Actualmente hay más de 2000 personas inscriptas en la Dirección Nacional del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (DNRUA). La mayoría expresó su voluntad de que sea un bebé o un niño de menos de un año, una condición menos frecuente que aumentará la espera y postergará la ilusión. El grueso de los chicos que ansía volver a tener una familia tiene más de seis años, muchos integran grupos de hermanos, tienen alguna discapacidad o problemática de salud.
Los datos en nuestro país revelan que, a partir de los seis años, la posibilidad de ser adoptados se reduce a la mitad, empeora desde los nueve y es casi nula desde los 14. Una dramática realidad a la que las convocatorias públicas buscan dar respuesta.
A medida que un niño crece, por tanto, está visto que las probabilidades de que consiga insertarse en una familia disminuyen. A medida que transcurre el tiempo, su capacidad de discernimiento aumenta. En dolorosa proporción, también aumentarán la incertidumbre, el sufrimiento y los sentimientos de abandono y rechazo al demorarse su incorporación a una familia, lo que inevitablemente impactará con fuerza en su desarrollo.
Pasados tres años y medio de la última Copa Mundial de Fútbol, muchos argentinos han venido tachando uno a uno los días hasta el debur argentino, en una expresión del contagioso entusiasmo e impaciencia. Si para tantos fanáticos esperar cuatro años es una eternidad, imaginemos lo que cada día significa para un frágil niño o adolescente a quien le cuesta mantener viva su esperanza de ser adoptado.
Según el último relevamiento de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) y Unicef Argentina, en nuestro país hay alrededor de 2200 niños y adolescentes que esperan ser adoptados, aproximadamente 1600 mayores de seis años. ¿Cuánto deberán esperar para encontrar el calor de una familia si el deseo de adopción mayoritario se limita a un bebé?
En abril pasado se viralizaron las imágenes de la ceremonia de ratificación de la adopción definitiva de Thiago, por parte de Gabriela y José, en el Juzgado de Familia N° 1 de San Luis, con una jueza emocionada que no pudo contener las lágrimas. Días atrás conocimos la historia de Tomás Oropel, decidido a ser papá, quien conoció a Ezequiel en 2021,uno de seis hermanos que venía de un juzgado de Violencia, no de Familia, cuando ya tenía 11 años. El niño había sufrido mucho, además, cuando tres de sus hermanitas resultaron adoptadas juntas por una familia que finalmente no aceptó sumarlo. En 2022, Tomás ya había conseguido su adopción plena. Cuando supo que el mejor amigo de Ezequiel en el hogar, Emanuel, y su hermana habían quedado en convocatoria pública para adopción, Tomás decidió presentarse. Con un corazón enorme, porque a la historia de abandono de ambos se sumaba un retraso madurativo del varón por falta de estímulos, terminó incorporando a su flamante familia también a la niña. En seis años había pasado de vivir solo a convivir con tres adolescentes de 16, 14 y 13 años. Hoy la nueva familia aguarda feliz la sentencia definitiva del último expediente.
La Asociación Civil por los Derechos de Niños, Niñas, Adolescentes y Jóvenes y el Consejo Publicitario Argentino llevan adelante una campaña que busca desarticular los prejuicios y mitos en torno a la adopción de adolescentes, tomando el ejemplo del Mundial y poniendo el acento en lo duro que resulta esperar ser adoptado.
Debemos impulsar un cambio cultural para que más personas se animen a adoptar a niños más grandes, adolescentes y grupos de hermanos. Todos necesitamos el amor de una familia. No dejemos que tantos chicos crezcan solos.


