📍 Buenos Aires 26°C ☀️
Cargando pronóstico...
- Publicidad -spot_img
InicioActualidadUn método condenado a naufragar en una industria costosa y sin romanticismos

Un método condenado a naufragar en una industria costosa y sin romanticismos

- Publicidad -spot_img

Hace una década, la palabra “crowdfunding” empezó a tomar fuerza en el ecosistema digital. Básicamente se trata de, para hablar la lengua de Cervantes según el Río de la Plata, “hacer una vaquita”: juntar dinero para llevar adelante un proyecto. O como comprar una acción. Es lo mismo: ponemos capital en algo que aún no existe para que exista, y la comercialización de ese “algo” nos dará algún beneficio o ganancia. Hoy, con el auge (aquí) de los juegos de mesa, la mayoría se genera por crowdfunding: la gente compra un juego aún en prototipo y, cuando entra a producción, recibe un ejemplar con algún extra de diseño.

El sistema es el que Hernán Casciari (ya saben de qué trata esta nota, pues) llevó adelante, más o menos, con su publicación Orsai, que se pagaba antes de publicarse y se imprimía en la cantidad que iba a adquirirse, además de un sistema de distribución maleable que permitía a los compradores hacerse con su copia fácilmente. Como saben, en las últimas semanas estalló un escándalo porque Casciari aplicó el mismo sistema al cine y las cosas salieron muy mal, lo que llevó a un grupo de accionistas a demandarlo penalmente por administración fraudulenta.

Años ha, cuando se estrenó La uruguaya, entrevistamos aquí a Casciari, que ponderaba los beneficios de su sistema. Y había gente que invirtió de buena fe y parecía contenta. Entonces se hablaba de cinco o más proyectos, algunos con intérpretes de alto perfil (uno, La muerte de un comediante, quizás el más caro y ambicioso, fue protagonizado por Diego Peretti). Hoy sabemos que las cosas no funcionaron. No vamos a juzgar directamente a Casciari: si hubo o no un uso non sancto de la recaudación es algo que debe determinar la Justicia. Pero sí podemos decir por qué lo que parecía algo con buenas intenciones (producir audiovisual sin contar necesariamente con subsidios o apoyos del Estado) termina en un naufragio absurdo.

La Muerte de un Comediante

Y el problema consiste en que, como dijo ese gran cirujano de Hollywood que fue el guionista William Goldman en su libro autobiográfico Adventures in the Screen Trade: “nadie sabe nada”. Goldman se ganó un par de Oscar (Butch Cassidy, Todos los hombres del Presidente) y trabajó décadas en Hollywood. El libro explicaba básicamente -y la frase lo resume- que las preferencias del público por un film son inmunes a análisis de mercado, estrategias de marketing o repetición de fórmulas. En estas mismas páginas hemos hablado de grandes (y muchas veces, injustos) fracasos cinematográficos, tropiezos de grandísimas empresas en las que se desvanecieron cientos de millones de dólares. Pasa todo el tiempo.

José Chatruc habló de la denuncia contra Hernán Casciari

Así que el gran problema de plantear un sistema de producción, por más “solidario” y “virtuoso” que parezca, consiste en prometer su éxito. Peor, prometer un retorno de la inversión de X cantidad. Es totalmente imposible saberlo. Y de hecho, por eso es que los proyectos cinematográficos masivos llevan entre tres y cinco (como mínimo) años para concretarse. Escribir una nota, una crónica o un libro implica, físicamente, sentarse frente a una pantalla, redactar y enviar un mail. Se puede hacer de día, de noche, con sol, con lluvia e incluso en alguna pose de yoga, por extravagante que parezca. Es cierto que el tiempo es dinero, pero la gestión de tal capital en el caso de lo escrito es bastante más elástica. Sólo para plantear un problema que suele incrementar costos en la pantalla: el actor sólo puede estar disponible de fecha X a fecha Y, que es justo cuando en la locación encontrada no llueve, y la película requiere tiempo nublado. O hay que preparar de apuro un decorado, o hacer retomas con la fotografía principal terminada. Cada uno de estos contratiempos involucra a mucha gente, mucho tiempo y -por la ecuación descrita ut supra– su equivalente en dólares. Es cierto que hay rodajes muy bien planificados en los que todo esto se reduce al mínimo y caben en presupuesto, pero eso implica un enorme trabajo previo de coordinación y producción que no parece haber estado al alcance de la “utopía casciárica”.

Película Canelones

Pero hay algo más: una cosa es que “nadie sepa nada” y otra que no se pueda -apliquemos más terminología rioplatense- “arrimar el bochín”. Cuando en 1977 Star Wars cambió el cine de aventuras y fantasía familiar y lo enmarcó en un ambiente de ciencia ficción, se inauguró una era en la que el género fue rey (a propósito, recomendable la serie que acaba de estrenar Prime, En busca del futuro, documental sobre la ciencia ficción de los ochenta). Alien y su saga, las continuaciones de Star Wars, Terminator, Depredador y filmes más familiares como Volver al Futuro o Viaje insólito fueron parte del imaginario de entonces. Disney intentó sumarse con Tron y El abismo negro (dos películas más que interesantes) pero su modelo seguía siendo el de la fantasía animada, que estuvo esa década de capa caída. Hasta que entendió que había una nueva generación de adultos que amaba la animación, que ese género había atravesado lo infantil. Y entonces La Sirenita, La Bella y la Bestia, Aladdin y El Rey León cambiaron de nuevo el paisaje. Aunque a veces no funcione, los grandes estudios dedican enorme cantidad de recursos para comprender la demanda del público. Moraleja: si se promete un retorno de la inversión, hay que hacer cine masivo. Para que ese cine masivo funcione o, seamos más precisos, tenga chance, hay que saber qué demanda el público. Nada de esto sucedió con Orsai.

Película La Uruguaya, en base al libro de Pedro Mairal y con guión de Josefina Licitra

Después podemos hablar de cifras e intenciones (que una película con presupuesto inicial de 1,8 millones de dólares pase a dos millones es bastante normal por lo explicado más arriba), y -como se dijo- será la Justicia la que determine responsabilidades. Pero lo que sí queda claro es que se actuó, por lo menos, con irresponsabilidad y algo de arrogancia. Producir cine, en general y salvo que uno realice obras experimentales o filme en modo “guerrilla”, es carísimo.

El negocio, además, es muy incierto y pocas veces es rentable. Hoy la mayoría de los grandes estudios del Hollywood de oro, que producían sin competencia de la TV, Internet o plataformas, son un negocio menor en conglomerados industriales más grandes. Y el dinero no está solamente en la venta de entradas, sino en la de derechos de exhibición. Si alguien quiere poner capital en hacer una película porque quiere que ese film exista, fantástico. Pero si lo que busca es una inversión con un retorno específico, debe saber que es muy difícil que la ganancia exista. Y si vamos a generar un “sistema alternativo”, el riesgo de la inversión debe ser absolutamente claro para quien apuesta su dinero. No alcanza con las ganas y, mucho menos, con la arrogancia del que imagina que, porque le salió un negocio, puede con todo. O, para cerrar con otra locución rioplatense, la chantada de creer que uno “la tiene atada”.

- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
Redes Sociales
16,985FansMe gusta
61,453SeguidoresSeguir
61,453SeguidoresSeguir
2,458SeguidoresSeguir
61,453SuscriptoresSuscribirte
Interesantes
- Publicidad -spot_img
Ultimas Noticias
- Publicidad -spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí