En el fútbol se suele decir que el arquero vive en soledad. Sin embargo, por una noche, los profesionales del arco dejaron ese lugar para rodearse de colegas, recuerdos y viejas historias imposibles de entender para cualquier otro jugador. La celebración por los 40 años de Reusch en la Argentina reunió en Buenos Aires a buena parte de la aristocracia del puesto: campeones del mundo, figuras históricas y protagonistas actuales que comparten algo más que reflejos. Comparten una cultura.
El evento fue conducido por dos referentes históricos del arco sudamericano: Sergio Goycochea y el uruguayo Carlos Goyén, hoy directivo de la compañía. Entre ambos le dieron al encuentro un tono distendido, cargado de anécdotas, humor y complicidad futbolera. Porque pocas posiciones generan un sentido de pertenencia tan fuerte como la del arquero.
La marca alemana -hoy con sede central en Bolzano, Italia- organizó un encuentro con clima de reunión familiar. Ahí estuvieron Agustín Marchesín, Luis “Pato” Abondanzieri, Carlos Fernando Navarro Montoya, Luis Islas, Mariano Andújar, Marcelo Barovero, Jorge Seré, Fernando Muslera, Tomás Marchiori, Facundo Cambeses, Fabián Carini, Enzo Noce y el “Chino” Saja, entre otros nombres ligados a décadas de historia bajo los tres palos.

Pero el momento más emotivo de la noche tuvo como protagonista a Nery Pumpido. El arquero campeón del mundo con la selección argentina en México 1986 recibió una réplica de los guantes que utilizó en la final contra Alemania, aquella tarde del 29 de junio en el estadio Azteca en la que el equipo de Carlos Bilardo levantó la Copa del Mundo de la mano de Diego Maradona.
La escena tuvo inevitable sabor a viaje en el tiempo. Pumpido sostuvo los guantes entre las manos mientras repasaba una anécdota que disparó risas y nostalgia entre los presentes. Contó que antes del Mundial había acordado con la marca alemana un premio económico en caso de salir campeón del mundo. La condición era clara: debía levantar la copa usando los guantes de la marca.

“Después me arrepentí por lo poco que había pedido”, contó entre sonrisas, dando a entender algo que en 1986 parecía lógico: pocos creían realmente que aquella selección terminaría conquistando el mundo. El comentario sintetizó el espíritu de otra época del fútbol, menos blindada por contratos millonarios y marketing global.
Las imágenes del encuentro rápidamente circularon en redes sociales y despertaron nostalgia entre hinchas de distintos clubes. No es habitual ver compartiendo una misma mesa a arqueros que representan generaciones, estilos y camisetas tan distintas. Hubo charlas técnicas, recuerdos de vestuarios y bromas inevitables sobre penales, goles sufridos y errores. El humor entre arqueros suele ser particular: nadie entiende mejor un blooper que otro arquero.


