Ante una revolución como la que plantea la inteligencia artificial, todas las decisiones llegan tarde. Se trata de otra pelea que urge dar sin más demoras siguiendo el ejemplo de numerosos países, incorporando distintos niveles de restricción e intervención.
Los hijos avanzan rápido por el sendero de sacar el máximo partido posible de la nueva herramienta, mientras muchos padres todavía miran la escena desde lejos, temerosos al momento de plantearse generar una conversación sobre el tema, sin siquiera poder entender bien el mundo de posibilidades que se abre para ellos, al igual que para sus hijos. De hecho, se calcula que los chicos adoptaron la IA tres veces más rápido que el adulto promedio.
La pediatra Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información de la Sociedad Argentinos de Pediatría (SAP) sintetiza que es en la adolescencia cuando crecen el razonamiento abstracto, la planificación y el pensamiento crítico, lo cual genera una progresiva autonomía. Es clave entonces enseñar a usar la IA para cuidar la privacidad, reconocer errores y sesgos, alertar sobre deep fakes y la peligrosa incorporación de sistemas de apoyo emocional.
El uso de la IA entre los estudiantes está cada día más generalizado y su impacto activa justificadas dudas y temores ligados a la eventual atrofia de la capacidad de pensar, de comprender y de decidir por sí mismos. Una encuesta de Unicef y Unesco de hace un año reveló que más de la mitad de los chicos de 9 a 17 años en la Argentina usan IA, dos de cada tres con fines escolares. PISA, que mostró que “lectores apresurados” evidencian deterioro en sus habilidades, menciona también que el 52% de los estudiantes argentinos de 15 años utiliza IA para sus tareas al menos una vez por semana.
La serie IA en el aula: ¿tu hijo deja de pensar? que lanzó LA NACION promueve el análisis. Siguiendo ejemplos, Singapur integró la IA en su ecosistema educativo, convirtiéndola en una habilidad básica, de manera práctica y lúdica. Corea implementa el aprendizaje basado en IA, proponiendo un uso seguro, responsable y ético que equilibre la capacidad de una máquina con el rol del humano. En Emiratos Árabes, la IA es de uso obligatorio en escuelas desde 2025, pero para cuestionarla y desafiarla. Una guía detallada sobre el uso de IA de 2025 dio lugar a una política nacional con horizonte en 2030 en China, con permisos diferenciados por edad, controles de acceso, reglas de seguridad de datos, revisión ética y supervisión de contenido. Finlandia aprueba la utilización de la IA pedagógicamente justificada, abierta y transparente, en consonancia con objetivos de planes de estudio. Noruega prohíbe la IA hasta que los estudiantes desarrollan competencias como lectura, escritura y cálculo para que no omitan aprendizajes importantes. En Dinamarca, de manera similar, se busca evitar el fraude académico bajo el lema de “Si no lo puedes explicar, no lo escribiste tú”. Y hay más ejemplos.
En la región, Chile, Brasil y Uruguay se ubican como pioneros al optar por conducir el avance de la IA sobre los sistemas educativos para reducir riesgos y optimizar beneficios, utilizándola como apoyo didáctico, restringiéndola en la primera infancia y jerarquizando el trabajo docente.
En la ciudad Buenos Aires la IA ya es un contenido obligatorio con uso progresivo en la escolaridad pública. Tanto en la Provincia de Buenos Aires como en la Capital Federal se brindan jornadas de entrenamiento y capacitación docente sobre uso crítico y estratégico de IA, con un rol en crisis que los convierte en detectives de esa herramienta en el aula, atemorizados y obligados a redefinir sus clases y a revalorizar la oralidad.
Dentro y fuera de las aulas, los espacios que los adultos dejamos vacíos en el diálogo con los jóvenes serán cubiertos por un agente de IA que peligrosamente pueda pasar a funcionar como compañero emocional. Resulta difícil pretender competir con un sistema de respuesta inmediata, todos los días del año y que nunca cuestiona, más bien empatiza. Pero los temas importantes van mucho más allá de una creativa incorporación de la tecnología en el aula, en la que un padre podría estar en inferioridad de condiciones. Cuestiones vinculares, humanas, sociológicas, filosóficas y muchas otras son valiosas puntas para un enriquecedor intercambio generacional que, lejos de quedar limitado a la institución educativa, debe abrirse al ámbito de la familia.



