Abrazado al empate como si fuera un madero en medio de un naufragio. De esa manera se mantiene a flote en los octavos de final de la Copa Sudamericana. Así terminó River en Bogotá, donde lejos estuvo de darle continuidad a la mejoría futbolística que insinuó contra Argentinos. Su salida de visitante en los playoffs estuvo a tono con lo que fue su recorrido en la etapa de grupos: sufrimiento hasta el último segundo, complejidad para poner el desarrollo bajo control, dependencia de circunstancias aleatorias, como que Independiente Santa Fe pegara dos tiros en los palos, se excediera en un lujo en una definición o fallara un cabezazo casi en el área chica. Lo mejor que se llevó fue el 0-0 para definir el miércoles próximo en el Monumental.
La defensa que se vio obligado a armar Coudet fue todo un contrasentido con el objetivo de conformar un gran plantel, con variedad y recambio para cada puesto. Pero las previsiones fallaron, o se hizo una lectura equivocada. De los nueve refuerzos que llegaron, solo se podían inscribir cinco en la nueva lista para la Copa Sudamericana. Quedaron afuera los laterales Giovani González y Francisco Ortega. Lesionado Montiel, no hubo un sustituto natural; tampoco estaba en condiciones de reaparecer Acuña. Ambos sufren lesiones musculares con demasiada frecuencia, un factor que no se tuvo en cuenta. La última línea tuvo anoche una composición inédita, en nombres y funciones: Martínez Quarta debió correrse al lateral derecho, Otamendi pasó a primer marcador central e ingresaron Rivero y el juvenil Facundo González para cubrir el sector izquierdo. Y la conclusión que quedó es que la defensa se sostuvo prendida por alfileres; se vio favorecida por la impericia de Santa Fe en los ocasiones más claras.

Chacho Coudet tomó otras medidas conservadoras. Almada fue al banco para bajarle el trajín de dos titularidades en 72 horas y Vera reemplazó al delantero Freitas para ser escudero de Moreno en el eje central. Un River más laborioso para hacer pie en los 2640 metros de Bogotá.
La primera situación de gol fue para River, al minuto, con un cabezazo de Rivero que exigió una gran atajada al córner de Asprilla, el arquero que reemplazó al titular Mosquera, desgarrado. El partido había arrancado con buen ritmo, de transiciones rápidas, que expusieron tempranamente a Rivero a una amonestación por una entrada tarde y dura sobre Obrian.
Santa Fe volcó mayormente los ataques sobre la izquierda de River; hacia allí eran los movimientos de pivote de Hugo Rodallega, que a los 41 años se muestra ágil y resolutivo. Los foules se sucedieron a medida que los dos equipos se ocuparon por cortar rápido la salida rival con la pelota dominada. Había temor a quedar mal parado o verse en inferioridad numérica. River alternó entre la búsqueda a Borré con pelotas largas y el retroceso de Correa para armar juego y asociarse, pero por la derecha no aparecía el pibe Andrada y a Martínez Quarta se le hacía incómoda la proyección. También era demasiado intermitente Galván en la izquierda, por lo cual las buenas intenciones de Correa no encontraban interlocutores. Borré –Beltrán es otro de los que no está inscripto en la Sudamericana– sigue sin estar fino, se atropella con la pelota y empeora jugadas, como en una pared con Correa.
Pese a tener más la pelota en la primera etapa, River no evitó los sustos. Uno de ellos, propiciado por un mal control de Vera en una zona prohibida. Entre Beltrán, que alcanzó a rozar la pelota en una oportunidad, y los palos, se salvó en dos situaciones de peligro.
A River le faltaba volumen de juego, individualidades que levantaran el nivel. El desarrollo no terminaba de inclinarse para ninguno de los dos lados. Partido abierto a la incertidumbre, sin una tendencia marcada. No fue posible escuchar las correcciones de Coudet en la pausa de hidratación porque River censura los micrófonos de la Conmebol, prefiere pagar la multa, al igual que lo hecho por Boca en Paraguay frente a Recoleta.
Rivero sigue lejos de ser una garantía con la pelota en los pies, tiene imprecisiones que alarman; un control largo le dejó la pelota al ex-Talleres Nahuel Bustos, que tras eliminar a Rivero con un enganche definió con un sombrero por encima de Beltrán que se fue arriba del travesaño. Fueron segundos en los que a River se le cortó la respiración.
Bajó la intensidad de River en el primer cuarto de hora del segundo tiempo; le costaba juntarse con la pelota. Se imponía un refresh. Para la última media hora ingresaron Almada y Freitas por Borré y Galván, que habían dejado poco y nada en una hora de juego.
“LO IMPORTANTE ES EL ARCO EN CERO”
La palabra de NICOLÁS OTAMENDI tras el empate de River
#sudamericana pic.twitter.com/2Ck1GF2mzI
— TNT Sports Argentina (@TNTSportsAR) August 20, 2026
Independiente estaba mejor plantado, era más amenazante y River bordeaba algún exceso para contenerlo, como un empujón de Almada a Obrian dentro del área, que el árbitro consideró que no era tan fuerte como para sancionar penal. Obrian complicaba mucho sobre la derecha y la defensa visitante resolvía más de una vez en medio de urgencias, sacando la pelota como podía, con Otamendi al frente de la emergencia. Lo concreto era que Santa Fe tenía más la iniciativa y en un par de movimientos llegaba al área rival.
Los ingresados no le daban a River el aire que necesitaba. Le duraba poco la pelota, la perdía enseguida por la presión local o por imprecisiones. Santa Fe, con razón, se fastidió con el referí porque omitió dos foules sobre jugadores lanzados al ataque. Salvo en una escalada del pibe Lucero, River lo padeció el segundo tiempo. Esperó el final con la certeza de que el 0-0 era lo mejor que le podía pasar.


