“Para hacer un chanchuyo, tenés que saber hacerlo y, si te ensuciás por plata, que sea por muchísima. Si no, te van a juzgar dos veces: por corrupto y por idiota”.
La frase me la dijo allá por los 90 un personajón de la política, un “peronista de Perón” devenido entonces en menemista de Alsogaray. Caminábamos por el Salón Azul del Congreso, donde generalmente se vela a quienes fueron presidentes. La ubicación tiene especial sentido en este relato porque, a aquella frase vinculada con hechos de corrupción de la época, le sumó: “Y, si afanás, apurate a gastarla antes de que se aviven, porque acá -dijo señalando el lugar donde se suelen ubicar los féretros- se acabó la joda”.
Era un hombre llano, enemigo de los cincunloquios. Decía lo que le salía de las tripas y delante de quien fuera. Nunca se le probó un chanchuyo, a pesar de que fue un sospechoso a repetición.
Todavía es pronto, dada la “celeridad” con que suele actuar nuestra Justicia, para asegurar con certeza absoluta que Adorni metió la mano en la lata para viajes, para la compra de un departamento con financiamiento del “banco de la tercera edad”, o que le pagó un monto en negro a un contratista para que le arreglara su casa en un country por el doble de dinero que le había costado la vivienda.
Entre esos “toquecitos” por los que habría abonado 245.000 dólares cash figura una pileta, de aproximadamente 10.000 dólares y una cascada que rondaría los 3500. Obviamente, querido lector, que estos montos están muy lejos de los millones y millones que aconsejaba expoliar aquel personajón -y al que muchos le hicieron caso-, pero la negativa del funcionario a aclarar todo públicamente, después de tanto criticar a la casta afanadora, amparándose en que solo les debe explicaciones a los jueces, lo viene minando en su credibilidad como sacapuntas a lápiz de grafito.
“Que tengas una cascada de éxitos”, le deseó Victoria Villarruel en X a un seguidor por su cumpleaños. Aquel rústico personajón tal vez no hubiera entendido la ironía. Los tuiteros que siguen a la vicepresidenta se la festejaron y mucho en las redes sociales.
Una frase bien lograda siempre deja tambaleando al que se la cree. Se lo confirmo, porque lo viví en carne propia. Nunca me voy a olvidar la respuesta que me dio el pediatra de mi hijo recién nacido cuando, pensando en el cuidado de su salud y presumiendo mi lugar de madre responsable en virtud de la edad del crío, le pregunté qué recaudos debía tomar con el acondicionador de aire. A lo que me respondió: “Lávele el filtro una vez por semana”.



