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Jóvenes rugbiers argentinos van a completar su etapa de desarrollo en centros de formación de Francia

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En un abrir y cerrar de ojos, cuando mira a un costado, se topa con varias figuras del rugby mundial. Observa a Romain Ntamack y Thomas Ramos. Escucha a Antoine Dupont, pero más a Santiago Chocobares y a Juan Cruz Mallía. Aún no maneja el francés. El idioma y la cultura lo acercan a sus compatriotas. Bernardo Pucciarello es otro joven que tomó la decisión de emigrar a Europa, específicamente al club Toulouse, en una etapa diferente a la que transita la mayoría de los juveniles argentinos bajo el radar de la Unión Argentina de Rugby (UAR).

Formado en Jockey Club Rosario, el centro fue fichado por el poderoso Stade Toulousain, el club más fuerte de Europa por historia, actualidad, infraestructura y ambición. Su plantel es la base de la selección francesa y se consagró campeón en cinco de las últimas seis realizaciones del Top 14. El de Pucciarello es un caso que se suma a una tendencia de las últimas temporadas: jóvenes argentinos que optan por terminar de desarrollarse en Francia, en un camino inverso al que pretende la propia UAR.

Bernardo, un back de buenas cualidades físicas (1,91 metros y 100 kilos), es el tercer argentino que arribó a Toulouse en los últimos tres años, luego de Efraín Elías (2024) y Tomás Rapetti (2025). Su situación es similar, aunque tiene distintas aristas y el centro está en otra etapa en su formación; Elías y Rapetti ficharon a los 20 años, luego de tres temporadas completas en los Pumitas. Los dos fueron figuras en la selección de menores de 20 años y, además, participaron en dos versiones completas del Súper Rugby Américas con las camisetas de Dogos XV y Pampas, respectivamente. Pucciarello, en cambio, llega al club en el que también militan Chocobares y Mallía con dos años menos de edad y sin esas credenciales; sufrió una lesión antes del que habría sido su primer mundial juvenil y no participó en el torneo continental profesional en el primer semestre de este año (fue invitado a entrenarse con Capibaras XV).

Bernardo Pucciarello en brazos de su papá, Federico, que jugaba en Munster, de Irlanda; abajo su hermano Martino, que hoy vive en Italia.

“Era una idea que tenía desde hacía mucho. Parte de mi familia vive en Italia. Mi mamá es italiana, mi hermano también. Yo venía pensando en irme afuera y mi representante me dijo que había clubes interesados. Cuando me mostraron este club, me convenció”, contó el back nacido en Limerick, Irlanda, en el año 2008, cuando su papá, Federico, jugaba en Munster. “La UAR apunta a que los jugadores de menores de 20 sigan el trayecto de academia, los Pumitas y las franquicias. Yo en su momento había hablado de que iba a irme afuera. Me felicitaron y me dijeron que iban a hablarme para seguir en contacto”, agregó. Su hermano, Martino, representó a Italia en la categoría de menores de 20.

Su caso, y el de otros argentinos que eligen el mismo camino, se debe en buena medida a reglas del rugby francés. Si un jugador completa tres temporadas en el centro de formación de un club antes de cumplir 23 años es calificado como JIFF (Joueurs Issus de la Filière de Formation, o Jugadores Procedentes de la Cantera), ya sin importar la nacionalidad. Como normativa de la liga de Francia, los clubes deben poseer unos 17 jugadores con estatus de JIFF entre los 23 convocados a cada partido a lo largo de la temporada; de lo contrario, son sancionados. La premisa de esta medida implementada en el inicio del cruso 2009/2010 es clara: priorizar a los jugadores formados en Francia por sobre las figuras extranjeras. Esta regla tuvo un efecto positivo a mediano plazo en la selección local, hoy una de las más fuertes del planeta, con un abanico amplio de jugadores que apuntan a que en Australia 2027 Francia gane por primera vez la Copa del Mundo.

