tan esperado para tener una voz de mando en la defensa, realizó su primera práctica en River y también que se reincorporó Gonzalo Montiel, pedido a gritos luego de la mala actuación de Giovanni González en la Copa Argentina. Además, después de muchas idas y vueltas, se confirmó la incorporación de Angel Correa, que este viernes se hizo la revisión médica y firmará un contrato hasta diciembre de 2029.
Sin el foco puesto en Estados Unidos, River se metió nuevamente en el centro de la escena al igual que Boca, aunque con un desgaste futbolístico que amenaza poner en jaque a Eduardo Coudet. De hecho, a falta de una amnistía salvadora de la AFA, como sucedió antes del inicio de otros certámenes, el DT no podrá sentarse en el banco el próximo sábado, cuando River recibirá a Barracas Central. Expulsado por un exceso verbal contra el árbitro Yael Falcón Pérez en la final del Apertura ante Belgrano, el Tribunal de Disciplina le aplicó dos fechas de suspensión sin posibilidad eludir la pena mediante el pago de una multa. Es por eso que Ariel Broggi, su nuevo ayudante de campo principal, sin ningún tipo de vínculo previo al club de Núñez, dirigirá en el campo de juego en la 1a. fecha del Clausura.
Aunque se trata de un asunto menor en comparación con otros problemas, es un ejemplo de que River encuentra dificultades en todos los planos. La tarde del jueves llegó con un nuevo capítulo de la novela mexicana con Tigres, que modificó sus exigencias para concretar la venta de Ángel Correa. El delantero, de 31 años, tuvo que dejar Monterrey agotado por las faltas de respeto acompañadas de amenazas que recibieron él y su familia. Pese a que la entidad que preside Stefano Di Carlo se comprometió a pagar 15 millones de dólares brutos por el atacante nacido en Rosario, la transferencia llevó más de un mes en tratativas, aunque terminó cerrándose y ahora resta saber cuándo será su debut en Núñez.

Al mismo tiempo, otro conflicto sacudió la tensa calma de River. Un rato después de que el club diera a conocer que por razones personales prolongó la licencia de Juan Fernando Quintero después de que Coudet asegurara que hoy se iba a reintegrar al plantel tras participar del Mundial con Colombia, el enganche rompió el silencio sobre su futuro, una pregunta que evadió en cada rueda de prensa, y no fue nada diplomático en el reportaje telefónico que le concedió a ESPN: “Con Coudet no hablo desde que me fui, no soy prioridad para él”. Y, a contramano del anuncio del técnico, expuso una contradicción: “El entrenador dijo una cosa, pero antes del Mundial había hablado otra con el presidente, con quien tengo una muy buena relación”.
Si bien no confirmó dónde jugará durante este semestre, Juanfer tiene los días contados en River. Su contrato rige hasta el 31 de diciembre de 2027, con una cláusula de salida valuada en tres millones de euros. Más allá de ese panorama, sus palabras despertaron polémica y generaron una división entre los hinchas que respaldan su postura, entendiendo que Coudet no le concede suficientes minutos (fueron 455 distribuidos en 12 partidos oficiales, apenas tres de ellos como titular), y aquellos que tomaron como una señal negativa su aparición mediática.

Mientras tanto, Chacho espera refuerzos. Hasta ahora cuenta con cinco caras nuevas (Nicolás Otamendi, los uruguayos Mauro Arambarri y Giovanni González, Lucas Beltrán y Rafael Borré), pero aguarda más llegadas. Además de catalogar como “un papelón” la caída ante Aldosivi y de admitir que fue una “decisión del club” marginar del día a día a los futbolistas que se entrenan en el predio Cantilo, el DT expresó sus necesidades: “Estamos buscando completar y generar competencia en todas las posiciones. Tenemos que poder cerrar muchas cosas lo antes posible”.
En la vereda opuesta, la banda de Cantilo escucha ofertas. Sin Paulo Díaz ni Maximiliano Meza, que rescindieron sus vínculos para unirse a Atlanta United (Estados Unidos) e Independiente, respectivamente, el grupo nutrido de futbolistas marginados, con Germán Pezzella como nombre de mayor resonancia, le da la bienvenida este viernes a los mundialistas Kevin Castaño (Colombia), Kendry Páez (Ecuador) y Matías Galarza (Paraguay). Tras concluir sus vacaciones después del Mundial, escucharán propuestas, sabiendo que River no torcerá el rumbo en ninguno de los casos.
Como si todo eso fuera poco, River está fuera de la reglamentación con el cupo de extranjeros: tiene siete contratos vigentes sobre seis permitidos, de acuerdo al convenio establecido por la AFA y Futbolistas Argentinos Agremiados. Aunque ambos organismos autorizaron la inscripción del colombiano Rafael Santos Borré, último en sumarse, la situación expone que la secretaría técnica encabezada por Enzo Francescoli, que tiene bajo su órbita al director deportivo español Pablo Fernández Longoria, no pudo desligar de la institución a Páez ni al uruguayo Matías Viña, que están a préstamo hasta el próximo 31 de diciembre.
Es cierto que River no registró en la lista de buena fe a Castaño, Páez ni Viña, motivo por el que fue aceptada la excepción. Sin embargo, eso también deja en claro que hubo impericia en el cumplimiento con la normativa.
Uno de los pocos protagonistas que aprobaron aquella noche en Salta fue Lautaro Pereyra, que tiene 18 años de edad, se perfila para ser titular contra Barracas y, a diferencia de los nombres de peso relegados en Cantilo, cobra un sueldo básico en pesos, sin ninguna remuneración en dólares. Una simple muestra de que River debe seguir revisando su política en materia de manejo futbolístico para enderezar el rumbo cuanto antes.


