Otra vez la Bombonera fue el escenario de una noche amarga. La racha de 17 partidos invicto se rompió en el momento menos deseado: Boca cayó por 1-0 ante Vasco da Gama por la semifinal de ida de la Copa Sudamericana y ahora estará obligado a ganar por dos goles de diferencia el martes en Río de Janeiro (o Asunción) para convertir este paso en falso en un motivo más de motivación para revertir la serie y encaminarse a la gran final del 21 de noviembre, en Barranquilla.
Por sexta vez consecutiva, Boca tropieza de local en un partido determinante. Pasó en el repechaje de la Libertadores 2025 ante Alianza Lima; en el Apertura del año pasado, frente a Independiente, y en el Clausura, contra Racing. Ya en 2026, quedó fuera del Apertura con Huracán, y de la Libertadores ante Universidad Católica. Ahora, la Sudamericana le concede una vida más.

Esta vez, al menos, Boca definirá fuera de casa y la mínima diferencia, pese al flojo nivel de juego, mantiene la serie abierta. Vasco demostró no ser un cuco, pero aprovechó una de las pocas que tuvo y se llevó el premio grande de la Bombonera. Boca jugó acelerado, extrañó la pausa de Leandro Paredes y deberá pensar muy bien cómo encarar la revancha.
Boca jugó un primer tiempo desconocido. Nada tuvo que ver con el equipo aplomado y seguro de los últimos partidos: se apuró, entregó mal la pelota, casi no generó peligro y casi nunca consiguió imponerse. La inclusión de Enner Valencia por Miguel Merentiel tampoco dio el resultado esperado. Ganó peso dentro del área, pero perdió intensidad para presionar arriba, y Vasco encontró demasiadas facilidades para construir desde atrás.

La ausencia de Paredes también se sintió. Arruabarrena eligió reforzar el medio con Williams Alarcón y dejó afuera a Sebastián Villa, pero Boca terminó teniendo más jugadores que juego. Le costó encontrar pases hacia adelante y casi todo quedó reducido a alguna corrida de Leonel Flores, que recibía lejos del área, encaraba y muchas veces ganaba, pero no tenía compañía. Con el 4-4-2, Carlos Palacios terminó desperdiciado a la derecha y tampoco tuvo rebeldía para ser la manija.
Vasco entendió mejor el partido. Sin grandes lujos, fue práctico, ordenado y paciente. Santiago Sosa sostuvo al equipo en la mitad de la cancha y Alan Lescano aportó despliegue y criterio para darle salida. Boca tampoco consiguió lastimar por los costados, una de sus principales armas durante la Copa. Leandro Lozano sufrió con cada desborde de Andrés Gómez y Di Lollo tampoco lograba darle una mano para cerrar ese sector.
Por ahí nació el gol. Gómez lanzó el centro y Adson Ferreira, el más bajito de Vasco, se escabulló entre los centrales para cabecear y vencer a Álvaro Montero.
El 0-1 cambió el clima. La Bombonera empujó y Boca intentó reaccionar, aunque más desde la urgencia que desde el juego. Acumuló centros, córners y pelotas paradas, pero sin inquietar demasiado. Y hasta pudo terminar el primer tiempo con diez: Milton Delgado pisó a Gómez en una acción que daba, como mínimo, para una revisión del chileno Piero Maza.
El envión de Boca en el comienzo del complemento fue mucho más anímico que futbolístico. La hinchada, que antes había reclamado actitud, empezó a empujar y el equipo respondió. Salió más decidido, aceleró el juego y comenzó a disputar cada pelota con otra intensidad. Sin demasiada claridad, pero ya no permitía que Vasco le disputara la pelota y de a poco lo fue arreando contra su área.

El cambio también tuvo un costo. Boca se partió y empezó a dejar espacios, y el partido entró en un ida y vuelta peligroso. Paulo Henrique quedó cara a cara con Montero y definió ancho; en la réplica, Lautaro Blanco envió un centro que terminó estrellándose en el travesaño.
Con el partido abierto, Arruabarrena movió el banco: mandó a Sebastián Villa por Williams Alarcón para sumar desequilibrio por afuera y tratar de aprovechar el impulso. Con Villa, la historia fue otra. Y sin Gómez, también. Porque el jugador más peligroso de Vasco vio la roja de manera infantil: forcejeó con Santiago Ascacibar después de una falta, recibió la amarilla y enseguida, tras un encontronazo con el árbitro, fue expulsado.
Todo lo que Boca no había generado en el partido lo produjo en apenas tres minutos. Ascacibar remató al palo, Villa perdió un mano a mano, Blanco sacó un buscapié que nadie alcanzó a desviar y Valencia cabeceó mal desde buena posición.
No entró y Boca pareció desplomarse. La gente también sintió la impotencia y el partido volvió a la dinámica del arranque, con el equipo entregando el último esfuerzo, aunque ya con poco más para dar que centros cruzados que casi siempre terminaban en la cabeza o la pierna de algún rival.
El resultado corto deja margen para ir en busca de la final fuera de casa, donde Boca construyó gran parte de su mística copera. Eso que este martes no apareció, y que dejó al equipo en problemas en una serie que parecía más accesible.


