Antes de que Mauricio Macri hablara por teléfono con Karina Milei, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y el titular del bloque de Pro en la Cámara de Diputados, Cristian Ritondo, habían puesto en marcha el operativo para auspiciar un acercamiento entre el expresidente y la máxima autoridad partidaria de La Libertad Avanza (LLA). Santilli y Ritondo persiguen el mismo objetivo: que los libertarios y macristas confluyan en las listas electorales en 2027, sobre todo, en la estratégica provincia de Buenos Aires.
En las charlas previas al diálogo que mantuvieron la hermana del presidente Javier Milei y Macri también participaron Eduardo “Lule” Menem y Fernando de Andreis. Todos coincidieron en la necesidad de explorar una tregua y reactivar los canales de diálogo entre el Presidente y el líder de Pro.
El último contacto se había producido a finales de octubre pasado, cuando Macri visitó a Milei en Olivos. Ese día, en una reunión tensa, el Presidente le contó que Guillermo Francos iba a ser reemplazado por Manuel Adorni en la jefatura de Gabinete. Francos fue el último nexo entre Macri y los hermanos Milei. Y su salida detonó los puentes.
Después del Mundial de fútbol, la política ingresó lentamente en la discusión electoral. Y Ritondo y Santilli decidieron acelerar. Primero, el ministro coordinador le hizo saber a Macri que Karina Milei estaba dispuesta a hablar con él.
La desconfianza domina el vínculo. De hecho, los libertarios dicen que Macri pidió contactarse. Y los macristas afirman que la hermana del Presidente abogó por reunirse. Quienes lo frecuentan sugieren que no quería prestarse a otra reunión o foto improductiva, pero que apostó a auxiliar al Gobierno para apuntalar las expectativas económicas. “Toto [por Luis Caputo] era el que más necesitaba este acercamiento”, dicen en Pro.
En simultáneo, Santilli logró un alto al fuego. Milei dejó de pegarle a Macri o cuestionar el manejo de la economía durante la etapa de Cambiemos en sus últimas apariciones públicas.
El lunes, Macri movió y conversó con Karina Milei. Fue una charla formal, pero que sirvió para habilitar a sus delegados a negociar un esquema para lograr mayor coordinación entre los partidos, un paso previo a una eventual discusión sobre un entendimiento electoral en 2027. Karina Milei, dicen en Pro, abogó por aunar fuerzas para pavimentar el camino a la reelección de su hermano.

Ayer, Macri habló con los tres gobernadores de Pro para anticiparles que había retomado el diálogo con la Casa Rosada. En paralelo, autorizó a Ritondo para que organizara la reunión con Santilli y los Menem. Dispuso que De Andreis, secretario general de Pro y su principal consejero, sería su representante en la mesa. Después de meses en los que exteriorizó sus diferencias con Milei, exhibió un rostro conciliador.
Pese a que amaga hace meses con construir una candidatura nacional, Macri no va a fondo ni piensa apresurarse. En el círculo rojo olfatean que no tiene deseos reales de jugar. En ese marco volvió a dar señales de que está dispuesto a cooperar con Milei y discutir una alianza electoral de cara al año próximo. En concreto, apoya el rumbo económico que trazó el Presidente y procura que su partido colabore de manera activa en la gestión nacional para agilizar reformas estructurales. “Quiere que lo reconozcan; que digan que él inició el cambio en 2015”, sugiere un hombre clave del ala acuerdista de Pro.
En el círculo de confianza de Macri aseguran que el expresidente es cauto sobre el reacercamiento con el Gobierno, aunque reconocen que contempla un acuerdo. Los últimos desencuentros con Milei lo hacen dudar de que las charlas puedan traducirse en resultados concretos. Sus laderos dejaron trascender la idea de que Macri no aceptará más desplantes. Remarcan que podría ser “la última chance”. “Hoy no hay nada concreto y no estamos ansiosos”, dice un dirigente cercano a Macri.
