Único y casi irrepetible: el primer mate biomoldeado con la cara de Messi se diseñó y cosechó en un campo agroecológico de Cardales, provincia de Buenos Aires. A partir de la exploración de la firma RERERE, un nuevo sello de Grupo Bondi, un equipo multidisciplinario proyectó un homenaje orgánico para el 10. El objetivo inicial fue producir 10 unidades, aunque después de un año, la cosecha arrojó solo un ejemplar. “Es que Messi hay uno solo y la naturaleza lo sabe”, dice Eugenio Gómez Llambí, diseñador industrial, integrante del estudio que ahora está enfocado en desarrollos sustentables.

La plantación de calabazas biomoldeadas del campo La Pebeta es el laboratorio donde se persiguen fundamentos del triple impacto: sin agroquímicos y bajo los principios y el calendario de la agricultura biodinámica. “Nuestro trabajo comienza con un fruto que acompaña la historia de América desde hace siglos”, señala Gómez Llambí sobre la calabaza (Lagenaria siceraria), cultivada por distintos pueblos originarios. Entre ellos, el pueblo Tupí-guaraní, que la incorporó a su vida cotidiana transformándola en recipientes y objetos que acompañaban prácticas domésticas y ceremoniales.
El punto de partida del estudio fue recuperar ese vínculo ancestral con la materia y reinterpretarlo desde una mirada contemporánea. Así arrancó una investigación que ya lleva más de diez años y que derivó en el desarrollo de una técnica propia: el bio-moldeo. La plantación experimental fue testigo de la siembra y el crecimiento del fruto durante meses. Aunque los diseñadores torcieron el destino y le plantearon a la naturaleza un cambio de planes: “Que no siguiera su curso por completo. A medida que la calabaza crecía, incorporamos un sistema de prótesis y moldes que, por partes, restringieron su desarrollo y, por otras, lo dejaron crecer libremente”, explica uno de los autores de la técnica cuyo resultado no podían predecir.

“Ese diálogo entre control y libertad da origen a cuerpos irrepetibles. La piel vegetal se tensa, aparecen pliegues y volúmenes que evocan formas orgánicas, casi humanas. Como un Frankenstein vegetal, pareciera que estuviéramos jugando a crear vida”, expresa.
Al tiempo que el fruto alcanza su tamaño máximo comienza un nuevo proceso. Se seca lentamente, hasta perder toda el agua del interior. Lo que queda es un cuerpo hueco con una dureza similar a la madera.
Cada pieza, entonces, pasa por un proceso artesanal complejo: “Cortamos, lijamos, grabamos y ensamblamos componentes de cobre que funcionan como una extensión artificial del cuerpo vegetal. A partir de esta técnica desarrollamos los primeros mates biomoldeados con botellas de PET de la historia de la humanidad. Son únicos e irrepetibles”, subraya Gómez Llambí. Desde 2008, junto al diseñador industrial Iván López Prystajko, impulsan el universo lúdico y poético de los objetos cotidianos, con su propia mirada.

Grupo Bondi ya había experimentado con los mates biomoldeados. Fue entre 2017 y 2018 cuando desarrollaron el Mate Milagroso –con el rostro del Papa Francisco– en una huerta experimental orgánica de la Facultad de Agronomía UBA. El resultado fue una edición limitada de mates de calabaza a partir de botellas PET que integra la colección permanente del Museo de Arte Moderno. El equipo trabaja en conjunto con la cooperativa El Ceibo, que luego de la cosecha recupera las botellas para reciclarlas.

Los mates viajaron a la Semana de Diseño de Milán y antes, en 2018, participaron de la muestra “La vida es dura, pero no tanto”, en el Museo de Arte Decorativo, con curaduría de Edgardo Giménez. La expo recorrió siete piezas/productos emblemáticos realizados por Grupo Bondi entre 2008 y 2018: la línea Hiperrealismo Concreto, las hieleras con la forma de las Malvinas, los bancos Chori, Hieleras Hielos Argentinos, los Cementosos, los Bancos Chori, el Parrichango, la Silla Plaka y los Mates Milagrosos. Objetos cargados de humor e ironía que invitan a los usuarios a sumarse a la complicidad y descubrir lo que busca Grupo Bondi desde el diseño.


Por otra parte, la investigación material y vegetal rindió otros frutos: la serie Relicario N° 5 de “Naturaleza y Prótesis”, realizada en calabaza biomoldeada y cobre, presenta un detalle: cuenta con dos patas que funcionan como sostén de la pieza. La serie se exhibe en la muestra The Soul of Objects. Artes Aplicadas de América Latina hasta fines de septiembre, en el GRASSI Museum für Angewandte Kunst (Leipzig, Alemania).

“Estamos enfocados en el diseño sustentable. No nos interesa el greenwashing ni las apariencias: apostamos a una nueva manera de producir, junto a un equipo transversal, interdisciplinario, integrado por agrónomos, agricultores y diseñadores”, destaca Gómez Llambí. Instalado en el campo de Cardales, el laboratorio creativo donde siembran y cultivan mates y objetos biomoldeados, el diseñador remata: “Nuestro sueño es crear una industria que tire oxígeno en vez de humo por sus chimeneas”.



