Buenos Aires, 18 mayo (NA) – La crisis del transporte en San Isidro ya dejó de ser una emergencia pasajera para convertirse en un problema estructural del distrito. La parálisis del servicio vinculada a la línea 707 y otros ramales de alcance local y regional ya supera los 25 días y mantiene a miles de usuarios atrapados en una conectividad cada vez más precaria.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, la cobertura publicada sobre el conflicto remarca que la crisis se extiende sobre la 707 de alcance municipal y que, en paralelo, siguen sin resolverse los reclamos de los choferes por salarios adeudados y continuidad laboral.
El problema es especialmente sensible porque no se trata de una línea marginal: la 707 es una pieza central para la movilidad interna de San Isidro, y su caída arrastra efectos sobre trabajadores, estudiantes y vecinos que dependen de ese recorrido para moverse dentro del partido.
A esta altura, el cuadro ya no puede leerse como una simple crisis empresaria. Lo que quedó a la vista es una falla severa en la capacidad de sostener un servicio básico, con usuarios a pie, choferes en incertidumbre y una salida que sigue sin aparecer con claridad.
En San Isidro, la postal es demoledora: un distrito entero obligado a convivir con una red de colectivos semiparalizada, mientras la solución no aparece y el desgaste político crece al mismo ritmo que el malestar en la calle.
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