Por ese motivo, los extranjeros que tienen estatus de JIFF poseen más oportunidades de ser contratados por clubes que los que no se encuentran en ese rango. Además de los de Toulouse, varios argentinos eligieron ese sendero: Gael Galván arribó a La Rochelle en el 2025 y fue cedido a Agen para la próxima temporada; Álvaro García Iandolino, otro que pasó por los Pumitas, fue contratado por Bayonne y también jugará en préstamo en la segunda categoría, en Biarritz, y en el propio Bayonne se encuentra el ex rugbier de Duendes y Olivos Alejandro Barrios.

Tomás Rapetti llegó a Toulouse en 2025, a los 20 años, y ya integra los Pumas, tras protagonizar el Súper Rugby Américas por Pampas.

Juan Segundo Montilla, nacido en San Juan y formado en Sporting Club Alfiles, emigró a los 14 años en familia a Valencia, donde siguió jugando, y luego fue observado por Clermont, que lo fichó. El talentoso apertura de 19 años, que ya sumó minutos en el Top 14, se consagró bicampeón en la categoría Espoirs, el equipo sub 23. Entre los clubes del Top 14 este año se incorporaron Valentino Pani, de La Rochelle, y Augusto Rimini, promisorio pilar formado en Santiago Lawn Tennis, que ahora está en Pau. En la PRO D2, Valentino Reggiardo, medio-scrum de los Pumitas en el 2026, se incorporó a Agen, cuyo conjunto es entrenado por su papá, Mauricio. Juan José y Benjamín Bergamaschi se desempeñan en Niza, dirigidos por su padre, Emiliano. La misma práctica efectuó Joaquín Oviedo, que desembarcó en Perpignan en el 2021, a los 20 años, y desde 2024 no ocupa uno de los cupos de extranjero. Hoy es una de las figuras del club y uno de los mejores octavos del planeta, miembro de los Pumas.

La UAR observa con recelo esta corriente. En el escenario ideal, la unión pretende formar a sus jugadores hasta los 23 años, con el proceso completo: el desarrollo en los centros de rugby y las academias regionales, la etapa de competencia en los Pumitas y el avance en las franquicias del Súper Rugby Américas o en los Pumas 7s. En su estructura hay un déficit que juega en contra: Argentina no cuenta con una liga profesional anual y el segundo semestre es incómodo para los jugadores del sistema.

Desde la UAR vieron con buenos ojos las oportunidades de Elías y Rapetti, dos de los grandes proyectos del rugby argentino, que completaron el proceso con tres años de antelación, mostraron una madurez impropia de su edad y ya conforman el plantel de los Pumas. Además, Felipe Contepomi tiene una muy buena relación con Ugo Mola, el director de rugby de Toulouse, y el área de alto rendimiento de la UAR está conforme con el método de formación de ese club. No así con las decisiones de Galván y García Iandolino, de quienes pretendía que se quedaran más años en las franquicias locales. Sucede que la entidad está convencida de que los rugbiers locales se forman mejor como jugadores en Argentina que en el exterior.

Juan Segundo Montilla nació en San Juan, emigró a Valencia a los 14 años y ahora, a los 19, ya debutó en el francés Top 14; el apertura es otro buen proyecto en el exterior.

El caso de Pucciarello es disímil al resto. Llega a un club ideal, pero en una etapa diferente en su desarrollo. Es posible que tarde un tiempo en asentarse en el primer equipo. De todos modos, Contepomi mostró flexibilidad para buscar jugadores: Juan Martín Scelzo, el último debutante en los Pumas, se formó exclusivamente en Francia, y Benjamín Grondona, autor del único try en el último partido contra Sudáfrica, prácticamente no jugó el Súper Rugby Américas y emigró joven a Europa.

Me gustaría jugar por Argentina. Pasé todo ahí. Estuve hasta los 18 años, mis amigos están ahí, y el sentimiento, también. Tengo a mi mamá y a mi hermano de Italia y simpatizo por Italia, y también por Irlanda porque nací ahí. Pero yo me siento argentino”, afirma Pucciarello desde Tolosa, su ciudad deportiva adoptiva. Le quedan dos años de edad como para actuar en los Pumitas. El tiempo dirá como terminará su historia.

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