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Vino de Nápoles y en los 70 su abuelo creó una máquina que rellena, sella y corta la pasta: “Somos la primera fábrica de fideos rellenos”

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“Somos la primera fábrica de pastas dedicada exclusivamente a los fideos rellenos”, confiesa Martín I. D´alessio desde Pastificio Sette Bellezze en el pintoresco barrio de Villa del Parque. En el mostrador, como pequeñas obras de arte, lucen sus creaciones: Rigatton de calabaza y ricotta; Bucunottes de pollo, carne con verdura o caprese y Rigattoni de cuatro quesos, entre otros. “Este lugar es un homenaje a mi abuelo, un inmigrante italiano, que en la década del 70 creó una máquina fideera con moldes de bronce que rellena, sella y corta automáticamente la pasta”, agrega el nieto, quien en el 2019 se animó a abrir las puertas de su propio emprendimiento junto a su mujer Yamila Silva. En cada rincón del local se respira un pedacito de la tierra de sus orígenes.

En 1922, de Nápoles a Buenos Aires

Como tantos inmigrantes italianos, Pedro D´alessio llegó a Argentina con una historia atrás y la necesidad de construir otra adelante. En el año 1922, dejó la comuna de Capaccio, en Salerno, Nápoles y se instaló en Buenos Aires. La ciudad lo recibió con los brazos abiertos: enseguida, el tano se enamoró del tango y de la buena gastronomía. “Le gustaba cantar y tocar la armónica. Al poco tiempo arrancó a trabajar de mecánico en una fábrica de máquinas de pastas. Allí aprendió el oficio y conoció de cerca el funcionamiento de las maquinarias. También hacía trabajos y reparaciones de manera independiente”, dice Martín, mientras reconstruye algunos recuerdos de su abuelo.

En la década del 50, Pedro decidió independizarse y desarrolló su propia creación: una fusilera simple. “Él iba andando con la bicicleta y se lo veía con grandes barras de hierro en el hombro, llevándolas al taller para hacer su primera máquina”, detalla. Tras varias pruebas logró el producto deseado y comenzó a ofrecerla por las fábricas de pastas de Buenos Aires. El éxito fue inmediato. Años más tarde, en la década del 70 se le ocurrió una idea más ambiciosa: crear una máquina que pudiera hacer un fideo trefilado al bronce y, al mismo tiempo, colocarle relleno en su interior. Parecía sencillo decirlo, pero hacerlo fue otra historia. “Durante más de dos años trabajó en errores y modificaciones hasta conseguirlo. Recién la patentó en 1972. Salen un kilo de fideos por minuto. Es decir, en una hora se producen 60 kilos. Para la época fue todo un éxito porque las fábricas de pastas estaban en auge. La vendió por todo Argentina”, agrega. Con el tiempo, sus máquinas D´alessio llegaron más lejos: viajaron a Canadá, España, Estados Unidos y México.

El ritual de los domingos: la pasta casera

Los domingos en la casa de Pedro tenían un ritual que se repetía durante generaciones: la pasta casera. Su hija Susana, quien tiene actualmente 78 años y aún trabaja en la fábrica, lo recuerda con nitidez. “De chiquitita mi abuela siempre amasaba. Nos quedábamos a comer en su casa los domingos. Además, como papá trabajaba con las máquinas de las fábricas de pastas siempre traía algún fideo o cajita de ravioles que le obsequiaban los clientes”, cuenta. La pasta formaba parte de la identidad familiar.

“Llevamos a Italia en la sangre, su cultura, costumbre y, sobre todo, sus recetas”, dice Susana. Martín creció en ese universo. El taller, ubicado en el barrio de Floresta, quedaba justo enfrente de su casa. De chico jugaba entre herramientas, moldes y piezas de metal. “Mi historia comienza en esa fábrica. Allí pasé toda mi infancia. Me apasionaban las herramientas”, recuerda. Con el tiempo, Pedro murió y le pasó su legado a sus hijas: Alicia y Susana. Después también se sumaron sus nietos: Martín y Roberto. La empresa aún continúa en funcionamiento y abastece a fábricas de pastas con sus innovadores productos.

“Me inspiré en el invento de mi abuelo”

En el 2019, Martín decidió honrar aún más a sus orígenes y abrió un nuevo emprendimiento: una fábrica de pastas en un barrio bien italiano Villa del Parque. “Me inspiré en el invento de mi abuelo y se me ocurrió que los fideos rellenos sean los protagonistas”, cuenta. Así nació Pastificio Sette Belleze en Nazarre 3268. El nombre también esconde una bella historia familiar. Es un homenaje a Pasqualino SetteBellezze, una película italiana protagonizada por Giancarlo Giannini, uno de los actores preferidos de Pedro. En italiano significa “Siete Bellezas”, recupera buena parte de sus raíces italianas.

“Somos la primera fábrica de fideos rellenos del mundo”, asegura Martín, entre risas. Primero incorporó algunos rellenos clásicos como pollo y verdura; jamón, ricotta y muzzarella o los de ricotta y queso. Más tarde, dejó volar su imaginación y comenzó a crear sabores más creativos: como hongos de pino y cebollas caramelizadas; ricota, mortadela y pistacho, caprese y salmón rosado. Hay uno, sin embargo, que se convirtió en el favorito: el de carne braseada y parmesano. “La máquina hace fideos de distintas formas y grosores. Esto me permite jugar con el relleno e ir probando diferentes combinaciones. También escucho sugerencias de los clientes”, cuenta. En cuanto a las formas, hay Rigattoni crestado, Rigatton, Bucunotte, Ravioli y Panzotti. Para acompañar ofrecen salsas artesanales: bolognesa, fileto, cuatro quesos, scarparo (con verdeo, jamón y crema) y pesto genovés.

El barrio los recibió con los brazos abiertos. En la inauguración hicieron degustaciones de sabores y fue un éxito absoluto. “Los vecinos y clientes se quedaban encantados con la gran variedad de rellenos que no eran habitual encontrar en una fábrica de pastas. Incluso muchos no habían probado nunca un fideo relleno. Fue muy emocionante”, confiesa Martín. Para él es un orgullo continuar con el legado de su abuelo. “Es muy groso que él haya inventado esta máquina. Me apasioné con los fideos rellenos por su textura. Son algo muy diferente”, concluye frente a la máquina que tantas alegrías le dio a su familia. Enseguida, la pone en funcionamiento y en un minuto sale otra tanta de fideos frescos para sorprender a los habitués del barrio.

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