Buenos Aires, 18 mayo (NA) – La crisis económica volvió a golpear una de las fibras más sensibles de Mar del Plata: el acceso a la vivienda. Esta vez no fue una denuncia opositora ni un reclamo vecinal, sino el propio sector inmobiliario el que trazó un diagnóstico demoledor sobre alquileres, créditos y poder adquisitivo.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el mercado atraviesa un escenario complejo por la caída del poder adquisitivo, así lo expuso el martillero público Diego del Valle, las crecientes dificultades para alquilar y el deterioro del crédito hipotecario, en una ciudad donde, según afirmó, “cada vez es menos la gente que puede alquilar una propiedad”.
Uno de los datos más crudos aparece en los valores de referencia: hoy un monoambiente arranca entre $500.000 y $600.000, un dos ambientes entre $700.000 y $800.000 y un chalet desde $1 millón para arriba. Con esa estructura, para sostener un alquiler sin desborde el inquilino debería acreditar ingresos que gran parte de la población directamente no puede mostrar.
El mismo referente advirtió, además, que el regreso de los créditos hipotecarios generó expectativas al comienzo, pero perdió fuerza rápidamente. Según su planteo, entre el 80% y el 85% de las escrituras siguen haciéndose en efectivo, lo que vuelve todavía más chico el universo real de quienes pueden comprar una propiedad.
La frase que resumió el cuadro fue también la más brutal: “La gente no tiene plata”. El diagnóstico no solo alcanza a quienes buscan alquilar, sino al pulso general de la ciudad, donde el deterioro de ingresos ya se mete de lleno en el consumo, en la capacidad de sostener un techo y en la vida diaria de miles de familias.
En Mar del Plata, el problema ya no pasa solo por el precio de los alquileres. Lo que quedó expuesto es algo más profundo: una ciudad donde la vivienda empezó a correrse del terreno de lo accesible para entrar de lleno en el de la exclusión.
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