La reunión que mantuvieron los libertarios y macristas esta mañana en la Casa Rosada solo sirvió de preámbulo para negociar los temas más espinosos, como el eventual acompañamiento de Pro a la suspensión de las PASO, una prioridad en la agenda legislativa de LLA que sigue estancada en el Senado, o la posibilidad de lograr un acuerdo para converger en la Capital en 2027.
En Pro asumen que el Gobierno se ve obligado a hacer política después de las turbulencias que sufrió en las últimas semanas. Conjeturan que las secuelas que provocó el caso Adorni en el electorado del oficialismo y el creciente malhumor social por las dificultades económicas, como la pérdida del poder adquisitivo o las disparidades en el nivel de crecimiento, lo empujaron a remozar el vínculo con sus aliados. “Lo de Adorni los hizo casta. La economía no llega a la gente. Salvo que el gobierno mejore mucho, nos van a necesitar”, especulan en Pro.
¿Desaire a Lacunza?
En ese contexto, Macri mantiene vigente la amenaza de jugar en 2027 o deja correr la precandidatura a presidente del economista Hernán Lacunza, quien busca apoyos para construir una alternativa al Gobierno.
“Seguimos adelante; no retrocedemos”, dicen cerca de Lacunza, donde aseguran que su postulación estuvo conversada con el expresidente. Quienes rodean al líder de Pro ratifican que no le pedirá al director ejecutivo de Empiria Consultores que se baje. Tampoco lo alentarán a seguir. “Mauricio ni lo subió ni lo bajó”, grafican en el macrismo.
En rigor, solo le mostró los dientes a la Casa Rosada. Sabe que tiene capacidad de daño: su eventual postulación o su apoyo a un candidato propio pueden complicar las chances de Milei de ser reelecto en 2027. “No vamos a regalar los nueve o diez puntitos que podemos medir”, anticipan en el cuartel del macrismo.
Los acuerdistas de Pro le quitan trascendencia al lanzamiento de Lacunza y creen que el economista quedó desairado tras el diálogo telefónico entre Macri y Karina Milei.
En el núcleo duro de Pro asumen que la presentación de Lacunza provocó la reacción de la Casa Rosada. “La nueva casta tiene miedo. Cada vez que aparecen un menú independiente, nos invitan a comer milanesas; como dicen los chicos: entró la bala”, se jactan.

Tras la cumbre de libertarios y macristas en la sede gubernamental, en Pro admiten que no descartan revisar su posición respecto de la suspensión de las PASO. Hasta ahora dieron señales de que no acompañarán en el Congreso. Pero esperarán a que el Gobierno consiga los votos del peronismo dialoguista o radicales en el Senado, donde naufraga la reforma política de Milei.
En caso de que LLA pida el respaldo de Pro, los macristas exigirán garantías al Gobierno respecto del armado electoral de 2027. No quieren quedarse sin un instrumento para negociar el armado de las listas del año próximo. “Sería como entrar desarmados a la casa de El Padrino”, bromean.
La principal prioridad para el macrismo es blindar la Capital. El líder de Pro requiere conservar el poder en su territorio. Después del duro revés del año pasado, teme que los libertarios le arrebaten su bastión desde 2027. Por eso, quiere encabezar la negociación con el Gobierno.
El enfrentamiento con su primo, Jorge, sigue latente. No le perdona la derrota legislativa de 2025, cuando Pro quedó tercero, y que haya anticipado sus deseos de ser reelecto. También le molestó que se haya apurado a referirse a un acuerdo con LLA. Por eso, deja trascender que podría promocionar a De Andreis como candidato. En Pro no descartan que el Gobierno termine alentando un eventual regreso de Diego Santilli a la Capital.
El jefe porteño cree que él es quien debe negociar los términos y condiciones de un entendimiento con los Milei. Los macristas repiten que su opinión no es relevante para LLA, ya que solo Macri (Mauricio) puede dar garantías de que Pro no plantará un candidato nacional. “En definitiva, Mauricio y Jorge siempre pelean por lo mismo: ¿quién es el Macri más importante?”, grafica un histórico dirigente de Pro.


