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Por sospechas de uso de IA, se cae un contrato millonario para publicar una novela policial

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Después de cerrar un acuerdo de dos millones de dólares con el sello Minotaur (del grupo estadounidense Macmillan) para publicar la novela policial Call Me, I’ll Hide the Body [Llámame, esconderé el cuerpo], del escritor nigeriano residente en Estados Unidos Jerry Adedayo Falade, en la que profundiza en las representaciones de la masculinidad negra, los agentes literarios retiraron el original por sospechas de que la novela había sido escrita con herramientas de inteligencia artificial (IA).

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A las seis horas de que surgieran los rumores, perdí oportunidades en Estados Unidos, Reino Unido, traducciones y adaptaciones cinematográficas sin que se me diera la oportunidad de explicar mi proceso de escritura”, escribió el autor en su cuenta de Instagram. También publicó fragmentos de textos y correos electrónicos de 2021 (anteriores a la aparición de ChatGPT) sobre su libro, para demostrar que no había utilizado IA para escribirlo.

Jerry Falade denuncia

Catorce editoriales habían pujado por el debut novelesco de Falade; el plan era publicar la novela en 2028. Había interés en la adaptación audiovisual.

Tras los rumores, que comenzaron una vez cerrado el contrato con Minotaur, la agencia Europa Content difundió un mail que fue publicado por el diario británico The Guardian. “Jerry Falade produjo un manuscrito increíble que nos deslumbró, al igual que a los principales profesionales del mundo editorial -reza el correo electrónico-. Lamentablemente, ya no podemos verificar cómo se desarrolló el manuscrito desde su origen hasta su finalización. Revisamos el manuscrito con Jerry en busca de información sobre IA y confiamos en su afirmación de que se había escrito sin utilizar IA como recurso en el proceso de redacción o edición. Ya no podemos corroborar esa afirmación, por lo que retiramos el libro”.

La subasta de la novela en Estados Unidos había sido gestionada por Marc Gerald, responsable de Europa Content; según él, la novela era “sorprendentemente buena […]. Es un libro que gusta a absolutamente todo el mundo”.

Cuando un editor expresó su preocupación por los indicios de posible uso de herramientas de IA en determinados pasajes del libro, Europa Content respondió que no utilizaría software de detección de IA para analizar el manuscrito, y añadió que Falade había sido “claro y creíble” en su defensa (brindada en un interrogatorio de más de una hora, según reveló el escritor). No obstante, luego de una reunión a finales de julio, se decidió rescindir el contrato con Falade, alegando la “necesidad de tener total confianza”.

El caso de Falade y Mintoaur se asemeja al de Mia Ballard y Hachette, que debió cancelar el lanzamiento de la novela de terror Shy Girl, tras la difusión en internet de sospechas de que la autora había recurrido a la IA, que Ballard negó enfáticamente.

Falade también rechazó las acusaciones y achacó el episodio a los “prejuicios raciales” en el mundo editorial. “Tres autores negros firmaron importantes contratos editoriales este año, pero posteriormente todos vieron sus contratos cancelados o interrumpidos tras las sospechas sobre el uso de IA -dijo-. Parece existir la preocupante suposición de que cuando un escritor negro produce una obra que atrae mucha atención, es imposible que sea suya. Mientras tanto, hay escritores blancos populares que han mencionado públicamente el uso de IA en sus procesos de escritura y siguen teniendo éxito”.

Este año, además de Ballard, la escritora H. M. Wolfe, autora de la novela romántica Daggermouth, se enfrentó a acusaciones similares. Los tres escritores negaron haber utilizado IA.

“En mi caso, empezaron a circular rumores y, en seis horas, mi agencia me despidió, se suspendieron los contratos y se emitieron comunicados de prensa -dijo Falade-. Las herramientas de detección de IA son ampliamente conocidas por generar falsos positivos”. Su novela había pasado el habitual filtro editorial de agentes, lectores, correctores y editores. “Si el manuscrito hubiera mostrado indicios genuinos de haber sido generado por IA, es difícil creer que ninguno de esos profesionales experimentados lo hubiera notado”, remarcó.

Con estos casos, el debate en la industria editorial se orienta hacia la dificultad de probar la autoría de un original. Si bien las obras hechas por completo con IA no tienen derechos de autor, se debate si las “partes humanas” de una obra deberían estar o no protegidas.

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