“Tenemos que hacer un suplemento todos los días, no sólo los domingos y los lunes”. En el cuarto piso de Bouchard 557 estaba la anterior redacción de LA NACION. Enfrente de la Plaza Roma y a unos 100 metros del Luna Park. Y en un rincón, casi sobre los ventanales que daban a la calle Tucumán, la sección Deportes. Siempre diferente a todo. Bulliciosa, pasional, sanguínea. Lejos de un silencio bibliotecario.
Promediaban los noventa. Diario sábana, ese que incomodaba a muchos para leer durante los viajes en colectivo o en la playa los días ventosos. Como Deportes era distinto, fue prueba piloto del formato tabloide, que sólo salía los domingos y los lunes. Hasta que se tomó la decisión crucial para la concreción de un viejo anhelo e imperiosamente necesario: salir todos los días como tabloide, más amigable para la cultura del lector deportivo.
El día elegido para poner en marcha la nueva aventura fue el martes 16 de abril de 1996. Un desafío mayúsculo porque de movida el objetivo fue empezar a transformarse en un producto más revisteril. El diario papel, por ese entonces, seguía siendo el buque insignia, “la vaca lechera” en virtud de que la web recién estaba dando sus primeros pasos, lejos de la preponderancia que alcanzaría tiempo después. Y la Deportiva, de alguna manera, oficiaba de bálsamo, de lectura refrescante para los consumidores, en un país que sistemáticamente vivía como si fuera una montaña rusa.

Hace apenas 48 horas se cumplieron 30 años de aquel momento. Eran tiempos de eliminatorias para el Mundial Francia 98, ese de los penales con Inglaterra. La primera tapa fue una imagen de la llegada de los jugadores desde Europa y allí aparecen Roberto “Boquita” Sensini, Javier “Pupi” Zanetti y José Chamot.
En el medio, un desarrollo asombroso. Suplementos de 16, 20, 24, 28, 32 y hasta 40 páginas. Suplementos especiales de rugby, tenis, automovilismo, polo, golf, Juegos Olímpicos, Mundiales. Guías de los grandes acontecimientos. Bookazines. Incluso, lo que parecía imposible. En medio de una de las tantas crisis económicas, en 2002 se dividió la sección en dos para sacar un suplemento vespertino (por la diferencia horaria con Asia) y el tradicional matutino, con ocho enviados especiales a Corea del Sur y Japón. ¡Colosal!
Tres décadas transcurrieron y pareciera que fue ayer. El periodismo cambió. Muchísimo. La era digital marca hoy el camino, brindando sus propias transformaciones, obligando a aggiornarse a la vieja guardia. Pero sin soslayar, porque sería imperdonable, que aquello de La Nación Deportiva fue el comienzo de una revolución que modificó muchas vidas y marcó un estilo. Una manera de sentir y de vivir: televisores a mil, gritos, cantos, alegría, también algún que otro insulto; el rincón Chauncey Billups (ex jugador de la NBA), donde se había armado un arco de básquetbol y se probaban lanzamientos con pelotitas de papel. En definitiva, clima de redacción.
Por aquel 16-4-96. Por este presente fulgurante en todas las plataformas. Son 30 años que no pasaron en vano y se llevan en la piel. Y aunque muchos de aquellos pioneros ya no están y otros ni siquiera llegaron a disfrutarlo, siempre quedarán en la memoria. ¡Salud Deportiva!



