El 11 de julio, Turín fue escenario de una boda tan exclusiva como esperada. Tras más de dos décadas de amor y tres hijos –George (19), Philip (15) y Edward (13)–, la supermodelo checa Eva Herzigova (53) y el empresario italiano Giorgio Marsiaj (49) sellaron su historia con un emotivo “sí, quiero” rodeados de familiares y amigos.

La pareja se conoció en 2001 de manera inesperada en Varigotti, un pintoresco pueblo de la región de Liguria, donde Eva quedó varada tras la suspensión del tráfico aéreo provocada por los atentados del 11 de septiembre. A partir de aquel encuentro comenzó una relación que logró mantenerse firme a lo largo del tiempo, lejos de los flashes y de los rumores que ocasionalmente los salpicaron.


Se trata de la segunda boda para la modelo, que anteriormente estuvo casada con Tico Torres, baterista de Bon Jovi, en 1996. Los festejos se desarrollaron en tres escenarios emblemáticos de Turín, ciudad natal de Giorgio. La ceremonia religiosa tuvo lugar en la iglesia de San Vito, ubicada en las colinas y decorada con delicadas rosas blancas y salmón, las flores favoritas de la novia.

Más tarde, los novios formalizaron su unión civil en la histórica Sala dei Plebisciti del Palazzo Carignano y, finalmente, celebraron junto a sus invitados con un banquete en Del Cambio, uno de los restaurantes más emblemáticos y tradicionales de Turín, situado junto a la Piazza Carignano. Radiante y emocionada, Eva llegó a la iglesia del brazo de su padre y con un bouquet blanco y perfumado, mientras que Giorgio hizo su entrada unos minutos antes a bordo de un Aston Martin V8 acompañado por sus tres hijos.

La celebración reunió a apenas cincuenta invitados, entre ellos destacadas figuras del mundo de la moda, como las supermodelos Marpessa Hennink, Mariacarla Boscono y Carmen Kass, además del reconocido agente David Brown y la presentadora estadounidense Jill Cooper. Una de las ausencias más comentadas fue la de la supermodelo de los 90 Naomi Campbell.

Como en una postal cinematográfica, una tormenta de verano sorprendió a Eva y Giorgio al salir de la iglesia. Pero, lejos de empañar la celebración, la lluvia se convirtió en el marco perfecto para una jornada cargada de romanticismo. Para su gran día, la novia eligió un vestido de Lanvin, de estética minimalista y contemporánea.






