Buenos Aires, 3 octubre (NA) – El diario británico The Guardian defendió la rigurosidad de NAZA, el documental sobre la muerte de civiles durante la ofensiva israelí en Gaza, después de que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) cuestionaran la investigación en la que se apoya la película. El medio aseguró que el trabajo incluyó entrevistas con más de 100 fuentes vinculadas con los sistemas utilizados durante la guerra.
La película, dirigida por los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor y ganadora del Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia, reconstruye el proceso de selección y autorización de objetivos militares a partir de testimonios de integrantes de las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia. Las FDI sostuvieron que el filme contiene “errores sustanciales” y cuestionaron el conocimiento que los entrevistados tenían sobre las decisiones finales de los ataques.
The Guardian, productor del documental, rechazó esas objeciones y señaló que entre los 24 participantes que aparecen en la película existen oficiales y soldados que intervinieron en distintas etapas de la selección de blancos, desde las áreas de inteligencia y operaciones hasta las instancias finales de autorización.
El periódico explicó además que la investigación se desarrolló durante tres años y que los testimonios fueron contrastados con documentos clasificados filtrados y verificaciones detalladas de ataques específicos. En total, los responsables del trabajo entrevistaron a más de un centenar de personas familiarizadas con los sistemas empleados por las FDI en Gaza, incluidos altos mandos relacionados directamente con la autorización de operaciones.
El documental toma su título de NAZA, acrónimo utilizado por la inteligencia israelí para estimar la cantidad de civiles que podrían morir como consecuencia de un ataque. Las FDI sostienen que sus normas distinguen entre militantes y población civil, prohíben atacar deliberadamente a esta última y obligan a tomar medidas destinadas a reducir los daños.
La controversia también tuvo repercusiones dentro de Israel. El ministro de Cultura, Miki Zohar, llegó a plantear que Abraham y Szor fueran privados de la ciudadanía israelí, mientras que familiares de la directora sufrieron protestas frente a su domicilio. Según la información difundida, algunos manifestantes reclamaron incluso la ejecución de la cineasta.
Agencia NA



