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A Vélez no le sobró nada ante Gimnasia y Tiro de Salta, pero avanzó a los octavos de final de la Copa Argentina

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Vélez no jugó el mejor de los partidos ante Gimnasia y Tiro de Salta, pero en estos contextos de Copa Argentina, quizás, vale más imponerse que la manera en sí. Eso fue lo más rescatable de su función y los momentos en los que consiguió los goles dicen mucho de lo que debió trabajar la clasificación: por los goles de Dilan Godoy y Diego Valdés, ambos en el final de cada parte, ganó 2-0 en el estadio Ciudad de Caseros y avanzó a los octavos de final.

Para el conjunto velezano no resultaba cómodo el compromiso de este jueves. Por un calendario que se ajustó inoportunamente, en la antesala de una última fecha del Torneo Apertura a la que llegará obligado a ganar como local de Newell’s (el lunes) para intentar recuperar, al menos, algo del terreno perdido días atrás, en los que pasó de ser líder a correr de atrás a Estudiantes y Boca (jugarán dos días antes).

Lo que sucediera en Caseros podía tener conexión directa con la jornada crucial que se avecina, máxime si el resultado era adverso: enfrentaba a un rival de la Primera Nacional y la presión era máxima en medio de días de irregularidad que llegaron después de tanto tiempo invicto. Por lo tanto, una pisada en falso semejante podía derivar, incluso, en un semblante desanimado que amenazara con la caída de un puesto más. De todas formas, la primera eliminatoria en el José Amalfitani no corre riesgo, sí en eventuales instancias posteriores.

La titularidad de Claudio Baeza era pedida por los hinchas, que querían mayor equilibrio en la mitad de la cancha: Vélez dejó espacios, pero no sufrió más que algunas oportunidades de media distancia.

Entonces, era toda una prueba especialmente anímica, con la obligatoriedad de aprobarla. Gimnasia salió a mostrarle los dientes, como es previsible en un equipo que no está tan alejado de la máxima categoría: en el debut, Vélez había eliminado a Deportivo Armenio, de la Primera B, con una cómoda goleada (4-1). En este caso, el equipo de Guillermo Barros Schelotto debía jugar como sabe, pero también estar despierto en los duelos divididos y fuerte en las marcas pegadizas.

Y ser cuidadoso con los espacios que muchas veces se atreven a dejar las ideas ofensivas de los mellizos. Porque después de un primer remate de Rodrigo Aliendro que le permitió lucirse al arquero Joaquín Papaleo, el cotejo se mantuvo parejo. La mayor diferencia estuvo en las triangulaciones del cuadro de Liniers, fluidas como suelen verse en el torneo y empleadas en sendas bandas a un toque; no así la profundidad, la cual le costó un largo rato encontrar.

El equipo salteño, dirigido por Juan Azconzábal, corrió atrás de la pelota cuando se produjeron esas combinaciones, pero su candado estaba tan cerrado que los ataques no sufrían más que eso. Otorgándole la posibilidad de retrucar, por ejemplo, con un remate de media distancia de Lautaro Gordillo, su 9, que solo obligó a Tomás Marchiori a poner firmes las dos manos. Aunque su compañero de ataque Fabricio Rojas, con su energía impuesta desde un físico sin tanta altura pero macizo, fue lo más llamativo del equipo, ganando varios duelos en velocidad.

Hasta que el cero se rompería a través de la fórmula anunciada por el lado velezano. Combinaron Tobías Andrada y Braian Romero por la derecha y el chico lanzó un centro que el propio delantero peinó a lo alto, pelota llovida que no sería problema para la calidad de Manuel Lanzini: la bajó con el pecho y le cedió el gol, en un ‘tomá y hacelo’ a Godoy, que abrió el pie zurdo para colocarla abajo.

Braian Romero tuvo influencia en el primer gol, pero tuvo la oportunidad de ampliar la ventaja mediante un penal y lo derrochó.

En la reanudación, el Albo respondería con un remate esquinado desde la puerta del área de Nicolás Rinaldi que exigió la estirada de Marchiori. Los equipos de los Barros Schelotto, muchas veces, son eso: suspiran por la ventaja; sufren inmediatamente por la relajación. Aunque, evidentemente, es una marca registrada del 10 de Gimnasia y Tiro, que en el segundo tiempo volvió a intentar desde fuera del área, y forzó otro vuelo del arquero, que anoche reemplazó al colombiano Álvaro Montero.

Parecía que, a los 22 minutos, Vélez sellaría la clasificación y transitaría el resto del desarrollo con comodidad. La clara mano abierta de Manuel Guanini, aunque el remate de Lanzini haya dado en primera instancia en un pie del zaguero, le dio a Romero la posibilidad de ampliar la ventaja. Sin embargo, Papaleo daría la nota: lo esperó hasta último momento y, tras el salto previo a ejecutar, se lanzó y atajó el remate con su mano izquierda.

Resultado en suspenso y el Fortín, en medio de una desmejoría futbolística y derrochando una chance clave, se llenó de dudas y empezó a desencontrarse. Aunque al conjunto blanquiceleste parecía quedarle aire solo para luchar más que para poner en peligro el arco de Marchiori.

Entonces, sobre el final, como en el primer tiempo, Vélez acertaría el remate cómodo y sentenciaría la historia: Valdés, que había ingresado a los 43, elaboró la jugada un minuto después, Papaleo le tapó la definición al también ingresado Florián Monzón y el rebote le quedó al chileno, que pateó en el área chica e infló la red.

Más tranquilo, Vélez deberá ganar el lunes por el Apertura y conocer quién será su rival en octavos de final. El primer escollo de estos días, que podía causarle un gran problema, ya se lo sacó de encima: el tiempo le dirá si, en este certamen federal, su rival es Boca o Sarmiento, de Junín.

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