Boca atraviesa un momento ideal en sus dos principales frentes. En el fútbol, acumula 14 partidos invicto, ya aseguró su lugar en los playoffs del Apertura y este martes irá por su tercer triunfo consecutivo en la Copa Libertadores, cuando enfrente a Cruzeiro en Belo Horizonte. En paralelo, el básquetbol también atraviesa un gran momento: se consagró campeón de la Champions League Américas por primera vez en su historia y, tras ese título que lo devolvió a la escena internacional, sumó dos nuevas victorias en la Bombonerita, primero ante Obras y luego frente a San Martín Corrientes, en otra noche de cancha llena y clima festivo.
Sin embargo, más allá del triunfo 98-95 sobre el Gallo, hubo un detalle que llamó la atención puertas adentro del club. Detrás de uno de los aros apareció una bandera con una consigna clara: “Román 2027”. El mensaje, breve pero elocuente, fue la primera señal visible de una posible candidatura de Juan Román Riquelme para buscar la reelección dentro de un año y medio. Y no es un dato menor: surge en medio de un presente deportivo que acompaña con resultados y un clima general que hoy juega a favor de la conducción.

La bandera, impresa con letras azules sobre fondo amarillo, incluía al pie la frase “sigan viendo”, la misma que utilizó la barra de Boca en su telón en homenaje a Leandro Paredes, inaugurado en octubre de 2025, antes de la goleada 5 a 0 frente a Newell’s. Es una expresión nacida en TikTok que La Doce incorporó como una forma de marcar superioridad. Sin embargo, el grupo liderado por Rafael Di Zeo no tiene injerencia real en el día a día del básquetbol, donde predomina un público más familiar, aunque también tienen peso distintos espacios políticos de la institución, desde movimientos menores hasta agrupaciones históricas, muchas de las cuales forman o formaron parte del gobierno del club en distintas etapas.
Cuando la imagen empezó a circular en las redes sociales y a través de la TV -el partido fue transmitido por TyC Sports-, en Boca se sacudió el avispero político. Si bien la bandera no llevaba firma, está claro que cualquier hincha no cuelga una bandera en ese lugar -tan visible-, con una inscripción de ese tenor sin algún tipo de respaldo. Pasó en gestiones anteriores y sucede también en la actual. En ese contexto, y pese a que ningún sector asumió su autoría, según pudo saber LA NACION, habría sido colocada por el movimiento “Locos X Boca”, vinculado a Alejandro Desimone, vocal titular del club y hoy a cargo del básquet.
¿A qué apuntaba el mensaje? Si bien Aleandro “Bocha” Desimone es un dirigente importante dentro de la gestión y conduce el básquet con buenos resultados desde la presidencia de Jorge Amor Ameal -lejos de los puestos de mayor poder, pero con peso en el funcionamiento cotidiano-, no integra el círculo más cercano de Juan Román Riquelme, más allá de que su trabajo al frente de la disciplina ha recibido elogios internos y externos.
En los pasillos de la Bombonerita circulan distintas interpretaciones: una de ellas apunta a que se trató de un gesto de agradecimiento por el respaldo institucional -visible en la inversión en la disciplina, con obras y contrataciones rutilantes-, aunque no es un área que marque la agenda política del presidente y Desimone tampoco forma parte de su círculo más cercano. Otras voces, en cambio, lo leen como una señal hacia el entorno de Riquelme: una forma de llevarle tranquilidad y dejar en claro que Desimone no tiene intenciones políticas independientes, más allá de la exposición que le dieron en el último tiempo los éxitos deportivos de la actividad.
Más allá de esa leve interna dirigencial, inevitable en un club con la exposición de Boca, hay un punto que no pasó inadvertido: la bandera fue colgada en la previa y permaneció durante todo el partido, incluso en un sector que suele estar reservado para otra insignia histórica, la que reza “Ser de Boca es magnífico”, perteneciente a Oscar Magnífico, un hincha emblemático del básquet que durante el juego hizo saber su malestar por no haberse respetado ese espacio.
A la vez, en la Bombonerita también se exhibía una bandera de “Soy Bostero”, la agrupación política que encabeza Juan Román Riquelme, y tampoco hubo pedidos para retirarla. Lo concreto es que nadie -ni desde la estructura del básquet ni desde la dirigencia- ordenó quitarla. Un detalle que, en el fondo, también expone una señal política: hoy, la intención de Riquelme es ir por la reelección en 2027.

Desde la reforma del estatuto impulsada por Mauricio Macri en 1996, ningún directivo puede ser reelecto más de una vez en caso de haber integrado la fórmula presidencial, compuesta por el presidente y el vicepresidente primero. Si bien Riquelme tuvo un rol determinante durante el mandato de Jorge Amor Ameal entre 2019 y 2023, el compañero de fórmula del dirigente de Berazategui fue Mario Pergolini. Riquelme, que figuraba en la boleta como vocal titular, ocupó entonces el cargo de vicepresidente segundo -posición que mantuvo tras la renuncia de Pergolini-, una función relevante en la dinámica diaria, pero que a nivel estatutario equivale a otros roles como secretario, tesorero o responsable de área.
En ese marco, Riquelme está habilitado para volver a presentarse, aunque -más allá de que hoy es su principal objetivo- aguardará que avance el calendario antes de tomar una decisión definitiva. De acuerdo con las encuestas a las que accedió LA NACION, los dirigentes con mejor intención de voto son Riquelme y Mauricio Macri, aunque ninguno manifestó públicamente su voluntad de competir. Ambos aparecen, además, con una ventaja considerable sobre otros nombres de la política xeneize, como Ricardo Rosica, Jorge Reale, Francisco Quintana, Diego Lajst o José Beraldi.
En el entorno del presidente sostienen que solo se bajaría de una eventual candidatura si tuviera la certeza de que no resultará ganador. Mientras tanto, apuntan a cumplir dos objetivos centrales en los 19 meses que restan de gestión: conquistar la Copa Libertadores y avanzar con la ampliación del estadio.
En lo deportivo, Riquelme considera que el plantel, con algunos ajustes a mitad de año -como la posible llegada de Paulo Dybala-, tiene con qué competir hasta el final. En paralelo, el club presentó en marzo un anteproyecto para llevar la capacidad de la Bombonera a más de 80.000 espectadores y ya trabaja en la obtención de los permisos necesarios para evaluar la viabilidad de una obra que, de concretarse, difícilmente no tenga impacto en las urnas.
En un club donde cada detalle cuenta, una bandera funcionó como punto de partida para la carrera por la presidencia, que por ahora no tiene aspirantes confirmados, pero que ya empieza a definirse alrededor de un candidato.


