La mariposa “espejitos” pone huevos en plantas del género Passiflora. Son las plantas hospederas. Las aves comen los frutos de estas enredaderas tan prolíficas y, luego de digerirlos, dispersan sus semillas en cada rincón verde en que se posen. Si la planta hospedera está, es sumamente probable que la mariposa también.

Aunque estén más asociadas a encantadores personajes de cuentos de hadas y no a “bichos” que muchos menosprecian, las mariposas son insectos clasificados como Lepidópteros, que se distinguen por la estructura de sus alas. Ellas son membranosas, como las de las libélulas; pero están cubiertas por “escamas”, que son en realidad pelos modificados. Los pelos de los insectos no son como los de los mamíferos. Las escamas no solo les dan la belleza única que tienen, sino que ayudan a regular la temperatura y la humedad, entre otras funciones. La espejitos, cuando abre sus alas –es decir, en su faz dorsal– predominan escamas de color naranja intenso y algunas otras que forman manchas negras. Cuando cierra sus alas –faz ventral– posee escamas nacaradas agrupadas de tal forma que, cuando reciben los rayos del sol, parecen diminutos espejos. Por eso recibieron el nombre común “espejitos”. Parecería que esos reflejos que produce podrían servir para desorientar depredadores. Muy por el contrario, su faz dorsal, naranja y negro, advierte de su toxicidad a animales que saben de códigos de la naturaleza. Rojo, naranja, amarillo combinados con negro significan “¡Peligro!”.

De los huevos nacen mínimas orugas que son máquinas de comer para aumentar su tamaño. Son de colores variables, desde marrón hasta gris, con líneas laterales blancas y anaranjadas. Tienen espinas negras ramificadas que sugieren amenaza, pero son totalmente inofensivas. Luego de aumentar cientos de veces su tamaño y mudar su piel unas cinco, forman la pupa (o crisálida) que parece una hoja seca que pasa desapercibida por completo.

Y allí ocurre la magia: los tejidos de la oruga se licúan y se redistribuyen para dar lugar a un organismo totalmente diferente: la mariposa adulta y alada. Es la única etapa en la que puede volar y está madura para reproducirse.
Una de las cosas más curiosas de estos insectos es la gran especialización para incorporar alimentos. En el estado de oruga (o larva) tiene un aparato masticador, como muchos otros insectos, con mandíbulas y maxilas básicamente. En cambio, la mariposa adulta, luego de la metamorfosis increíble que sufre dentro de la pupa, posee una estructura larga, tipo sorbete: la espiritrompa, que se desenrolla y succiona néctar a través de dos canales fusionados. A veces es tan larga como el cuerpo del animal. Las flores mejor adaptadas para ellas son las tubulares del tipo de las lantanas, glandularias, ambas de la familia Verbenaceae y, en general, de la familia Asteraceae, entre otras.

Cuando se posan en las flores para libar el néctar les quedan pegados en su cuerpo y sus alas granos de polen que llevan sin quererlo hacia la siguiente flor. Son los segundos polinizadores más importantes, después de las abejas.

Sin estos insectos la vida sería radicalmente diferente. Por esto es importante conocerlas: no solo para admirar su belleza, sino para valorar la importancia de su presencia y así mantener un entorno sano y natural.


