BRASILIA.– Flavio Bolsonaro llega al balotaje como favorito y con la rampa del Palacio del Planalto a la vista, la que recorren los presidentes brasileños el día en que asumen. El senador de 44 años, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, hoy preso e inhabilitado, obtuvo 47% de los votos válidos en la primera vuelta, con casi el 100% de las urnas contadas, a menos de tres puntos de ganar sin balotaje. Luiz Inácio Lula da Silva, que a los 80 años busca su cuarto mandato, quedó con 45%.
El resultado fue un mazazo para el gobierno. El sábado, Datafolha ponía a Lula adelante por 45% a 42%. El presidente sacó lo que se esperaba. El que creció cinco puntos fue Flavio. El balotaje del 25 de octubre será, en los hechos, una nueva elección, que va a exigir una movilización de ambos candidatos, pero sobre todo de Lula. La historia no lo ayuda: desde que Brasil tiene segunda vuelta presidencial, nunca un resultado fue revertido.
El búnker de campaña de Flavio Bolsonaro, en el acomodado barrio de Lago Sul, en Brasilia, era una fiesta. Seguidores con la camiseta de Brasil se iban acercando al lugar, en medio del silencio de Lula.
El mensaje de las urnas fue, ante todo, un rechazo al gobierno. “En mayor medida es, sin ninguna duda, un castigo al gobierno de Lula”, dijo a LA NACION el politólogo Leandro Consentino, del instituto Insper de San Pablo. “La promesa de la picaña y la cerveza quedó a mitad de camino”, agregó, en alusión al lema con el que Lula prometió en 2022 que los brasileños volverían a comer asado. La adhesión al bolsonarismo, en cambio, “quizás no sea tan fuerte”: es más bien un respaldo a una agenda de derecha, al que se suma el rechazo a un Supremo Tribunal Federal (STF) que parte del electorado identifica con el oficialismo.
El mapa brasileño quedó volcado a la derecha, que amplió su poder en el Senado y ganó 10 de las 19 gobernaciones definidas en primera vuelta, contra tres del PT. Entre otros, Tarcísio de Freitas fue reelecto en San Pablo y el exjuez Sergio Moro, que condenó a Lula en el Lava Jato, se quedó con Paraná. El presidente “no tiene ningún aliado de peso en los estados de gran población”, advirtió Marco Antonio Teixeira, politólogo de la Fundación Getulio Vargas.
La aritmética juega en contra del presidente. Los votantes de Ronaldo Caiado, Augusto Cury, Renan Santos y Romeu Zema están a su derecha y tienen a Flavio como opción “casi natural” para una segunda vuelta, como captaron los sondeos en la previa de la primera vuelta. Lo que le falta a Flavio para subir la rampa “puede sacarlo sin mucho esfuerzo”, calculó Consentino. “Tal vez juegue parado, e incluso evite ir al debate”.
Lula, en cambio, necesitaría casi dos de cada tres votos que fueron a los demás candidatos.
Lula tiene la obligación de sacar otro conejo de la galera, y cuesta imaginar cuál puede ser. Antes del 4 de octubre ya usó el aumento del 15% del Bolsa Familia, la suspensión de las apuestas online, la promesa de incluir de forma gratuita inyecciones para adelgazar en el sistema público de salud y hasta se embarcó en una campaña de desinformación que mezcló la religión contra Flavio. A eso sumó un error: no fue al debate, subestimando a un rival al que veía como un candidato “sin altura”.
Al presidente de Brasil le quedan la votación del fin de la escala laboral 6×1, que quizá ni llegue al recinto, con el Centrão, el bloque de partidos que negocia su apoyo con cada gobierno, olfateando un cambio de ciclo. También, los brasileños percibirán el primer pago del Bolsa Familia reajustado poco antes de votar.
El presidente tiene la oportunidad de atacar la abstención, que rondó el 21%, más de 30 millones de personas, en un intento por movilizar a quienes no votaron “usando el discurso de la amenaza contra la democracia y contra la soberanía”, señaló Consentino. “No hay mucho que esperar”, resumió Teixeira.
Si la derrota se confirma el 25 de octubre, el golpe excederá al presidente. “Es el fin de un ciclo”, dijo Consentino. “Es una derrota para el petismo, pero también para el lulismo”. Y fue tajante sobre la sucesión: “No existe lulismo sin Lula”. Sin su figura unificadora, el PT, “un condominio de tendencias distintas de izquierda”, tendrá dificultades para reinventarse, y a la oposición le esperarían “años en el desierto”, en minoría en el Congreso, al menos hasta las municipales de 2028.
Gane quien gane, el Congreso que emerge del 4 de octubre condiciona al próximo gobierno. “Si Lula es reelecto, va a encontrar un Congreso todavía más arisco”, dijo Teixeira. Si llega Flavio, la prueba será la amnistía a su padre, que podría instalar un choque con el Supremo en las primeras semanas de administración. Consentino cree que le dará prioridad, aunque lo “más inteligente” sería empezar por un acercamiento al Centrão. Y podría evitar la confrontación inmediata: tendrá vacantes para cubrir en el tribunal y puede esperar a “formar una mayoría”.
La ofensiva ya tiene voz. “El papel del Poder Judicial es brindar justicia y generar paz social. Vamos a hacer que vuelva a brindar eso”, dijo Bia Kicis, electa por el Distrito Federal, al dejar el búnker de Bolsonaro la noche del domingo, en una frase que deja abierta la puerta a juicios políticos contra jueces.
El clan Bolsonaro llega reforzado al Senado, la cámara que puede destituirlos: Michelle Bolsonaro fue electa por el Distrito Federal, en la mayor votación de la historia del Distrito Federal, y Carlos Bolsonaro, por Santa Catarina.


